En el día de ayer, la Ministra de Educación y FP se fugó, como todos los políticos que legislan A y hacen B (que son la mayoría), de un Madrid confinado perimetralmente. Además, se justificó chapuceramente mediante una cita médica por un “cólico de riñón” (fuente). A ver, que yo he tenido unos cuantos, y ya os digo desde ya, que lo que haces es acudir al hospital más cercano y no irte a tu médico de cabecera. Menos aún si lo tienes a cientos de kilómetros y el viaje, obliga a que pasen horas antes de poder llegar a él. Que en Madrid, que yo sepa, hay médicos y hospitales. No conozco a nadie que, teniendo un cólico de riñón, no acuda al médico u hospital más cercano. Pero bueno, seguro que hay algunos que justifican la fuga de Celaá, curiosamente en medio de un puente y con Madrid cerrado para salir (salvo cuestiones muy puntuales).

A estas alturas de la película no me sorprende nada. Ni tan solo me sorprende que ayer salieran algunos ciudadanos para cuestionar el cierre de Madrid y no lo hicieran cuando cerraban barrios en los que no residen. Tampoco me sorprende que, ahora los que la montaron en esos primeros barrios, no salieran ayer a la calle cuando también les  cerraban. Es que, vamos a ser claros, uno no sale a la calle para manifestarse contra una medida concreta. Uno sale a la calle para manifestarse contra cualquier medida si la aplican los otros. Cuando la aplican los suyos, a distraerse con Netflix o entrar en las redes a criticar a los que salen del otro signo político. Hay mucho gilipollas en este país. Y, visto lo visto, mucho ser bípedo al que su cerebro no le deja distinguir la realidad más allá de su ideología política. Joder, que hasta hay docentes que van a justificar la escapada de Celaá.

Lo de la fuga de la Ministra no es de ahora. Lleva fugada de la educación desde que asumió la cartera. A lo largo de la pandemia ha estado tomando, al igual que lo ha hecho el Ministro de Sanidad (que, el pobre, tampoco sabe demasiado y ayer le salió su vena dictatorial), medidas contradictorias. Bueno, en el caso de la Ministra no ha llegado a aplicar ni una y, sinceramente, mejor que siga callada porque cada vez que habla la caga. Que siga reuniéndose con sus expertos youtubers, tichers prizes o amiguetes de sujétame el cubata y que, por favor, pase de decir nada más. Incluso acepto pagarle su sueldo e incluso duplicárselo para no hacer nada. A ver, que en este país tenemos a muchos “tocapartes” a los que estamos subvencionando. Que no viene de una persona más. Tenemos una troupe. En educación, también. No solo a nivel de algunos políticos que la gestionan. Por suerte no todos. Al igual que no todas las enfermeras son como las que salen en la televisión y hablan como si supieran de criterios epidemiológicos. Hay muchas que hacen su trabajo. La mayoría. Ídem para el colectivo docente.

Lo bonito de la pandemia es que ha permitido ver las vergüenzas de muchos, descubrir que, dentro de la ciudadanía hay un porcentaje apreciable de personas incapaces de ver más allá de su ideología o, simplemente, que hay algunos gestores de lo público que dan pena. Ya la daban antes pero ahora hay gente muriéndose, alumnos que solo reciben la mitad de clases y campus clausurados por malas políticas de gestión de la pandemia. Eso sí, algunos se pueden ir de puente, a hacer surf o, pasar de ser cajeras (muy respetables) o llevar cuentas de Twitter de un perro, a vender para los demás lo que esas personas no predican con el ejemplo. Y además pueden decidir qué es ser mujer o que es más importante enfrentarse con los enemigos ideológicos a solucionar ciertas cuestiones. Todo es muy líquido y, como siempre se dice… hay algunos que mean y otros a los que les gusta que les meen en la cara.

Volviendo al leitmotiv del post que, al final he redactado yéndome por los cerros de Úbeda… simplemente deciros que en nuestro país hace un par de años que no tenemos Ministra de Educación y que, como siempre sucede, la educación funciona en muchos lugares porque tanto profesorado como alumnado y familias hace que funcione. Y, en algunos lugares, hay gente que la gestiona aceptablemente bien (o no del todo mal). Celáa lleva fugada un par de años y, sinceramente, lo de ahora solo ha sido un hecho puntual más que demuestra que algunos están por encima de las leyes. No solo vive al margen de la ley ese Rey “inviolable” que, a estas alturas de la película, me preocupa bastante menos que muchas otras situaciones que estamos viviendo. Eso sí, siempre es bueno ir tirando de las  típicas cortinas de humo. La pena para algunos es no poder volver a sacar a Franco de la tumba y, para otros, no poder volver a construir Terra Mítica o cargarse de nuevo las Cajas de Ahorros. Eso sí, mejor hablar de los visigodos o de la lista de los Reyes Godos, que ponerse a trabajar en lo que toca a estas alturas. Estamos, aunque algunos aún no se hayan enterado, a diez de octubre de 2020.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

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