Planes (realistas) para este 2026 que acaba de empezar

Siempre he desconfiado un poco de las listas de planes o propósitos. No porque no sirvan, sino porque suelen estar llenas de buenas intenciones que duran lo mismo que el roscón en determinados contextos. Aun así, cada final o principios de año (como es el caso de hoy) acabo escribiendo algo parecido. No tanto para cumplirlo todo, sino para ordenar la cabeza.

Este fin de año ha sido distinto. El primero que he pasado solo. Sin ruido. Sin brindis multitudinarios. Sin la sensación de que el tiempo se detiene porque alguien más lo está celebrando contigo. Y quizá por eso los planes para 2026 no tienen nada de épicos. Son más bien pequeños ajustes. Decisiones silenciosas. Aceptaciones que llegan tarde, pero llegan.

Tampoco habrá ya paellas dominicales. Dicho así suena anecdótico, pero no lo es. Las paellas no eran solo arroz. Eran ritual. Eran conversación larga. Eran semana que se cerraba con la sensación de pertenecer a algo. Ahora no están. Y uno aprende que la vida también consiste en asumir lo que ya no volverá, sin dramatizarlo, pero sin negarlo. Eso sí, siendo sincero, más allá de la cuestión gastronómica que implicaba (sustituible), tampoco he acabado perdiendo tanto aunque, después de tantos años, se encuentre a faltar esa rutina. Una rutina que, como a todos, nos lo hacen todo mucho más fácil.

Así que los planes para 2026 van por otro lado.

Quiero leer más despacio. No más libros, sino mejor. Bueno, más libros porque he de reconocer que este año que finalizó ayer, leí demasiados pocos que no estuvieran relacionados con mi profesión. Sin la ansiedad de acabar rápido ni de compartir cada cita brillante. Leer como quien pasea sin mirar el reloj. Y escribir mejor. Redescubrir el gusto por hacerlo y no solo para relajarme. Quitar volumen y épica para ganar sentido.

Quiero dudar más en público y pontificar menos. Preguntar en voz alta. Reconocer que no siempre tengo claro lo que pienso. Escuchar más de lo que respondo. Callar cuando no aporte nada. Aprender a convivir con el silencio, también en redes.

Me propongo apagar más notificaciones de las que enciendo. Recordar, una y otra vez, que educar no va de ganar discusiones, sino de lo que sucede en las aulas y se gestiona dentro y fuera de ellas. Que el impacto no siempre hace ruido y que lo calmado también transforma.

En 2026 quiero evitar debates diseñados solo para pelear. No entrar en conversaciones que nacen muertas. No quiero confundir intensidad con profundidad. Y reconocer errores rápido, sin justificarme demasiado. Equivocarse no es un fracaso; es parte del camino.

También quiero reservar tiempo para no hacer nada. Literalmente nada. Porque ahí, cuando no pasa nada, suelen aparecer las ideas que valen la pena. Y aceptar, de una vez, que no todos los años tienen que ser memorables. Algunos son de transición. Otros, de reconstrucción. Y no pasa nada.

Este año quiero celebrar avances pequeños, de esos que no salen en gráficos ni en artículos, pero que se notan en una mirada o en una conversación honesta. Reírme más de lo absurdo que de lo distinto. Entender antes de señalar. Y dejar de intentar cambiar la opinión de quien no quiere escuchar.

No habrá paellas dominicales. No habrá grandes planes revolucionarios. Y quizá tampoco grandes titulares. Pero habrá intención. Habrá calma. Y habrá una forma distinta de estar.

Estos son mis planes para 2026. No para cumplirlos todos, sino para caminar con algo más de conciencia y dar mi mejor versión en todas las facetas de mi vida. A veces eso es lo único que se puede pedir cuando el año empieza en silencio. Un año en el que voy a quitarme la pereza de hacer cosas y en el que voy a dedicar ese tiempo de calidad que merece mi hija y el resto de mi familia. Sin olvidar, claro está, el que quiero dedicar a todas aquellas personas con las que comparto viaje o pueda empezar un viaje con ellas.

Feliz 2026. Un año, por muchos motivos, diferente para mí. Mucha ilusión… y un poco de miedo.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

¿Te ha gustado el artículo? Apoya mi trabajo invitándome a un café.

Support me on Ko-fi

Descubre más desde XarxaTIC

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *