Mis propuestas para una educación inclusiva real
Sigo durmiendo muy mal. No hay nada que me haga efecto y, por desgracia, a estas alturas de mi vida es bastante improbable encontrar ese remedio milagroso, sin atontamiento matutino, que lo permita. Pero bueno, mientras el cuerpo vaya aguantando, iremos tirando millas. Lo sé. Quizás para vosotros sea irrelevante la información, pero lo cuento porque para mí está siendo la rutina desde hace años para escribir a estas horas.
Hoy me apetece proponer cosas para una educación inclusiva real. Lo sé. Aspiro a que alguien haga algo y ya os digo, a pesar de haber estado un par de años pudiendo tomar decisiones, que suficiente tienes con resolver «mierdas» varias que algunos dejan antes de poder ponerte a hacer cambios de calado. A pesar de ello lo intentas y sales, al menos en mi caso, aunque sea de una manera muy curiosa y nada relacionada con temas profesionales, muy satisfecho de lo que he hecho con todo mi equipo. Va, sin enrollarme más, vamos a ello…
A estas alturas de la película, cada vez que abro el BOE, el diario oficial de turno, la prensa digital o me topo con el enésimo hilo de un gurú pedagógico hablando de la «inclusión total», se me activa de inmediato la sospecha permanente. Ya sabéis de lo que hablo. Hablo de esa desconfianza visceral que te hace oler a kilómetros la paja burocrática redactada por tipos que no han visto un alumno con necesidades reales en su vida o que, simplemente, priorizan la ideología frente al mismo. Nos han inundado la red de una neolengua aséptica y bienqueda que pretende solucionar la diversidad a base de decretos, palabras cuquis e infografías de manos entrelazadas.
Pero la realidad, cuando uno entra al aula, es que la supuesta inclusión se ha convertido en la coartada perfecta de la administración para camuflar el abandono. Y lo más sangriento es que ahora, bajo el mantra de la modernidad, algunos iluminados pretenden eliminar los Centros de Educación Especial. Quieren cerrar los únicos lugares donde profesionales como la copa de un pino hacen un trabajo milagroso que la escuela ordinaria, por pura estructura, jamás podrá asumir. Quieren disolver la especialización en un mar de masificación. Y, por desgracia, con el apoyo de algunos, siempre sin hijos con esa necesidad de centros específicos, que les alientan a eliminarlos.
Como no me da la gana callarme por miedo al dedito acusador, aquí van mis soluciones reales y de trinchera para mejorar la inclusión de verdad. Sin poesía ministerial. Sin ningún tipo de pudor. Y, lo que es más importante, pensando en ese alumnado en el que algunos jamás piensan ni van a pensar.
En primer lugar mi propuesta sería la de blindar y potenciar los Centros de Educación Especial. Pretender cerrar los colegios de Educación Especial es una de las mayores crueldades ideológicas que se han parido en los últimos tiempos. Es de una ignorancia temeraria. Un alumno con plurideficiencias severas, trastornos graves de conducta o dependencias absolutas no necesita ser (in)visibilizado al fondo de una clase de Secundaria con 30 tíos hiperventilados mientras el profesor hace malabarismos. Necesita fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, enfermeros y docentes especializados que la escuela ordinaria no tiene ni va a tener. Y cuando hablo de Secundaria, también estoy hablando de los últimos cursos de Primaria, que es cuando ese alumno empieza a encontrarse mal en ese contexto en el que se halla.
No solo no debería cerrarse ningún Centro de Educación Especial, sino que se debería aumentar su presupuesto para convertirlos en centros de alta especialización y referencia. La verdadera equidad no es meter a todos en la misma batidora; es dar a cada uno el entorno que necesita para progresar con dignidad.
Mucho ojo con la última moda de la codocencia, que es el último invento de los despachos para quedar bien sin solucionar nada. Meter a dos docentes dentro de la misma aula ordinaria para que hagan bulto es un sinsentido que diluye la autoridad, confunde al alumnado y no atiende la raíz del problema. El especialista en pedagogía terapéutica no está para hacer de ayudante de pasillo del docente de la materia.
Yo propondría sustituir la codocencia por el desdoble selectivo y las aulas de apoyo específicas a tiempo parcial. Cuando haya alumnos con desfase curricular extremo o necesidades severas, el grupo se divide. El especialista (PT o AL) debe trabajar a solas con esos alumnos en espacios dotados, con el silencio, el ritmo y el material adaptado que su aprendizaje requiere. La inclusión no es compartir el mismo espacio físico para hacer bonito; es recibir la enseñanza específica que necesitas para avanzar.
¿Qué os parecería una reducción drástica de ratios por alumno con necesidades? Meter a 28 adolescentes en un aula de la ESO y sumar a dos alumnos con trastornos graves del desarrollo o de conducta es matemáticas de ficción. Es una picadora de carne para la salud mental del docente y un billete directo al ostracismo para el alumno mal integrado.
Un alumno con necesidades educativas especiales (NEE) dictaminadas debe computar, como mínimo, por tres o cuatro alumnos a efectos de ratio. Si tienes dos alumnos con necesidades en clase, el límite máximo de esa aula se reduce automáticamente a 15 o 18 alumnos. Solo así se puede realizar una atención individualizada real, y no el simulacro de aparcamiento que se hace ahora.
Los docentes no somos psicólogos clínicos, ni psiquiatras, ni enfermeros. No podemos diagnosticar brotes, ni gestionar crisis médicas, ni administrar medicaciones complejas mientras explicamos ecuaciones de segundo grado, formulaciones químicas o enseñamos a leer.
Sé que supone una inversión considerable, pero es imprescindible dotar con personal de enfermería escolar y psicólogos clínicos estables en todos los centros educativos. Menos gastar dinero en cursos humo online para que los docentes hagamos mindfulness de aula y más profesionales de la salud mental coordinados con los departamentos de orientación en el propio centro educativo. Y, por favor, revisemos de una vez qué perfiles estamos teniendo en los centros educativos dentro del batiburrillo que suponen los orientadores. La mayoría, al igual que el resto de profesionales que hay en las aulas, como he dicho siempre, buenos. Otro tema, insisto, es rediseñar normativamente sus funciones, al igual que la de los importantísimos profesionales, PT, AL, etc. que dan apoyos.
La neolengua pedagógica actual prohíbe ofrecer alternativas prácticas a edades tempranas bajo el dogma de que separar es segregar. Prefieren mantener a un chaval de 14 años completamente frustrado, quemando el aula y arrastrando suspensos en cadena porque es incapaz de asimilar un currículo abstracto que no le interesa ni le sirve para su futuro, antes que darle una salida útil. Obligar a todo el mundo a pasar por el mismo embudo academicista no es inclusión; es programar el fracaso obligatorio para los alumnos más prácticos.
Siempre he defendido adelantar y dignificar la FP Básica y los programas de cualificación práctica a los 13 o 14 años para el alumnado que lo requiera. Ofrecer un camino directo hacia un oficio, enfocado al éxito laboral y adaptado a las capacidades reales del alumno, no es segregar. Es salvarlo de la exclusión a la que le condena el buenismo de moqueta. El sistema debe entender de una vez que un soldador, un electricista o un técnico de automoción es tan valioso para la sociedad como un graduado universitario, y que forzar a un chaval a aborrecer los libros en un aula ordinaria es una negligencia criminal.
La inclusión de escaparate es barata… solo requiere redactar leyes bonitas y obligar al docente a rellenar PDFs para justificar que todo va bien. La inclusión real es cara. Exige recursos, manos, desdobles reales, bajada de ratios y el respeto absoluto a los profesionales de la Educación Especial. O dejamos la demagogia de salón y empezamos a poner el dinero en la trinchera, o seguiremos utilizando a los alumnos más vulnerables como atrezo para que los políticos se hagan la foto de la modernidad. Menos discursos y más recursos.
Por cierto, cada euro invertido en una inclusión real implica un retorno social de muchos en el futuro. Dejemos de mirar la educación a nivel cortoplacista y, por favor, antes de escuchar a determinados iluminados o proponer medidas que confunden inclusión con integración hagamos algo por ese alumnado que lo necesita. Por eso y por todo el resto que, también con lo que propongo, saldrían beneficiados.
Finalmente me gustaría deciros que puedo entender que alguien cuestione lo que propongo. Es lícito y lógico. Lo que no tiene ningún sentido es que algunos hablen, a falta de argumentos u opiniones sobre el tema, derivar la conversación a cosas que no tienen nada que ver. Además aprovecho para deciros que no me propongáis para nada. No voy a volver a gestionar nada en la zona gris de la administración en los años que me quedan salvo, claro está, que me dejaran las manos libres para cargarme la LOMLOE.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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Me parece perfecto lo que dices. Hijo,qué bien explicas lo que pensamos tantos docentes .Muchas gracias.
Si te dejan, que no se te olvide cargarte de paso también la LFP, por favor.