Una reflexión muy personal acerca de los libros relacionados con la educación

En primer lugar me gustaría aclarar que, tal y como he dicho en el título de este post, aprovechando que hoy es el Día Internacional del Libro (y mi santo por si queréis felicitarme por aquí o por la red del pajarito), se trata de unas líneas muy personales e intransferibles acerca de mi opinión de los libros que se están vendiendo relacionados con la educación. No pretendo sentar cátedra, ni mucho menos que compartáis mis reflexiones. Insisto… se trata de mi visión.

Hoy me gustaría hablar de libros. De libros relacionados con la educación. De libros que, a peso, están desembarcando en las librerías (en formato analógico o digital). La verdad es que si uno se pone a consultar la lista de libros de esta temática, nos encontramos con una cantidad cada vez más ingente de personas que están escribiendo cosas. Entre los que humanizan la educación contando anécdotas, los que publican sus tuits en formato libro o, simplemente aquellos que, en su momento y en el futuro, vamos a perpetrar literatura mierder hablando de educación, estamos publicando cosas por encima de nuestras posibilidades. ¿Cómo era eso? ¿Planta un árbol, ten un hijo y escribe un libro? Pues creo que más de uno, relacionado con la educación, se ha puesto a hacer lo último.

No es malo escribir libros. No es malo intentar venderlos. No es malo ponerles nombres rimbombantes. No es malo tampoco fabular acerca de cosas que no se tiene ni idea pero, para todos aquellos que estáis leyendo ciertas cosas, ¿os está aportando algo? ¿Os aporta algo leer un panfleto mal escrito de alguien que no dice nada que os pueda servir? ¿No os apetecería más poneros a leer novela para disfrutar en lugar de disertaciones de tipos y tipas que, al final, lo único que acaban es dando vueltas sobre lo mismo? Joder, que hasta un inútil como yo he escrito dos libros sobre educación. Con quince mil descargas el primero. Y, aunque fueran gratuitas, seguramente que un millar de personas perdieron el tiempo leyendo ciento y pico hojas de chorrradas. De un refrito de lo que escribo en el blog. Si ya escribo de forma limitada aquí, para leerme más que un simple post…

Hay libros sobre educación que valen la pena. Con una estadística, hecha por mí, sin ningún valor (al igual que los estudios del CIS), creo que de cada cien libros que se publican sobre educación, puede haber como máximo cinco que sean aprovechables. Y ya cuando lees en el título “mi experiencia con…” o “el método X que va a revolucionar la educación” sabes perfectamente que son libros totalmente prescindibles en tu librería. O ya directamente que no vale la pena ni comprarlos en digital. Yendo aún más lejos, olvidaos de bajaros una versión pirata de los mismos. Son innecesarios salvo que uno tenga mucho tiempo o su mesita esté presidida por la biografía de Belén Esteban. Un libro que, por cierto, fue de los más vendidos en su momento. Un síntoma de muchas cosas.

Mil veces mejor 50 Sombras de Grey, La Biblia, El Corán, los pensamientos del Dalai Lama, El Capital e incluso Mein Kampf, que la mayoría de bodrios de literatura educativa que podéis encontrar. Por cierto, si se trata de un libro colaborativo en el que participan los amiguetes, ya podéis prescindir del mismo.

¿Nos estás diciendo que no compremos libros sobre educación? Pues no. Simplemente estoy diciendo que es mucho mejor escribir chorradas sobre educación, como hago yo en este blog o hice en mis libros, que leerlas. Salvo, claro está, que tengas la suerte de encontrarte con esos libros que sí que valen la pena o, simplemente, seas profesor de Lengua y debas decir a tu alumnado cómo no se escribe un libro.

Hoy, adaptando las palabras que dice un tipo simpático en su vídeo cada mañana… “a comprar libros”. Y si puede ser de algo interesante que, aunque no sea una novedad, os permita disfrutar de la lectura muchísimo mejor. Algunos ya solo queremos disfrutar. Lo de sufrir se lo dejamos para los que, en lugar del cilicio, prefieran algo más light. Como, por ejemplo, un libro sobre neuroeducación.

En nada es finde. Y acordaos de felicitarme. Que os sale gratis.

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