Dicen que el fuego causa expiación de todos los pecados. A diferencia de los míos, que prefiero conservarlos durante mucho tiempo, a pesar de que estos dos días, por culpa de este polvo en el ambiente (¡qué poco me gustan los polvos ambientales!), tenga que estar recluido por mis problemas pulmonares en casa, hay otras cosas que sí que me gustaría ver arder estas Fallas. Reconozco que me da pena ver arder obras de arte, realizadas por unos artistas del copón, aunque la tradición mande su quema. Y no, no soy fallero. Eso sí, me gusta el ambiente. Como todo ambiente festivo. No todo va a ser padecer en esta vida.

¿Qué me gustaría ver arder estas Fallas? Pues me gustaría ver arder todas las Consejerías de Educación (sin nadie dentro, claro está), todos los macrocentros educativos y los barrios que hacen que, por desgracia, cada vez haya más brecha social en todos los municipios de un determinado tamaño. Aprovechando, también me gustaría ver arder la LOMLOE, las copias fotocopiadas de leyes anteriores que estén por ahí, los disquetes de aplicaciones que jamás fueron más útiles que para perder el tiempo, las ideas brillantes de más de uno y miles de libros de autoayuda educativa. Lo sé. Quemar libros es mal. Pero ya puestos, voy a ser el mal en este artículo. El pirómano sin escrúpulos que, alejado del veganismo y amante de la carne muy roja, se dedica a flambear a diestro y siniestro. Siempre, claro está, sin afectar a persona ninguna. A las personas siempre voy a respetarlas. A todas. Incluso al Cambray. Otro tema es el respeto a sus ideas o propuestas.

Me encantaría ver rescoldos después de una noche de fogatas interminables. Desearía un renacer de un fénix que ya está, por desgracia, demasiado machucho para hacer el bien. Ya puestos me cargaría todo el modelo social en su conjunto aunque, al precio que va la gasolina, tengo que restringirme a mi ámbito más cercano. Y como la paella dominical no voy a tocarla, ni voy a ponerla en peligro, lo más cercano son los cachivaches educativos.

Una pira con ordenadores con Lliurex por aquí, otra con licencias de Windows por allí, unos «pens» al lado del laboratorio de física y química, unas PDI para calentarnos en la verbena,… es que hay tanto para quemar en educación. Hay tanto póster del día de la Paz, del no a la guerra, de la defensa de las cucarachas del Amazonas, del cambio climático (lo de hacer pósters para criticar el cambio climático se las trae),… Papeles inútiles a tutiplén. Informes de atención individualizada que no sirven de nada, rúbricas que lo único que hacen es complicar la evaluación, millones de proyectos realizados para no se sabe qué, y así hasta un largo etcétera de material inflamable. Bueno, inflamable con ganas y un mechero.

No me hagáis mucho caso. No me encuentro bien. He conseguido toser solo una docena de veces mientras escribía esto. Además, por suerte, con las ventanas cerradas, estoy consiguiendo respirar a medio gas. Que ya es mucho visto lo de ayer.

Hoy es el último día de clase en mi municipio antes de Fallas. A ver si el tiempo respeta a los que les gustan estas cosas porque, como os he dicho al principio, siempre es mejor pasarlo bien que mal. Y después de estos años malos creo que toca volver a sonreír. A ver si no. Un abrazo a todos los que os pasáis por aquí. Sí, incluso a los que os pasáis por aquí para ponerme a parir. Bien que hacéis. Eso sí, después de lo que he escrito hoy, a ver quién pone pasta para el crowdfunding para el psicólogo. Tanto fuego, tanto fuego,…

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