Cinco errores habituales de los equipos directivos al usar la IA
Esta mañana he publicado, a una hora en la que todavía no habían puesto las carreteras, un artículo acerca de cómo puede ayudar la IA a un equipo directivo (enlace) y, por desgracia, el conocer «demasiada» gente que se dedica a la docencia que tienen mi teléfono, ha hecho que me llamara esta tarde el director de un centro educativo para preguntarme algunas cosas acerca del uso de IA. Algunas dudas que tenía acerca de cómo usar algunos de los prompts que he pasado y qué cosas podía hacer para mejorar la gestión de ciertas cosas de su centro educativo.
Y, como soy de esos que me apetece compartir por aquí cosillas, habiendo perdido permiso para publicar parte de esa conversación, voy a poneros cinco errores habituales que le he dicho que era habitual que se cometieran, por parte de equipos directivos, al usar la IA. Así pues, lo comparto con vosotros por si os puede ser de interés. E insistiendo, como siempre que hablo de la IA, que no dejo de ser un friki al que le gusta trastear determinadas herramientas por algún error genético de esos indetectables. Ni experto ni leches. Un simple usuario que pruebo cosas y aplico el ensayo-error. Así pues, voy a ello…
Primero un inciso. La inteligencia artificial ha llegado a los centros educativos con la misma etiqueta que todo lo nuevo en educación… «esto nos va a ahorrar tiempo». Y ahí empieza el problema. Porque cuando una herramienta entra solo para ahorrar tiempo, suele acabar quitando criterio. No siempre, pero más veces de las que se reconoce. Una vez dicho esto, estos son cinco errores que empiezan a verse con demasiada frecuencia en equipos directivos que quieren subirse al tren sin mirar si hay vía.
El primer gran error es usar la IA para confirmar decisiones ya tomadas. La decisión está tomada antes de abrir la herramienta. La IA solo se utiliza para redactar un informe que la justifique, adornarla con lenguaje técnico o darle una pátina de objetividad. No se le pide que analice, se le pide que confirme. Así no se mejora la gestión. Se maquilla. Cuando la IA se usa solo para reforzar la intuición propia, deja de ser una ayuda y se convierte en un altavoz elegante del sesgo de siempre. Más rápido, sí. Más correcto, quizá. Más justo, no necesariamente.
Otro es confundir rapidez con mejora. Pensar que porque ahora se hacen documentos en la mitad de tiempo, la gestión ha mejorado. No. Simplemente se producen más documentos. A veces incluso peores, porque no han pasado por el filtro de la reflexión. La IA puede ayudarte a redactar un plan en minutos. Pero si no te obliga a pensar mejor qué problema quieres resolver, ese plan será tan irrelevante como lo que hacías antes, solo que mejor escrito. Ganar tiempo no sirve de nada si no se gana calidad.
Un tema que también es recurrente es delegar el pensamiento estratégico a la herramienta. No sucede solo con la IA. Hay una línea muy fina entre usar la IA para ordenar información y esperar que piense por ti. Y algunos equipos la cruzan sin darse cuenta. Se le pide que proponga soluciones, que marque prioridades, que decida escenarios… sin contrastar nada con la realidad del centro. La IA no conoce tu claustro. No sabe quién está agotado. No entiende las dinámicas humanas. Si se convierte en el cerebro del equipo directivo, el problema no es tecnológico. Es de liderazgo.
Por cierto, jamás debéis usarla sin una pregunta clara. Este error es muy común. Se lanza información desordenada a la herramienta y luego se concluye que «esto no sirve para nada». Claro que no sirve. Tampoco sirve una reunión sin objetivo ni una memoria sin propósito. La IA responde tan bien como la pregunta que recibe. Si no sabes qué quieres analizar, qué decisión quieres tomar o qué problema quieres entender, la respuesta será ruido bien redactado. La herramienta no falla. Falla la falta de foco. O más bien, la falta de pregunta.
Y, finalmente, el último error de los que me han venido a la cabeza durante la conversación, ha sido el olvidar que los datos no son neutros. No todos los datos cuentan la misma historia. No todos los indicadores reflejan lo que importa. Y no todo lo medible es relevante. Usar IA con datos educativos sin contexto puede llevar a conclusiones peligrosamente simplistas. La IA no sabe qué hay detrás de un número. Eso sigue siendo responsabilidad del equipo directivo.
La IA no manda. Nunca debería hacerlo. Eso, por suerte, sigue siendo cosa nuestra. En el caso de los equipos directivos… cosa vuestra. Sois muy importantes para el buen funcionamiento del centro y vuestras decisiones afectan, aunque en ocasiones no queráis reconocerlo, mucho más que la de cualquiera de los docentes de vuestro claustro.
Finalmente deciros que hoy he escrito dos artículos (especialmente este) por dos motivos: uno que pensaba que podría resultaros de interés pero, el segundo motivo es mucho más personal… escribir me relaja y me había bloqueado en un tema laboral.
Podéis descargaros mi último libro en formato digital, TORREZNO 3PO: un alien en educación, desde aquí.
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Excelente artículo!!! Me ayudó a pensar y revisar la prácticas de mi equipo!! Gracias Jordi