Me acabo de comprar una cafetera. Ya tenía una cafetera de cápsulas, de marca cuyo nombre incluye el título de este post pero, por motivos de economía debido a mi abundante ingesta de café diario, he dado el salto a una cafetera expreso. Sí, no me veía volviendo a esas cafeteras metálicas de toda la vida de las que, con suerte sale algo líquido parecido al café. Uno cuando se acostumbra a lo bueno le cuesta mucho cambiar a peor. Vale para el café y para cualquier otra cosa.

Debo reconocer que mi vena catalana hace que haya sido imposible hacer un desembolso de cientos de euros, que es lo que piden por algunas expresso de esas que dicen que te harán olvidar los bares. Los bares, al menos en mi caso, no los he olvidado por eso. Más bien, o me los han vetado si acudo a determinadas zonas de la geografía de nuestro país o, simplemente, cada vez nos han hecho tener más miedo de salir a la calle. Y, especialmente a las personas que, por motivos ignotos, externamente estamos de toma pan y moja pero que por dentro tenemos nuestras “averías”. Es por lo anterior por lo que me he puesto a revisar por internet a ver qué recomienda la gente. Las recomendaciones las carga el diablo pero, como desconocedor del asunto, mejor fiarme de eso que ir a ciegas. Además, con la campaña publicitaria de las cafeteras con cápsulas, muy pocos de mis amigos se han lanzado a por una expreso.

Pues hoy me ha llegado el espécimen. Y, con un café que llevaba unos meses en la nevera, de esos ecológicos que de malos tiran para atrás (¡qué le vamos a hacer, soy muy poco de tirar!), he procedido, una vez hecha la pertinente limpieza de la máquina, a tomarme el primer café. No estaba malo (he bebido de cápsulas de marca blanca mucho peores), pero siendo el café muy malo de origen, tampoco podía hacer milagros. Además, supongo que con el uso se va a ir haciendo cada vez mejor lo que vaya saliendo de ahí. Y no sabéis lo que mola sentirte como un barman sin la necesidad de estar esclavizados tras la barra como ellos. Bebible. Veremos los resultados a medio largo plazo de esta ingesta pero, por ahora ya retengo más en mi organismo que con la cafetera que hay en mi trabajo.

No tengo aún mucho bagaje (un par de cafés) para comparar pero, lo que sí que tengo claro es que mi bolsillo lo va a agradecer. Mi bolsillo y el medio ambiente, así que sin ser un amante del reciclado por creer en que no se está haciendo bien, creo que hago un doble favor: uno a mí y otro a la humanidad. Lo del tema de la esclavitud de los niños y niñas explotados en plantaciones de café, por desgracia, al igual que lo de la explotación en las fábricas textiles de ropa que llevo o tecnología que compro, ya es algo más complicado. Aún así lo intento siempre que puedo.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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