No hubo avioncitos de papel

La ventaja de cerrar un blog es que puedes cambiar de opinión. Especialmente si el blog es tuyo, pagas religiosamente el dominio y el alojamiento y tienes, como siempre he dicho, cosas que te apetecería registrar para ti. Ya he dicho en más de una ocasión que escribo para mí y que, si alguno os pasáis por aquí, no encontraréis nada más que las reflexiones en voz alta de alguien que escribe más que razona. O que tiene un razonamiento más bien particular.

Hoy me apetece reabrirlo al poco de decir que lo había cerrado. Más que nada porque, pensándolo bien, el problema no es abrirlo o cerrarlo. El problema es saber gestionar tiempos y, especialmente desobligarte (he comprobado que la RAE lo da por válido) de escribir a diario, por ser la rutina que había cogido. Pero, como siempre sucede, ya me he vuelto a ir por las ramas y, al final, lo que me interesaba hoy era haceros un relato personal y subjetivo de lo que escuché ayer en el I Congreso de Expertos Docentes que organizó la Asociación Ocre. Mucho trabajo de unas pocas personas que consiguieron hacer algo muy interesante e importante. Y sí, siempre es interesante la diversidad aunque, curiosamente los que más la defiendan de boquilla, estén en contra de la misma.

Ayer se juntaron las constelaciones cósmicas para que pudiera hacer un kit kat de temas personales, muy relacionados con obras y traslados y pudiera ir al Congreso. No, no he cambiado de profesión ni me dedicó a asesorar a jubilados que, a su vez, asesoran a albañiles. Reconozco mis múltiples limitaciones. Que son muchas y, conforme pasa el tiempo, cada vez más. Creo que, ni tan solo a estas alturas de la película tendría suerte en Tinder. Por cierto, ya sé a qué viene la mención de Tinder. A una de las cuestiones clave de ayer. A la necesidad de poder reformular, sabiendo cosas y saliendo de determinados contextos comunicativos muy manipulados, formas de entender la educación. O no. Quizás tampoco iba de eso el Congreso de ayer. O quizás iba mucho más allá.

Fue un Congreso de “tarimas”. Con personas sentadas. Sin movimientos bruscos de los participantes. Muchas veces, ni tan solo con PowerPoint para ayudar a hilvanar las ideas que iban contando. Y eso es un mérito. Saber cosas, aunque algunos pretendan despojar de su importancia al concepto, es la diferencia entre zotes y no zotes. No todo el mundo es capaz de explicar algo sin apoyo visual. No todo el mundo es capaz de coger unas ideas y hacer un discurso sobre las mismas. No todo el mundo, tampoco siendo docentes o allegados, tienen la capacidad o habilidad de poder hablar durante veinte minutos para exponer una idea. No es fácil. A mí me cuesta mucho. Muchísimo.

No voy a resumir todas las ponencias. No tomé ni un solo apunte y mi memoria flaquea en gran medida. Eso sí, voy a permitirme escribir a vuelapluma algunas ideas de lo que se dijo ayer. Y además, lo voy a hacer a mi manera. Por tanto, si alguno de los ponentes o asistentes que lee esto, cree que he interpretado mal lo que se dijo, pido disculpas. Mi comprensión, con la edad, el calor y rodeado de gente guapa, pierde mucho.

Se habló del error de hablar de innovación frente a renovación. De las competencias. De lo que eran y de lo que no eran. De los conceptos místicos que supone creer en ciertas cosas. De los resultados de nuestro alumnado. De que hay alumnado al que le puedes poner una escoba delante y aprenderán igual. De que otro alumnado tiene problemas que van más allá de la institución escolar. Y del meollo del asunto: aquel alumnado que perdemos porque no son de los unos ni de los otros para los que, por lo visto, no hay recursos ni interés. De hurtos de conocimiento. De la necesidad de aprender para poder cambiar en un futuro un contexto cada vez más precario. De Malthus. De gurús muy premiados y promocionados que llevaron a la hambruna a la URSS. De libros y libelos sobre educación. Del ABP, como praxis impuesta bajo el paraguas economicista, con resultados que se han demostrado fatales para los sistemas educativos que los usaron en el pasado. De las TIC. De la necesidad de reducir su uso y usarlas praa lo que toca. Del uso de las manos. De escribir para retener. De medios de comunicación que nos venden ciertas cosas con sus mamporreros sin escrúpulos. De cómo se puede ser perverso en los titulares de prensa. De por qué habiendo mucha investigación, triunfa más la mala investigación. De que las ciencias sociales son menos medibles que las experimentales pero que, en el proceso de investigación deberían seguirse unas reglas lógicas. De lo perverso que es renegar de cientos de años de conocimiento para que el alumnado, mediante no se sabe qué acción divina, pueda volver a intentar encontrar ese conocimiento mediante aprendizajes que nadie sabe cómo gestionar. De modas. De proyectos evaluados por los mismos que hacen esos proyectos. De la necesidad de evaluaciones, tanto internas como externas de calidad. De la descentralización de la institución escolar, olvidándose siempre de los docentes en ello. De la consideración de las acciones del político que gestiona la educación como maldad o la consideración del mismo como tonto útil de un sistema mercantilizado. De la competición insana entre centros educativos (no solo entre privados y públicos, también entre los propios públicos y los propios privados). Del diseño formativo específico para conseguir mano de obra barata, moldeable y acrítica frente al contexto empresarial. De las estrategias educativas que se basan en reproducir modelos empresariales. La empoderación, la resiliencia y el dar diferentes roles al alumnado en diferentes proyectos son simulaciones interesadas para tener trabajadores a bajo coste. De lo absurdo que es el concepto de aprender a aprender. De la fe de algunos en determinadas cosas. De formar en cosas que no existen para trabajos que no existen. De la imposición de los ámbitos de forma ilegal, porque es modificar la manera de dar clase y no ha pasado por ninguna mesa sectorial. De la excusa de la pandemia para imponer ciertas cosas. De que no se trata de volver a la EGB ni nadie la añora… se trata de montar un nuevo modelo educativo (o de conocimiento) que permita devolver la esperanza a los que estamos dejando abandonados por el camino. De…

Seguramente me he dejado muchas cosas. Muchísimas. Eso sí. Lo que quedó claro en lo de ayer es que tras el interés de culpabilizar a los docentes existe un proyecto ideológico muy claro, promovido por determinadas élites extractivas, con el apoyo de ciertos políticos, por haberse creído el discurso o recibir determinados beneficios de dicha élite. Los políticos no tienen medios de comunicación. Son los medios de comunicación los que tienen políticos.

Lo único negativo: la paella y la fideuá de la comida fue de dos, siendo bueno y porque estamos a la altura de curso de los regalos con las calificaciones. Ya sé dónde no voy a ir a repetir comer jamás de los jamases. No me preguntéis el nombre porque no me acuerdo. Ya habéis visto que me acuerdo de muy poco porque, conforme pasan los años, mi memoria cada vez va a peor.

Muchas gracias a todos por el día de ayer. Y no solo por lo que se dijo desde arriba de la “tarima”, por las pequeñas confidencias en pequeño comité o, por no haber habido baile ni lanzamiento de avioncitos de papel, ni tratar como niños a los asistentes. Por lo que se empezó a gestar. O por lo que algunos, entre los que me incluyo, esperamos que siga evolucionando porque nos jugamos mucho. Y no precisamente los que ya estamos mayores y los cambios que lleguen nos afectarán menos. Yo lucharé por mi hija y las de mi mujer porque, al final, son ellas las que, por primera vez en la historia, les han dicho que van a vivir peor que sus padres. Sé que la institución educativa no es la solución, pero no puede ser que sea parte del problema.

Finalmente deciros que eché de menos representación política y de medios de comunicación. Especialmente, cuando en el día de ayer se juntó mucha gente que sabe más de educación que los que hacía tan solo una semana se habían reunido, bajo palio, en Valencia.

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4 comments
    1. Estaba usando el ejemplo de Lysenko, ingeniero agrónomo del régimen soviético muy premiado, que se usó en una charla para decir que el tema de los gurús está ampliamente extendido en otros ámbitos. Y que ahora nos ha llegado al ámbito educativo en los últimos tiempos.

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