Nada de lo que sucede en el ámbito educativo es casualidad. No es casualidad que hace unos años irrumpiera con fuerza una Fundación en la educación catalana, denominada Fundación Bofill, que pretendía revolucionar el aprendizaje haciendo no se sabe qué. No es casualidad que hoy en día uno de sus miembros sea el responsable de innovación, digitalización y búsqueda educativa con el cargo de Director General. O sea, para decirlo en otras palabras, el que va a decidir cómo se «innova». Sí, la innovación es ese paraguas bajo el cual nos están colando muchas cosas. Demasiadas para mi gusto.

Hoy hemos conocido que la nueva Selectividad va a ser confeccionada bajo los criterios de la OCDE y del Banco Mundial, amparándose en las directrices de PISA (enlace). No es casualidad que durante muchos años se haya sometido a parte de nuestro alumnado a pruebas externas, pagadas con dinero público, para aparecer en un ranking que lo único que dice es la posición que se ocupa en el mismo. Los estándares en educación están a la orden del día. Y han venido, como no podía ser de otra manera, para quedarse. Europa convertida en zona de experimentación educativa. Finlandia desmontando su educación bajo la enseñanza «por fenómenos» (uy, cómo nos suena a algunos el concepto con otro nombre) porque sobresalía en cosas que no había de hacerlo. Todo, claro está, muy bien diseñado bajo unos criterios que tienen muy poco de educativos o de defensa del bien común.

En Alemania hay cada vez más personas que deben trabajar el doble para poder sobrevivir. Sí, estamos hablando de Alemania. De esa gran Alemania la cual es maravillosa con su FP dual, gestionada en un 50% por las empresas. Claro que sí. Lo mejor para ese modelo es importarlo al resto de países. España, al igual que los de su entorno, se ven obligados a incorporar ciertas cosas. Los fondos europeos deben ser finalistas. No hay opción. Da igual que sea para viajes que no sirven de nada. Lo importante es gastarse ese dinero en lo que marcan algunos con unos ciertos criterios. Ahí sí que hay comité de expertos. Ninguno, claro está, relacionado con la educación. Bueno, al igual que aquí, el típico lameculos que no se sabe cómo ha llegado a asesor y algún que otro pedagogo o estudioso de la educación. Nunca los buenos. Nunca los que saben. Bueno, saben obedecer criterios marcados por quienes mandan. Sí, hay gente que manda por encima de los que deciden ciertas cosas.

Toda la campaña a favor de la irrupción de determinadas cosas en educación está muy bien planificada. Además está siendo aplicada una política de anular el conocimiento y las posibles objeciones de la ciudadanía ante ciertas cosas que, sinceramente, está saliendo muy bien. A ver si va a ser que no solo es cosa de estas últimas décadas y el plan lleva más tiempo fraguándose. A ver si va a ser que todo lo que pensábamos algunos acerca de la inocencia de ciertas cosas, va a ser algo menos que inocente. A ver si va a ser que la mediatización de ciertos personajes es porque subyace algo interesado en que se mediaticen, que tiene mucho que ver con su discurso y la capacidad de ser altavoces de algo que algunos quieren que sea. A ver si lo de Bolonia no fue un gran proyecto para cargarse el sistema universitario de muchos países. A ver si va a ser eso.

Uno puede ser muy ciego. Podemos creer que las decisiones educativas se hacen por el bien del alumnado. Podemos incluso jugar a revolucionar la educación pero… ¿y si lo que estamos haciendo es seguir la corriente a algo, mucho más grande que las decisiones de los políticos que conocemos, que implica un cambio social muy perverso? ¿Y si estamos siendo ciegos ante todos los indicios que nos indican que hay algo que hiede muy mal cada vez que se toman determinadas decisiones educativas? ¿Y si hay realmente una conspiración educativa de la que ni tan solo sabemos que formamos parte de ella? La verdad es que, viendo lo visto, es imposible negar la existencia de unos intereses muy poco educativos que quieren controlar y gestionar la educación.

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y, después de lo de hoy, cuando ya el Ministerio de Educación ha dicho abiertamente que va a seguir los dictados de la OCDE y del Banco Mundial para reformar la Selectividad basada en su gran caballo de batalla, denominado competencias, ya es imposible que seáis incapaces de verlo. Salvo, claro está, que estéis o queráis seguir en la inopia. Pero bueno, contra eso, por mucho que vayan mostrándose los naipes del juego de forma cada vez más descarada, poco puede hacerse.

Hasta la próxima carta que muestren. Será pronto porque, al ritmo que van, creo que están poniendo el acelerador…

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