Lo siento. No contéis conmigo para hacer caza de brujas a docentes por lo que decís que dicen o fotografías que habéis tomado en el aula que, ni se sabe a quién pertenecen, ni el contexto en el cual se están haciendo ciertas cosas. Peco muy poco de corporativista. Los que me conocen más allá de las redes sociales saben que no me callo y que, más que nadie, puedo ser alguien a quien se le vayan una cantidad de exabruptos, limitados por la edad, al defender ciertas posturas. Pero, más allá de lo anterior, me parece feo lo que está pasando en las redes sociales. Especialmente en Twitter. Una red que solo sirve para que cuatro mierdas difundan sesgadamente ciertas cosas. A ver, que uno puede criticar qué representan ciertos personajes e incluso ponerse a despotricar acerca de los deberes (a favor o en contra), de las evaluaciones o del cipote del David de Miguel Ángel. Otra cuestión es lo que está pasando en los últimos tiempos.

He sido y soy de los más críticos con mi colectivo. Bueno, creo muy poco en el colectivo y sí en que hay un grupo de profesionales que, de la mejor forma que saben, intentan dar clase. ¿Os imagináis que yo fuera cogiendo conversaciones que hablamos en la hora del patio y la fuera publicando por las redes sociales? ¿Os imagináis que pusiera de vuelta y media todas las conversaciones que, en clave privada, se tienen conmigo? ¿Os imagináis que me dedicara a perseguir qué hacen mis compañeros por todo el centro para publicarlo en las redes? Joder, a qué nivel estamos llegando. Y repito, otra cuestión es oponerse a ciertas cosas o hablar de la hipocresía de ciertas cuestiones a nivel global porque, como bien sabéis, nunca he tenido pelos en la lengua. Añado, mis críticas son siempre, aunque duras -demasiado, en ocasiones, según me dicen-, referidas al hecho global o a lo que representan ciertas actuaciones y/o personajes.

Estoy a favor de dotar de máxima transparencia a los centros educativos. Incluso puedo publicar en abierto qué hago en mi aula. Lo que jamás voy a publicar, y menos habiendo cogido experiencia y respeto por mi alumnado y mis compañeros, es nada que se dé en el contexto laboral más privado. Por cierto, seguro que ahora sale alguien diciendo que pongo a parir a determinadas personas en Twitter que, curiosamente, son docentes o parte de la comunidad educativa. Pues sí. Los estoy poniendo a parir por los argumentos que defienden y abrir el huevo de personalizar la crítica hace que ellos también deban estar sometidos a ese escrutinio que tanto les mola hacer de sus compañeros.

No se debería publicar en Twitter cuántos docentes del centro de uno son guays, ni insinuar que mandan muchos/pocos deberes, dan ABP o se columpian en bolas en el árbol del patio. Lo último, por cierto, es delito. Lo que debería cuestionarse en las redes es el chupiguayismo, el retrogradismo, el reaccionarismo o cualquier «ismo» que se os ocurra. Conversar en las redes sociales hace que lo privado, salvo que sea de forma privada, pase a ser público. Algo que abre muchas puertas. Puertas que un docente en una conversación privada o en una actuación pedagógica no abre. Ojo, si alguien hace algo mal en su aula hay sistemas para quejarse de ello más allá del sometimiento al escarnio público de las redes. El problema es que, en lugar de quejarse donde toca, la práctica totalidad de «criticadores» se quedan en la crítica en las redes sociales.

No es que las redes sociales se hayan convertido en una mierda. Es que hay demasiados (…) pululando por las redes sociales discurseando o difundiendo cosas que, por desgracia, deberían solucionarse y debatirse en otro sitio. Yo es que ya…

Añado que el post puede aplicarse al ámbito educativo o a cualquier contexto laboral porque, leyendo ciertas cosas, veo que, por ejemplo, los sanitarios no nos van a la zaga. 🙁