Las primeras 20 propuestas de un docente facha para salvar la escuela pública

Llevo años escuchando cómo la pedagogía de salón, los gabinetes de innovación y las huestes del buenismo institucional llaman facha, reaccionario o profesaurio a cualquiera que ose pedir algo tan estrambótico como rigor, autoridad, contenidos o evaluación objetiva en las aulas.

Puesto que el carné ya me lo han expedido gratis desde hace tiempo sin haberlo solicitado, he decidido asumir el personaje para soltar las verdades que muchos piensan pero no se atreven a decir en alto por miedo a la quema pública.

Aquí va la primera entrega de una batería de 100 propuestas sin rodeos para arreglar la educación pública de este país. Sin anestesia, sin jerga de boletín oficial y sin pedir perdón. Y, lo que es más importante, sin ningún tipo de miedo a expresarme en voz alta ni a ser cancelado, aunque a algunos sé que les gustaría. Vamos a ello…

  1. Exterminio total del lenguaje de burbujas pedagógico. Prohibición expresa de términos como «saberes básicos», «situaciones de aprendizaje», «descriptores operativos» y demás neolengua diseñada por algunos para disimular que los alumnos no saben juntar dos letras. Volvamos a hablar de contenidos, asignaturas y exámenes.
  2. Neutralidad ideológica absoluta en el espacio escolar. Fuera la asignatura de Religión del horario lectivo y de los centros educativos sostenidos con fondos públicos. La fe de cada cual, sus dogmas y sus confesiones (sean la católica o cualquier otra) pertenecen al ámbito privado y a los templos. La escuela está para enseñar ciencia, historia y cultura, no para catequizar ni acomodar dogmas religiosos. Añado a esto, la neutralidad absoluta en referencia al adoctrinamiento y la necesidad de dejar la ideología de todos los docentes fuera de las puertas de su centro educativo. Al menos, mientras se esté dando clase con menores.
  3. Evolución programada y con sentido de la concertada hacia la pública. Nada de cierres a lo bruto ni consignas de pancarta improvisadas. Planificación a diez años para ir absorbiendo paulatinamente las unidades concertadas según las necesidades reales, eliminando los copagos ilegales «voluntarios» y acabando con la trampa del sesgo socioeconómico del alumnado para rescatar una única red pública de calidad.
  4. Recuperación del valor del aprobado y la repetición. Se acaba la broma de pasar de curso con un saco de asignaturas suspensas porque repetir traumatiza. Si un alumno no adquiere los conocimientos mínimos de un nivel, no avanza. Regalando aprobados solo estamos estafando, especialmente, al hijo de la clase trabajadora.
  5. Restablecimiento de la autoridad pública del docente por decreto. Consideración explícita de autoridad con respaldo jurídico real frente a agresiones verbales o físicas. La palabra del profesor vuelve a tener presunción de veracidad frente a la tiranía del hiperpadre o la indisciplina del aula.
  6. Prohibición rotunda de dispositivos móviles en todo el recinto escolar. Cero teléfonos, cero relojes inteligentes y cero pantallas personales desde la entrada hasta la salida del centro, incluidos recreos y actividades extraescolares. El cerebro de los adolescentes no necesita más dopamina digital en su centro educativo.
  7. Exámenes de conocimiento objetivo e individual. La nota se basa en lo que el alumno demuestra saber de forma individual y por escrito. Se acabaron los aprobados encubiertos mediante maquetas, cartulinas, presentaciones colectivas de PowerPoint o trabajos donde tres miran y uno trabaja.
  8. Expulsión inmediata y efectiva de los reincidentes en indisciplina. El derecho a la educación del grupo que quiere aprender está infinitamente por encima del derecho a sabotear la clase de dos energúmenos. Aulas de convivencia real fuera del grupo ordinario o expulsiones directas sin complejos.
  9. Eliminación del trabajo por ámbitos en Secundaria. Cada materia la imparte un docente especialista en su disciplina. Ni el de Lengua da Sociales a empujones, ni el de Biología explica Matemáticas sin dominarla. La especialización académica no es negociable. Como propuesta bis la implantación de especialidades en las Facultades de Magisterio.
  10.  Queda terminantemente prohibido exigir al profesorado la redacción de memorias de cien páginas y rúbricas infumables que nadie lee. El tiempo del docente se dedica a preparar clases, corregir y atender a sus alumnos.
  11. Sustitución de las notas cualitativas por la escala numérica tradicional. Volvemos a los números del 1 al 10. Las familias tienen derecho a saber con claridad meridiana si su hijo tiene un 3 o un 8, sin circunloquios del tipo «en proceso de adquisición» para maquillar el fracaso.
  12. Prueba única de acceso a la universidad para todo el territorio nacional. Mismo examen, mismos criterios de corrección y misma fecha en todas las comunidades autónomas. Se acabó la discriminación territorial donde en algunas autonomías se facilitan las notas de selectividad mientras en otras se exige rigor.
  13. Límite estricto al uso de libros digitales y pantallas. Recuperación del libro de texto o los apuntes en papel y la libreta manuscrita como soporte principal de trabajo. Leer en papel mejora la comprensión; escribir a mano fija el conocimiento. La tecnología entra al aula solo cuando aporta un valor didáctico demostrado, no por postureo falto de investigaciones que lo avalen.
  14. Blindaje de la libertad de cátedra frente a talleres externos al aula. Prohibición de que asociaciones o entidades privadas, del signo que sean, utilicen las horas lectivas para impartir talleres con carga ideológica o partidista. El temario lo imparte el profesor del departamento.
  15. Evaluaciones externas censales al final de cada etapa. Pruebas diagnósticas estatales al terminar Primaria y ESO, con resultados públicos comparables pero sin ránkings comerciales, para saber qué centros están funcionando y cuáles necesitan intervención o recursos de apoyo.
  16. Prohibición de la mercantilización de la imagen del alumnado. Ningún centro ni ningún docente utilizará la cara o los trabajos de menores en redes sociales o campañas institucionales para ganar me gustas, promocionarse o vender innovación. Se abrirá expedientes, que conllevarán castigo laboral y económico, a los responsables de los centros educativos o docentes que publiquen imágenes o trabajos de menores en las redes sociales.
  17. Aislamiento absoluto de la política lingüística en la enseñanza académica. La lengua es una herramienta de comunicación y aprendizaje, no un instrumento de construcción nacional ni de veto ideológico. El dominio de las lenguas oficiales debe garantizarse de forma adecuada para que todo el alumnado de esas Comunidades que, tienen la gran suerte de tener varias lenguas cooficiales, tengan un dominio bilingüe de las mismas.
  18. Eliminación de las adaptaciones curriculares a la baja automáticas. Las adaptaciones se reservan para alumnado con necesidades educativas especiales diagnosticadas por profesionales, no como un comodín para aprobar a quien simplemente no da un palo al agua.
  19. Exigencia de horas de clase real a la inspección y a los asesores. Todo inspector educativo o asesor de cualquier Consejería (o del Ministerio) deberá volver obligatoriamente al aula ordinaria a dar clase un año entero de cada cinco. Se acabó dictar normas sin, por ejemplo, saber qué es un grupo de 3.º de ESO un viernes a última hora.
  20. Centros abiertos a la cultura y el esfuerzo, no al entretenimiento. La escuela no es una ludoteca, ni un parque temático de las emociones, ni un centro de custodia pasiva. Se viene a aprender, a adquirir cultura, a esforzarse y a formarse como ciudadanos libres e independientes.

Sé perfectamente lo que va a ocurrir en cuanto este texto empiece a circular por los grupos de WhatsApp de los centros y por las redes sociales. Saldrán los de siempre a rasgarse las vestiduras. Me llamarán carca, nostálgico del tintero, reaccionario y, por supuesto, facha. Les horrorizará que alguien sugiera en voz alta que para aprender hace falta esfuerzo, que la fe y la ideología no pinta nada en las aulas y que regalar aprobados a un chaval de barrio no es justicia social, sino una estafa con sello oficial.

Me da exactamente igual. Mientras los teóricos del buenismo se entretienen repartiendo carnés de pureza ideológica, los niveles académicos se siguen hundiendo y la escuela pública se desangra convertida en un parque temático de la custodia pasiva.

Si exigir contenidos, neutralidad, autoridad y respeto por el conocimiento es ser un docente facha, podéis ir apuntándome el primero en la lista. Nos vemos en la segunda entrega. Quien no quiera leerme, que no lo haga. Eso sí, por favor, si lo hacéis tan solo os pido que seáis críticos, pero no indulgentes ni faltones.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

¿Te ha gustado el artículo? Apoya mi trabajo invitándome a un café.

Support me on Ko-fi

Descubre más desde XarxaTIC

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicaciones Similares

Un comentario

  1. Estoy de acuerdo con todas excepto con la primera parte de la 2. Al fin y al cabo cursan religión lo que quieren y los que no quieren no la cursan, eso sí, para los que no la cursan mejor harían esos docentes en emplear el tiempo con lectura dirigida. Un adolescente no puede estar 1 h haciendo nada. Tengo mis dudas con la absorción de la enseñanza concertada, creo que el Estado no está capacitado para ello, y muchas familias la prefieren ( la libertad de elección es importante para los liberales libertarios). El resto de tus prouestas son absolutamente necesarias así que ya somos 2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *