YouTube: el modelo fast food educativo

En los últimos tiempos hay más canales de YouTube creados por docentes que alumnado. Sé que estoy exagerando pero no es raro ver, especialmente si nos movemos -o naufragamos- en las redes sociales, multitud de docentes que se han hecho canales de YouTube donde publican “malas clases magistrales” para su alumnado. Además, si descontamos las visitas que pueden tener esos vídeos por haber sido difundidos en las redes sociales, con la visualización de los mismos por parte de sus followers, amigos o allegados, podemos extraer la conclusión de que son vídeos que nadie ve. Un esfuerzo por democratizar la educación o por hacerse youtuber (también ha calado el discurso que pretende que los chavales vivan de subir streaming de sus juegos en el colectivo docente) que, por desgracia, tiene mucho de pérdida de tiempo.

Vamos a ser sinceros… para hacer un vídeo en condiciones hay dos cualidades que uno debe cumplir: técnicas y escenográficas. Y no, al igual que los docentes nos quejamos del intrusismo profesional, los que se dedican a hacer vídeos educativos podrían quejarse de la intrusión de algunos que se piensan que, con un micro (que han visto por internet y que estaba bien de precio en Amazon) y una cámara, pueden hacer un vídeo educativo. No todo el mundo sirve para hacer vídeos. Pero bueno, vistos los truñovídeos que componen más del 90% de lo creado por docentes, tampoco hace falta mucho para mejorar.

Lo que resulta surrealista es el modelo flipped classroom o que, cuestionando la clase magistral, unos se dediquen a reproducir ese modelo en vídeos. A ver, los vídeos en YouTube son unidireccionales. Claro que puedes parar, rebobinar e, incluso comentar en los mismos, pero es algo muy simplista y poco educativo. Sí, al igual que los MOOCs como solución para la formación docente. Una auténtica mierda que, lo único que hace es reducir costes a cambio de cursos despersonalizados. Personalizar el aprendizaje dista mucho de publicar vídeos dirigidos a toda la clase. Y para esos vídeos de calidad ya hay los youtubers profesionales que, por cierto, nos caigan mejor o peor, hacen las cosas con una cierta calidad.

Mucho esfuerzo desperdiciado en hacer vídeos. Mucho interés de algunos (porque otros sí que lo hacen altruistamente) por intentar llegar a su alumnado. Mucho profesional que democratiza un mal modelo educativo porque, ¿no habíamos quedado que la clave para la mejora educativa pasaba por la personalización del aprendizaje y la reducción de ratios? ¿No habíamos quedado en que lo importante es cada alumno y que, por eso debíamos huir de los modelos de educación tipo fast food? Pues eso es lo que son los vídeos de YouTube: vídeos de comida rápida que, en este caso pocos consumen (salvo los de determinados profesionales) y que, curiosamente, hace que más de uno lo ponga en su currículum.

¿Es malo hacer vídeos y publicarlos en YouTube? No. ¿Es necesario sustituir un vídeo de calidad de la National Geographic por algo que ha hecho uno? Tampoco. Democratizar la educación no consiste en usar medios de distribución masiva de aprendizaje. Democratizar la educación consiste en usar las mejores herramientas en cada momento y que permitan, respetando la privacidad de sus usuarios, aprender.

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