¿Por qué los dos libros de la zona gris de la administración educativa deberán esperar?
Quienes me leéis por aquí de forma habitual sabéis perfectamente que no soy de los que se muerden la lengua. El contador de visitas de este blog echa humo, los hilos de X se viralizan y tengo las mismas ganas como las del primer día en el que me puse en la diana. Sin embargo, necesito hacer una pausa, guardarme cosas para mí y compartir con vosotros una reflexión estrictamente personal que creo que os debo.
Llevo meses recibiendo correos y mensajes privados preguntándome por el libro. Sí, ese manuscrito que ya está completamente redactado y terminado, donde narro con pelos, señales y nombres propios mi paso por la zona gris de la administración educativa, concretamente en la época en la que el Botànic (PSPV y Compromís) gestionaba la Conselleria. El libro está ahí, guardado en un archivo de mi ordenador, listo para ir a imprenta. Pero hoy os tengo que decir, con una honestidad brutal que me cuesta horrores escupir, que no va a ver la luz por ahora.
Y antes de que algunos empiecen a frotarse las manos pensando que me he acojonado, se lo aclaro rápido… no es por miedo a las consecuencias. Me la sudan olímpicamente sus posibles demandas, sus presiones o sus campañas de cancelación digital. A mí no me compra nadie y mi plaza de funcionario, conseguida en justa lid, me da una libertad que ellos no tienen. El motivo es mucho más jodido, íntimo y descarnado. Estoy exhausto. Psicológicamente reventado. Andar metido en la gestión de las cosas te drena por dentro y ahora mismo, simplemente, no tengo las fuerzas necesarias para volver a bucear en la mierda que viví.
Gestionar la educación pública desde dentro, rodeado de comisarios que miran antes el carné de afiliado o la lealtad ciega a las siglas que el beneficio del alumnado, te deja unas secuelas que no se curan de forma rápida. Este manuscrito en el cajón iba a ser solo la primera parte de la historia de terror de la burocracia educativa. De hecho, para que nadie se equivoque de trinchera, ya tengo completamente esbozado y estructurado el boceto de la segunda parte. Me estoy refiriendo a la de los últimos años en los que he estado bregando con la administración del PP.
Así que los de la acera de enfrente tampoco pueden confiarse, ni frotarse las manos, ni respirar aliviados. Nadie se va a ir de rositas. La incompetencia de despacho no entiende de colores políticos. Pero escribir, corregir y revivir todo eso ha sido como reabrir una cicatriz infectada. Cada capítulo me obligaba a recordar las llamadas a deshoras, el cinismo de los que se decían amigos mientras te preparaban la puñalada trapera y la frustración de ver cómo se legisla de oído mientras los centros educativos se caen a pedazos. El material es tan real y tan duro que publicarlo ahora mismo implicaría abrir un frente de batalla mediático y digital para el que, sinceramente, mis reservas psicológicas están bajo mínimos.
¿Andan perdidos los que creen que la salud mental de un docente es de piedra? Por supuesto. El día a día en la zona gris de la administración educativa -y en los propios centros- ya exige un desgaste mental titánico. Si a eso le sumo el circo que supondría lanzar el libro y tener que aguantar las réplicas cínicas de los que saldrían a defender su gestión de escaparate, el bofetón emocional me mandaría directo al hospital. No me da la gana regalarles mi salud.
Para revivir el fango de los despachos y defender las verdades como puños que hay escritas en esas páginas se necesita tener el estómago de acero y la mente muy fresca. Y yo ahora mismo estoy cansado. Necesito desintoxicarme de la administración, recuperar el aliento y centrarme en lo único que de verdad importa… mi estabilidad psicológica.
Los manuscritos están a buen recaudo. No tienen fecha de caducidad porque la hipocresía política que destapan tampoco prescribe. Las vergüenzas de los que convirtieron y convierten la Conselleria en su chiringuito particular siguen ahí escritas, esperando el momento idóneo. Cuando esté psicológicamente recuperado y me halle con las fuerzas necesarias, caerá la primera parte del Botànic y, acto seguido, llegará la segunda parte con el PP.
A los que me preguntáis con ganas de leer la trastienda del poder educativo: os pido paciencia. Las verdades guardadas en el cajón no pierden fuerza, se concentran. A los aludidos de todos los bandos que suspirarán aliviados al leer este post pensando que han ganado tiempo, no os confiéis. Tengo los archivos guardados y muy buena memoria.
Simplemente he decidido que mi salud mental va por delante de vuestra crucifixión pública. Ahora toca replegarse, respirar y seguir arrastrando mi maltrecho cuerpo con la dignidad que a vosotros os faltó en los despachos. Tengo muy poca prisa por el escaparate literario y muchísimo más respeto a mi salud.
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