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No me llaméis a mí… bajad a las aulas y preguntad a los que no tienen cuenta en redes sociales

Estos días mi teléfono y los mensajes directos/privados vía redes sociales han echado humo. Periodistas, medios de comunicación y programas de televisión me han escrito o llamado para pedirme mi visión sobre el último descalabro del informe PISA porque, según dicen, se han leído mis artículos y les gustaría contar con una persona «autorizada». Quieren que les dé el titular fácil, el corte de voz indignado o la columna afilada que encaje en su parrilla.

La respuesta que les he dado a casi todos ha sido la misma… no me llaméis a mí. Yo no soy referente de nada.

Sé de lo que he trabajado, conozco mucho las aulas de hoy en día, sé lo que me he encontrado cada mañana al cruzar la puerta del centro y llevo los suficientes años a pie de aula, con algunos en la zona gris, como para que no me vendan motos pedagógicas. Pero mi experiencia no es la biblia educativa, ni mi blog es el oráculo de la educación. El problema de este país es que los medios de comunicación se han vuelto tan extremadamente vagos que confían la temperatura de la educación a cuatro perfiles chillones de las redes sociales -entre los que, a veces, me incluyen- o a la habitual nómina de opinadores que llevan eones, en caso de que alguna vez hayan dado, sin dar una clase.

Si un medio de comunicación quisiera de verdad pulsar la realidad de lo que está pasando en el sistema educativo, no descolgaría el teléfono para llamar a los docentes mediáticos ni buscaría en las redes sociales la publicación viral de turno para convertirlo en noticia de relleno. Lo que tendría que hacer un periodista con un mínimo de rigor profesional es irse a un instituto de barrio o a un colegio de pueblo. Ir a esos centros donde los docentes no tienen cuenta en redes sociales para hablar de su trabajo, ni ganas de tenerla, porque bastante tienen con sacar adelante a sus alumnos cada día.

Id allí. Entrad en una sala de profesores. Preguntad a esos docentes -a los que jamás veréis se han visto en una tertulia matinal ni firmando manifiestos chorra- qué demonios está pasando en las aulas. Preguntadles por la comprensión lectora real, por la atención desintegrada, por la imposibilidad de sancionar la falta de respeto, por la montaña de burocracia absurda que les exigen rellenar para justificar que un chaval apruebe sin saber, y por el agotamiento estructural de estar haciendo de psicólogos, trabajadores sociales y administrativos a la vez.

Pero claro, eso implicaría hacer periodismo de verdad. Y, sobre todo, implicaría enfrentarse a un riesgo que a los medios les aterroriza. El riesgo de escuchar respuestas que no coinciden con su línea editorial.

Porque esa es la otra gran estafa de la cobertura mediática sobre temas educativos. No buscan la verdad. Buscan al docente afín que les firme la tesis que ya traen redactada desde la redacción. Si el medio es de una cuerda, buscará al docente que le eche la culpa de todo al capitalismo y a la falta de presupuesto. Si es de la cuerda contraria, buscará al que culpe únicamente a la última ley del gobierno de turno. Todos buscan su sesgo de confirmación y, para ello, abrevan en las mismas fuentes contaminadas. Fuentes que van desde los teóricos que pontifican desde sus torres de marfil universitarias sin haber pisado un aula de Primario o de la ESO en su vida, o los gurús de la innovación de escaparate que viven de vender ponencias o libros.

Lo digo por experiencia propia, porque he visto desde dentro cómo trabajan algunos de estos medios. Te llaman buscando una frase hecha, un titular de trazo grueso que alimente su trinchera ideológica. Y cuando les respondes con la complejidad del aula real, cuando les dices que el problema no es solo de una ley o de un partido, sino de una bancarrota cultural y de un modelo que ha premiado la autoindulgencia sobre el rigor, de repente les entra la prisa y ya te volverán a llamar. O manipulan a su antojo, salvo honrosas excepciones que me gustaría agradecer desde aquí, tus palabras.

La realidad de la escuela no se cuenta desde un estudio de radio en la Gran Vía, ni desde una cátedra de Didáctica, ni analizando las métricas de un hilo viral en internet. La realidad la tiene que contar la gente que vive esa realidad cada día, con la tiza en la mano.

Dejad de llamarnos a los de siempre. Salid a la calle, pisad el barro de los centros reales y atreveos, por una vez, a escuchar a los que no tienen micrófono pero sostienen el sistema a pulso. Docentes, familias y alumnos de verdad que, quizás no se viralicen masivamente, pero cuya opinión es muchísimo más importante y real que la que os pueden contar algunos de esos que, en ocasiones, son medio cerebro y medio conjunto de abdominales.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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Un comentario

  1. Buenos días , coincido plenamente con lo que usted denuncia. Al principio de la LOGSE manifesté en un programa de Radio catalana mis reticencies a la Reforma educativa y el periodista, el todopoderoso Josep Cuní, intentó desacreditar mi punto de visto: » la voz de su amo».

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