Los docentes, hartos de sodomizaciones masivas por parte de medios y gurús educativos, necesitan con urgencia un post como éste que, aunque no sirva para sustituir la dosis de vaselina -actualmente sustituida por gel hidroalcohólico de diferentes olores y texturas- a la que se hallan habituados, permita echarse, como mínimo, unas risas. Eso sí, follar van a follar lo mismo si leen este post que sin leerlo. Es lo que tiene saber que, al final, uno tiene mayor cantidad de fornicio por vello que por vellocino. Y creo que, al menos para el sector adulto y culto, no es necesario llevar la explicación un paso más allá. Si tuviera que hacerlo sería porque, por motivos ignotos, habéis llegado a la docencia. A ver que uno llega donde puede o le pueden meter. Que lo del esfuerzo y los techos de cristal que se rompen, solo son utopías que cuatro rojos trasnochados o caciques, de título en el Harvard by Despeñaperros, se empeñan en mediatizar.

Pero vamos a ser serios y vamos a hablar del meter y del sacar. De esas palabras que, al final, acaban ruborizando a más de uno. De esos orgasmos inducidos en el momento en el que algún docente, por motivos de hipnosis prenatal, oye la palabra clave que, por hache o por be, hace de gatillo de sus emociones contenidas, provocando un silencioso corrimiento más o menos visible.

Hay docentes que mojan oyendo conceptos como ABP (“aprende bobo a parrandear”), Flipped Eggs (o Melons, según orientación sexual) o pasándose la última peli porno, hecha TED Talk, de ese que la espicho hace poco. La escuela mata la creatividad. Bueno, no sé si mata la creatividad, pero lo de echar un polvo en el despacho de las directivas de los centros es de esos conceptos libidinosos que siempre se comentan alrededor de la máquina del café. Eso sí, ahora con la mascarilla es mucho más fácil. Se disimula más el bigote y la papada. Ventajas erótico pandémicas. Es que ahora no folla quien puede. Ahora folla el que tosa menos, lleve una mascarilla más molona y sus lorzas, después de un verano choricero, se hayan distribuido más estratégicamente. Qué demonios. Hoy en día se folla, por suerte, con lorzas o sin ellas. Salvo, claro está, que vayas de cultureta demodé y te dediques, si eres docente de Literatura, a hablar de Galdós en tu primera cita. Lo de las citas, para buscar el príncipe o la princesa multicolor, entre docentes es algo muy poco recomendable. A ver si, como dicen, te tienes que quedar con el cerdo por un simple rabo.

Hoy han empezado las clases. Seguro que más de un “profesioná de la dosensia” ya ha echado el ojo a la persona que va a sustituir su visionado de vídeos diarios. Seguro que, más de los que nos pensamos, están pensando en lo que les molaría tener un Claustro plagado de sinchanes y sinchanas. Mucho más que ponerse la vacuna, entre raja y aire, que les van a obligar a poner dentro de nada. Seguro que, en un día tan potente como hoy en muchas Comunidades, con el primer almuerzo de bocata aceitoso, lomo rehogado en aceite y proyectos de dieta, más de un docente ya tiene en la cabeza su objetivo para este curso que empieza. No, no va a ser precisamente el que sus alumnos aprendan. Eso sí, si sus alumnos aprenden y el de “gimnasia” o la de “francés” se dejan hacer un favor, ya darán el curso por bueno. O, quizás no porque, como dice alguno, el curso nunca puede ser completo sin hacer un curso del INTEF. Es lo que tiene el vicio. Y los docentes, como seres humanos, son igual de viciosos que el resto.

En el post hay mucho más que sexo. Eso sí, como todos sabéis, si hubiera titulado el post “Un post para docentes” y no hubiera dicho “guarreridas sexuales” no lo hubierais visitado tanto 😉

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Acerca del Autor

Jordi Martí

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