Mi problema con los mercaderes de la pedagogía

Llevo mucho tiempo observando este circo pedagogista que nos envuelve y hay una cosa que nunca he dejado de pasar por alto. Me estoy refiriendo a la deshonestidad intelectual. Me produce una mezcla de asco y cansancio ver cómo, año tras año, los mismos sospechosos habituales siguen defendiendo prácticas pedagógicas que todos sabemos que no funcionan. Prácticas que la evidencia ha enterrado y que la realidad del aula escupe cada lunes a primera hora.

Y no lo hacen por error, ni por despiste. Lo hacen porque su cuenta corriente, su estatus de referente o su próximo contrato de formación dependen de que la mentira siga viva. Si mañana admitieran que el conocimiento es la base de todo y que sus «dinámicas de asombro» son papel mojado, se quedarían sin plato en la mesa.

Lo que más me cabrea es su técnica de debate, esa que usan conmigo cada vez que abro un hilo en X o publico algo que les escuece. Nunca entran al fondo. Siempre recurren al hombre de paja.

Si yo defiendo que el alumnado necesita memoria para poder pensar, ellos corren a decir que quiero niños-loro encerrados en celdas de castigo. Si digo que el silencio es una herramienta de respeto, me acusan de querer volver a la escuela del blanco y negro. Es un truco barato para no responder a lo que de verdad importa. Una pregunta que jamás han respondido ni van a hacerlo. La pregunta de por qué sus recetas mágicas solo funcionan en centros de élite con familias que ya traen el saber de casa.

Están tan atrapados en su propio personaje que prefieren caricaturizar a los docentes que trabajan con rigor antes que reconocer que su innovación es el mayor motor de desigualdad que ha pisado la escuela pública.

Muchos de estos gurús han construido un imperio de arena. Han pasado de ser docentes (algunos lo fueron hace décadas) a ser gestores de su propia marca personal. Y claro, reconocer que la enseñanza explícita o el refuerzo de contenidos son la única vía para que el chaval de barrio progrese, sería admitir que su modelo holístico es solo un producto de marketing.

Viven de que la alguien les pague por venir a decirnos cómo hacer nuestro trabajo. Me parece de un cinismo absoluto que sigan cobrando por formar a gente que sabe mil veces más que ellos, simplemente porque tienen el argumento de autoridad que les da su número de seguidores o su colección de libros autoeditados. Por cierto, yo también tengo algunos libros autoeditados pero, curiosamente, desde hace décadas rehúyo, por coherencia personal, ir a evangelizar en cosas que no tengo ni idea. Y mira que me han llegado ofertas jugosas. Ya lo veis. Me adelanto a las respuestas de estos personajes y sus adláteres.

Yo lo tengo claro. Mi compromiso no es con el buenrollismo ni con los evangelistas de la metodología o herramienta más mediática. Mi compromiso es con el saber y con ese alumnado que solo tiene la escuela para salir del hoyo. Por eso voy a seguir señalando la trampa.

Ya basta de tratar la pedagogía como si fuera una religión donde hay que tener fe en el iluminado de turno. Menos fe y más ciencia. Menos hombres de paja y más honestidad. Si para que tú sigas comiendo de tus charlas yo tengo que callarme mientras destrozas el futuro del alumnado, búscate otro oficio, porque aquí no me voy a callar.

Tened cuidado ahí fuera. Los que más hablan de acompañar al alumno suelen ser los que más prisa tienen por acompañaros hasta la caja de su tienda de formación. O, de forma combinada o no, a su ideología educativa sin fisuras.

Lo sé. Hoy seguramente alguno se inventará que he dicho lo que no he dicho. Seguramente serán los mismos que, de forma interesada, cuestionan habitualmente lo que escribo y manipulan abiertamente lo que está negro sobre blanco. El problema es que, al final, la verdad sale a la luz. Y eso es algo que obligará a más de uno a disculparse y, a más de dos, en caso de no querer hacerlo, a acudir a determinados lugares no demasiado agradables para nadie.

Estoy escribiendo aquí, prácticamente a diario, desde 2009… ¡y nadie me va a impedir seguir haciéndolo!

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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