Resulta curioso que antes de empezar a redactar el post, una vez decidido el título (sí, soy de los que ponen título antes de empezar a desarrollas mis ideas), he tenido que consultar cómo se escribía veinte mil en cifras o números dígitos. Tengo la costumbre de no usar ningún tipo de punto, porque sé que es lo correcto pero, según la RAE estaba, en parte, equivocado (enlace).

Fuente: https://www.fundeu.es/recomendacion/miles-y-millones-claves-de-escritura/

Mira por dónde ya he aprendido algo en este post. Que los miles, en caso de tener cinco dígitos o más, deben separarse en grupos de tres cifras manteniendo un espacio. Hasta ahora era habitual, al menos en mi caso, usar para ese número de dígitos, o bien la no separación, o bien (sabiendo que era incorrecto) el uso de puntos para facilitar, al menos en el aula a mi alumnado, la captación inmediata del número.

A lo que iba, hoy me han dicho que ya tengo 20 000 seguidores en Twitter, tal y como podéis comprobar en la imagen que os cuelgo a continuación.

Fuente: https://twitter.com/xarxatic

Y lo anterior me lleva a reflexionar acerca de la importancia de la métrica anterior. Por cierto, antes de nada, ¿os habéis fijado que Twitter no respeta a la RAE y pone los 20.000 con punto de separación de los miles, algo que sería incorrecto. Ya no me despisto más, os lo prometo.

A lo que iba. ¿Qué diferencia hay entre tener este número de seguidores o tener un par? O, simplemente, ¿qué diferencia hay entre alguien que no tenga cuenta de Twitter y yo? Yendo a lo profesional, ¿qué diferencia de profesionalidad hay entre alguien que jamás haya entrado en Twitter y tenga cuenta en Tinder conmigo? Pues ya os lo digo yo. Que, posiblemente, la segunda persona pillará cacho. Se liga más por Tinder que por Twitter. Y eso es algo irrefutable científicamente. Va, prometo que ya me centro. Sigo con el tema de la profesionalidad…

¿Voy a ser mejor profesional que alguien que no tenga Twitter o tenga menos -o más- seguidores? Pues no. Voy a ser el mismo buen o mal docente por tener este número de seguidores. Además, como en mi caso no tengo ganas de trincar (salvo que conlleve poco esfuerzo… que a mi edad estoy muy cansado para esforzarme más allá de mi profesión), tampoco es relevante lo anterior.

Ni ligo más. Ni soy mejor docente. Ni me han disminuido las lorzas. Ni me han regalado un viaje a Mallorca. Ni me ha llegado un diploma. Ni una cesta con productos de marca blanca del Mercadona. Es que ni una p… hamburguesa del Burger King. En definitiva, que lo de los seguidores y las métricas de las redes sociales es un fraude.

Seguro que algunos diréis que a nivel de ego me debo sentir henchido de satisfacción. Pues a estas alturas de la película, lo único que me «hincha» de satisfacción son las paellas y la horchata que, en breve voy a retomar. Disfrutar del tiempo con mi familia, ver que están bien y poder disponer del mando a distancia. Mis satisfacciones son más de cosas tangibles que de números intangibles. Soy así de raro.

¿Me hace ilusión haber llegado a este número de seguidores en Twitter, tener millones de lectores en el blog o haber, en los últimos tiempos, recibido casi doscientas mil visitas en una publicación de otra red social? No os voy a negar que un poco pero, como os he dicho antes, a mí me ilusiona más que se reproduzcan los peces que tengo en la pecera del comedor.

Disfrutad del último día de vacaciones (los que aún las tenéis y empezáis mañana). Pensad que a mí todavía me queda una semana larga para disfrutarlas. Sí, lo sé, soy muy mala persona pero, no os preocupéis, no siento envidia por vuestra vocación desde mi estructura genética plagada de genes vacacionales. Saludines.

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