No sé si a algunos les falta catadura moral o, simplemente, se aprovechan de lo limitados que son algunos docentes. Ya he dicho en más de una ocasión, que ser docente no te hace ni más listo, ni más guapo, ni más capaz. Eso es algo que se añade, como pátina, a un currículum más o menos potente. Los estudios te hacen mejor y más conocedor en tu profesión pero, por desgracia, no te añaden un plus de discernimiento ni de pensamiento crítico. A ver si os desarrollo lo anterior sin llevarme demasiados capones digitales, ni sin pisar demasiados charcos.

En el ámbito educativo no hay día en el que no nos levantemos con una nueva palabreja. Hay días en los que toca empoderar, otros en los que toca la resiliencia y, finalmente, alguno en los que nos venden determinados conceptos que uno no sabe ni tan solo cómo se escriben. Metodologías activas basadas en un PowerPoint. DUA como concepto para vender la academia que unos trileros se han montado. Visual Thinking para dotar de empaque a algo que se ha hecho desde que tengo uso de razón con unos plastidecors. Es que hasta los putos esquemas de toda la vida se están vendiendo como mapas conceptuales. Y con docentes a chorro comprando palabras de charlatanes que viven muy bien de venderlas. Flipped Learning, Design Thinking y toda una ristra de conceptos vacíos que, con suerte, reproducen en formato guay lo que hacía mi abuelo en su aula unitaria. Es todo muy loco.

MOOC, NOOC e infinidad de pleonasmos para dificultar la comprensión, dotándole de espíritu místico, de ciertas cosas que ya no sabes muy bien qué son. Por cierto, lo triste es que hay más docentes que han escuchado más el concepto de Flipped Classroom que el de pleonasmo. Eso sí, el segundo tiene definición y el primero es solo un producto de mercadotecnia que se ha vendido, hasta que su vendedor ha conseguido sacarse la pasta que quería, muy bien. Las palabras educativas son dinero. Vende más una conferencia de un tipo que habla de humanizar la educación que la de uno que hable de realidades incómodas de aula. Ya no digamos de la de especialistas en determinadas asignaturas. Es que lo de pretender que un pedagogo, un economista o mi vecino del quinto, sabe más acerca de cómo enseñar en una FP de Sanidad que un profesor de esos ciclos o un especialista del ramo, ya es de traca. Lo mismo que creerse que un maestro o profesor de Secundaria sabe del uso de tecnología para poder dar una charla «a nivel pro» sobre una herramienta. Ni los que supuestamente saben, saben tanto como los que trabajan en su diseño o los que hacen pruebas de su implementación. Es que es de cajón. Bueno, debería serlo. Añado, ¿es necesario centrarse en herramientas que ya están caducas al aparecer o sabemos que lo único que añaden es dificultad al proceso de enseñanza-aprendizaje? Creo que ese es otro debate que también debería abrirse. El de si lo que nos venden los charlatanes sirve o, simplemente, es otro pufo tecnológico más.

Esta semana he visto que alguien vende ser neuroeducador como una nueva profesión. La verdad es que estamos creando falsas profesiones relacionadas con la educación por encima de nuestras posibilidades. Desde el momento en que saca más el comisionista que el que vende y compra un determinado producto, ya sabemos que lo más jugoso del mercado educativo es hacer de intermediario. El problema es que en este caso, los que venden conceptos solo hacen de intermediarios de palabrería hueca. Palabrería que, por lo que se ve, se vende muy bien. Solo hay que ver cómo se llenan determinados eventos mientras otros se quedan vacíos. Solo hace falta ver a quién se ha encumbrado como expertos en educación. Solo hace falta quererlo ver.

Todos necesitamos nuestra letanía y nuestra biblia evangelizadora. El problema es que, al menos en mi caso, ni me creo la mayoría de invocaciones mágicas, plagadas de palabrería, que algunos aplauden, otros bailan y un tercer grupo tira avioncitos de papel. Ni, por desgracia, tampoco me gusta ceñirme a una biblia escrita por alguien que, sinceramente, aporta poco más que los que vendían crecepelos a los calvos.

Lo que desprofesionaliza a un docente no es el uso de determinados materiales o herramientas. Lo que le desprofesionaliza es creerse determinados discursos huecos plagados de vaporware. A ver si los timadores van a ser los únicos que son capaces de vender y usar determinadas cosas. Que uno ya lleva muchos años en esto. Lo que pasa es que yo reconozco abiertamente que me estoy cachondeando del concepto y de su uso.

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