Mis soluciones para mejorar Primaria
Después de otra noche de insomnio más y, por desgracia, sin que vea ninguna solución a corto plazo a esta situación que lleva arrastrándose durante demasiados años, me he planteado volver a escribir acerca de Primaria. Una de las etapas educativas que permiten, o bien mejorarlo todo o bien, tal y como está sucediendo en las últimas décadas, cargarse determinadas cuestiones. El fracaso escolar sucede en Primaria y por ello, a sabiendas que me van a llover palos por todas partes, voy a intentar hilvanar esas propuestas que ya he hecho en otras ocasiones.
Tras tantas reformas educativas que solo sirven para cambiar las siglas de las leyes y rellenar los informativos con palabras rimbombantes, a uno se le cae el alma a los pies al mirar los horarios de una escuela de Primaria. Nos hemos empeñado en convertir los primeros años de colegio, esos que deberían ser los cimientos sobre los que se construye toda la vida intelectual de una persona, en un festival del despropósito donde cabe absolutamente de todo. Tenemos talleres de sostenibilidad mágica, robótica de juguete con luces de colores y dinámicas de inteligencia emocional de baratillo.
El resultado de este empacho de modernidad de diseño se observa cada mes de septiembre, cuando llega el alumnado de sexto de Primaria, en los institutos. Estamos fabricando niños que llegan a la ESO arrastrando una comprensión lectora de auténtica pena y una incapacidad manifiesta para resolver una resta llevando sin temblar. Hemos querido montar el ático de la casa sin haber puesto los ladrillos del suelo. Y sí, sé que hay quienes defienden que lo importante es que se sientan felices, empoderados y que el saber determinadas cosas ha quedado obsoleto.
Así pues, como os he dicho al principio y después del primer café de la mañana, me he puesto a estructurar lo que, a mi juicio, serían las medidas urgentes y radicales para salvar la etapa de los seis a los doce años. Aquí van mis soluciones para mejorar Primaria, sin filtros y sin ningún tipo de corrección política. Mi ideología, siempre que propongo algo sobre educación, intento guardarla en el cajón. Por eso, cuando he estado en la zona más gris de la administración, he trabajado con unos y con otros intentando hacerlo lo mejor posible.
Pero vayamos a las propuestas…
La primera propuesta sería demoler el currículo y blindar determinadas horas «sagradas». El tiempo en una jornada escolar es el que es, las horas no se estiran por mucho que lo dicte un decreto. Si saturas el horario con asignaturas cosméticas y proyectos transversales para salvar el planeta, se lo tienes que quitar por fuerza a la base.
Yo propongo eliminar por ley cualquier asignatura de relleno, proyecto transversal o taller de escaparate que no aporte conocimiento. El bloque principal del horario escolar entre primero y cuarto de Primaria debe estar blindado exclusivamente para dos materias… Lengua (en todas sus vertientes, incluyendo especialmente la comprensión lectora) y Matemáticas. Todo lo demás es paja burocrática para que los que viven en la moqueta -y les gusta vivir ahí- justifiquen su sueldo.
También tengo claro que blindaría la psicomotricidad real además de potenciar Dibujo (me da igual el nombre, pero este se entiende). La invasión de las pantallas en las casas ha provocado una catástrofe silenciosa de la que nadie habla. Hay niños que llegan a los siete años sin apenas tono muscular, que no saben correr coordinados y que cogen el lápiz como si fuera una estaca porque no han desarrollado la pinza ni la motricidad fina.
Tengo claro que Educación Física y Dibujo (Plástica de verdad, no recortar cartulinas de colores para el dossier del proyecto) necesitan un horario específico, protegido y riguroso. La Educación Física diaria es innegociable para combatir el sedentarismo digital y estructurar el cerebro a través del movimiento y el juego reglado. Por su parte, el Dibujo y la expresión artística a mano son herramientas brutales para entrenar el trazo, la paciencia, la atención al detalle y la habilidad manual fina que la tablet está atrofiando. Menos tocar cristales con el dedo y más usar el cuerpo y las manos para crear y moverse.
Va. Ahora ya me podéis llamar rancio. Propongo el regreso de la mecanización, la caligrafía y el cuaderno. La moda pedagógica actual dicta que la memoria y el ejercicio repetitivo son torturas medievales que bloquean la creatividad. Nos hemos cargado los automatismos cognitivos que el cerebro necesita para poder dedicarse después a pensar en cosas complejas.
¿Qué os parece una prohibición absoluta (negociable en momentos muy puntuales y con sentido) de las pantallas y los libros digitales en Primaria? El aprendizaje pasa por el cuaderno, el lápiz y la goma de borrar. Hay que reinstaurar el dictado diario, la copia como herramienta de fijación caligráfica y ortográfica, y la lectura colectiva e individual en voz alta durante un mínimo de 45 minutos al día. Si un alumno consume toda su energía cognitiva en descifrar las sílabas de una palabra, su cerebro no tiene espacio libre para entender el significado de la frase.
Sigo con lo clásico…. aritmética elemental sin pantallas ni dedos. Las matemáticas de Primaria no son para teorizar ni para hacer debates filosóficos en grupo; son para entrenar el músculo del cálculo.
La opción sería recuperar la memorización pura y dura de las tablas de multiplicar del 1 al 10. Se acabó el permitir que un crío de quinto de Primaria use los dedos o una tablet para saber cuánto es siete por ocho. Si no automatizan los mecanismos de la suma, la resta llevando, la multiplicación y la división en los primeros años, se ahogarán sin remedio en Secundaria en cuanto aparezca el primer problema de álgebra. Ya sé que hay una corriente pedagógica en contra de las tablas de multiplicar y del boli rojo para corregir. Y que, además, es una corriente que, impulsada por algunos, está triunfando en los despachos por motivos variopintos. Pero, por favor, pensemos en el alumnado y dejémonos de vender modernidad para vender el vacío más absoluto.
¿ Me compráis la supresión total del «trabajo por proyectos» en edades tempranas? El sistema ha impuesto la tiranía del proyecto desde la guardería. El aula se transforma en una fábrica de manualidades donde se valora mil veces más que el alumno traiga una cartulina preciosa el lunes por la mañana (que la mitad de las veces le han hecho sus padres el domingo) que el hecho de que sepa estructurar una frase con sentido.
Prohibir los proyectos multidisciplinares hasta quinto de Primaria debería ser innegociable. La enseñanza debe ser directa, estructurada y guiada por el maestro. Menos obligar a niños de ocho años a exponer en clase con plantillas visuales sobre temas que no comprenden y más asegurar que saben localizar el sujeto, el verbo y el predicado en una oración simple.
Finalmente, aunque me quedan algunas otras propuestas en la recámara, propongo volver a una evaluación honesta con notas numéricas reales. Obligamos a los maestros a rellenar rúbricas infinitas con decimales absurdos y terminologías ambiguas (en vías de adquisición, logrado, progresa adecuadamente) para camuflar el nivel real y no herir sensibilidades. Terminologías que ya cuesta que la entiendan los docentes para que la entiendan las familias.
La vuelta a las calificaciones claras de toda la vida del 0 al 10 en los boletines de notas es innegociable. Un 3 es un suspenso y significa que no se han alcanzado los objetivos mínimos; ocultarlo tras eufemismos burocráticos es engañar a las familias y estafar al alumno. Si un niño arrastra lagunas graves en tercero, no puede promocionar a cuarto como si no pasara nada. La detección temprana exige honestidad en el diagnóstico.
Estas son mis propuestas. No hace falta un congreso internacional de expertos ni una partida presupuestaria millonaria de fondos europeos para ponerlas en marcha; basta con tener el sentido común y la valentía política de limpiar el currículo de basura pedagógica y devolver a los maestros el tiempo y la libertad para hacer su trabajo. Devolvamos a la escuela el orden, el cuaderno y la exigencia elemental. Menos salvar el mundo de boquilla en clase y más aprender a leer, escribir y calcular de verdad.
Lo sé. Hoy, de nuevo, metiéndome en otro charco más. Por cierto, sabéis qué es lo más efectivo para un alumno de Primaria cuando llueve… las botas de agua. Las mismas que llevábamos nosotros cuando estudiábamos. Es la única manera de llegar a casa -que ya es complicado a esas edades- con los calcetines medio secos.
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Esto es simplemente fabuloso. Suscribo cada punto, cada coma, de este escrito. Aunque no sea otra cosa que sentido común, bien expresado, hemos llegado a un punto en que el sentido común nos parece revolucionario.
Como padre de tres hijos, me siento profundamente estafado por el sistema educativo. Nos trasladan un enorme problema a los padres, porque todo lo que dices es cierto: los niños no saben leer (quiero decir, comprender lo que leen), ni escribir, ni calcular, ni coger el lápiz… No tienen ninguna de las destrezas que luego son básicas para todo lo demás. En casa se convierte en una lucha difícil, pero necesaria, porque los tenemos que poner a trabajar en todo aquello que en la escuela no han hecho, y lógicamente se rebelan.
Esta situación no sólo es terrible para el país, sino especialmente perjudicial para las clases bajas, porque elimina el mayor motor de ascenso social y hace que los más favorecidos, que disponen de tiempo o recursos para complementar la educación, se diferencien más del resto.
En fin, ¿dónde hay que firmar? ¿Qué podemos hacer para que esto se haga realidad? Yo creo que somos muchos padres los que vemos este desaguisado. Parece que llevas tiempo predicando sobre esto, ¿qué opinas? De verdad, lo pregunto en serio, ¿cómo podríamos intentar influir en las leyes educativas para revertir esto?
Es una vergüenza que en infantil no se esté dando lectoescriptura como antiguamente. Luego llegan a primaria sin saber coger un làpiz…
Yo añadiría más ciencias además de matemáticas. Que descubran la naturaleza, con introducción a física, química y biología. Y en letras algo de historia.
Sobre eliminar gadgets digitales no lo haría para todo… Sino por fases. Al final como bien dices habilidades manuales si maquinas pero luego aprender a usarlas porque queramos o no seguirán estando ahí las tabletas, moviles y PCs
A secundària les pantalles els fan molt, molt de mal. Sí a prohibirles del tot. Quan la base sigui sòlida, podran aprendre a Fer servir les TIC sense problema.
I posats a afegir…música. Llenguatge musical, no passatemps.