¿Por qué (casi) nadie quiere evaluaciones sistémicas en educación?

¿Sabéis qué funciona en educación? Sed sinceros y volved a responderme a la pregunta. No me sirven intuiciones, lo que dicen “los amiguetes” o, simplemente, aquella investigación que no os habéis leído que, por lo que dicen otros, dice que algo funciona o no funciona. Repito por tercera vez de nuevo… ¿Sabéis qué funciona en educación?

Debo reconocer que, con mis cerca de veinticinco años de aula, con un interludio de unos pocos fuera de ella, no tengo ni pajolera idea de qué funciona en educación. Puedo intuir que hay cosas que, por experiencia, me funcionan bien en determinados grupos pero, por desgracia, estoy muy limitado para poder saber si algo funcionaría a nivel global, con todas las pequeñas adaptaciones que fueran necesarias. Además no hay ni un solo estudio que evalúe ciertas decisiones educativas. Ni una evaluación sistémica, de todo el conjunto de elementos, siempre relacionados, que intervienen en el sistema educativo.

En la Comunidad Valenciana llevamos desde la pandemia con ámbitos en la ESO y NADIE ha realizado una evaluación en condiciones para saber si esa agrupación mejora o no los resultados en el aprendizaje de nuestro alumnado. Es que NADIE ha establecido grupos de control ni diseñado un modelo pedagógico que, al final, impacta de forma directa en el objetivo último del sistema educativo: que el alumnado aprenda. Y, seguramente, cuando vengan otros iluminados y retiren los ámbitos, tampoco van a saber justificar el porqué de hacerlo.

Lo mismo con la implantación de las TIC en los centros educativos. Informes que se extravían en cajones. Evaluaciones diseñadas y realizadas por cuatro que, curiosamente, están subvencionados por organizaciones empresariales con intereses en determinadas herramientas y servicios. Joder, es que no se entiende que, desde la propia administración no haya un equipo de investigadores para analizar ciertas cosas. Que nos jugamos mucho. Que el dinero que se saquen hoy determinadas empresas, chiringuitos pedagógicos o, simplemente, las cuestiones ideológicas de uno, tienen afección en el futuro como sociedad. Porque, por si alguno todavía no se ha enterado, es la calidad como sociedad la que se ve mermada por hacer las cosas mal en educación. Con todos los límites que todos sabemos pero, una sociedad más culta es, supuestamente, una sociedad más justa y con un mayor avance en derechos, libertades e, incluso, económicas y de salud.

Nadie ha analizado, salvo cuatro interesados, si funciona mejor la jornada continua o partida. Muchos otros se dedican, por sesgos varios, a defender o criticar la existencia de los deberes o incluso la escritura a mano. He visto a algunos que defienden, sin recursos y quitando a los especialistas, la existencia de modelos de inclusión que son más excluyentes que las propias clases sociales sobre las que pontifica el capitalismo. Incluso algunos hacen encuestas a alumnado y las incorporan como valores absolutos. La verdad es que muchos deberían replantearse qué es investigar. O si están en determinados púlpitos universitarios, empezar a reconocer que la parte de investigación se les da, con suerte, regulín.

Podríamos analizar todo el sistema. Evaluar aprendizajes. Evaluar a los profesionales que imparten docencia. Evaluar cada una de las decisiones y leyes que se toman en educación. Podemos hacerlo y nos saldría mucho más barato que ir, a golpe de idea cazallera, tomando determinadas decisiones. Lamentablemente esto obligaría a ser serios. A tomar decisiones que quizás no gusten a todos. A acabar con determinados chiringuitos. A cambiar la mentalidad educativa electoral, ideológica o de trinque por modelos basados en evidencias. Evidencias que no tienen porque gustarme a mí o a los que me leéis. Evidencias que tampoco serían infalibles pero, mejor tener algo a que agarrarse que no mantener debates estériles en las redes sociales, creerse lo que a uno le gustaría que pasara o convertir, determinados planteamientos educativos sin fundamento, en verdades absolutas.

Hacer las cosas con tiempo es hacerlas bien. Y lo de evaluar TODO el sistema educativo y a todos los actores que intervienen en él es, si queremos tener una mejora educativa -y social- real… IMPRESCINDIBLE. Eso sí, todos sabéis que hay personas e intereses a los que no les interesa esta evaluación. No hace falta que os dé nombres.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel). Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. Además, adquiriéndolo ayudáis a mantener este blog.

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