Hoy he tenido un curso de formación acerca de las Hololens. Unas gafas de esas de Microsoft que, por lo visto, van a revolucionar la educación. Debo reconocer que hay tecnologías que han revolucionado tanto la educación que, al final ya queda nada para volver a la escritura cuneiforme. ¿Quién no se acuerda del pufo de las Google Glass y de todas sus derivadas? Bueno, muchos porque, siendo sinceros, la tecnología va a un ritmo tan brutal que, por desgracia, es imposible estar a la última. Ni yo, que intento probar todo lo que sale, estoy informado de lo último que va a (re)revolucionar la educación.

Hasta hoy tenía claros los conceptos de realidad aumentada y realidad virtual. La realidad virtual es sumergirnos en un entorno montado totalmente en 3D, mientras que la realidad aumentada consiste en incorporar objetos en 3D al mundo real. El ejemplo más claro de esto último es el juego de Pokémon Go. Sí, eso de ir lanzando bolas como posesos sobre Pikachu y sus amigos, geolocalizados en el mundo real. Y cuando parecía que ya estaba todo inventado, van y nos ponen la realidad mixta.

A ver si lo explico de forma coherente. La realidad mixta consiste en mezclar realidad aumentada y virtual para diseñar un contexto en 3D o permanecer en el real, interactuando con objetos en 3D que pueden, o no, superponerse a objetos reales. Ya, un lío del copón. Un ejemplo sería una operación a corazón abierto en el que, mediante unas gafas de esas de realidad mixta, se pudiera superponer un cuerpo sano para saber por dónde se tiene que pinzar. No sé si me explico. Es que ni yo mismo acabo de tener del todo claro el concepto. Bueno, sí que lo tengo, pero su explicación es bastante líquida.

Fuente: Desconocida

Vayamos a lo que importa… ¿es necesario incorporar esto en la educación? ¿Tiene sentido invertir dinero en gafas de realidad mixta? Es que después de tantos timos del tocomocho como las PDI, las Google Glass que os he mencionado antes o el Prezi, que iba a revolucionar el formato de presentaciones, voy con pies de plomo antes de recomendar nada. Especialmente cuando incorporar ciertas herramientas o tecnologías implicaría formar previamente al alumnado. Sí, por favor. Antes de comprar nada, haced formación y analizad si os interesa. Si lo hacemos al revés, siempre la acabamos cagando. Bueno, casi siempre.

La respuesta la tengo clara: para etapas obligatorias no tiene ningún sentido. Eso sí, le veo una cierta utilidad para realizar ciertas simulaciones que, o bien tienen un alto coste o suponen trabajar con elementos de los que no se puede disponer (a veces no disponemos de determinados motores para estudiar su funcionamiento o suficientes cadáveres para realizar tanatopraxia). Simulaciones que pueden darse tanto en Formación Profesional como en el ámbito universitario. Eso sí, ya os digo yo que el trabajo previo que hay que hacer para generar un entorno inmersivo es brutal. Y se debería liberar horas para poder crearlos porque, por lo que he visto hoy, es intuitivo hasta un cierto punto. Especialmente complejo es iniciarse en su creación.

El problema de este tipo de recursos y herramientas es, quizás, todo lo que debería llevar asociado su uso (formación, formación y más formación). Y, a pesar de que haya puesto solo formación en el paréntesis, también incluyo diseño y planificación de qué hacer con todo lo que estamos incorporando al aula. Un ordenador en el aula sin saber para qué va a usarse ya es un mueble inútil. Y creo que no es difícil de entender.

Nada, un post escrito porque me apetecía escribir. Bueno y contaros las buenas y malas sensaciones personales, siempre subjetivas, de una herramienta más que se incorpora a la educación.

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