La intrincada travesía de las decisiones educativas

Tomar decisiones en el ámbito educativo debería sostenerse sobre la base de teorías, investigaciones y prácticas probadas. Lo sé. Incluso a pesar de tener fundamento, tanto las decisiones que pueden tomarse a nivel macro o micro, pueden tambalearse en sus resultados debido a lo imprevisible del comportamiento humano (trabajamos con personas) o a la singularidad de cada contexto educativo.

Cuando se toma una decisión educativa, ya sea en política educativa o en la propia práctica docente, acaba siendo un intrincado baile entre lo que la ciencia nos dice que es probable que suceda y lo que la realidad nos muestra. Y ello lleva a muchos sinsabores. Especialmente cuando, por desgracia, la previsión de que esto va a suceder así porque debe ser así, acaba siendo un esperpento de lo que habíamos planificado que sucediera. Para revertir lo anterior está la profesionalidad del docente. La última pieza y, por ello una de las más importantes, dentro de todo el engranaje que hace que la educación funcione. La experiencia y la habilidad para adaptarse al contexto, al final acaba siendo clave para que las cosas funcionen. O, simplemente, que funcionen mejor de lo que se preveía en un inicio.

Cada decisión que tomamos, como profesionales de la educación, lleva el peso de la experiencia, las esperanzas de que funcione y, cómo no, nuestras propias dudas. Siempre nos preguntamos si estamos eligiendo el camino correcto. Si va a funcionar lo que estamos planificando. Si el aula va a ser capaz de asumir, con todas las piezas, el abordaje del proceso de enseñanza que hayamos seleccionado. Y todo ello sin aislarnos de la necesidad de saber en qué nos movemos a nivel macro. Un nivel macro que marca, en parte, esas decisiones que vamos a tomar a nivel aula.

¿Va a funcionar algo que han validado las evidencias o la investigación en nuestra aula y con nuestro alumnado de este curso? Pues, como siempre digo, seguir lo que dice la ciencia es tener una luz más para alumbrarnos pero, al final, es solo una parte, importante e imprescindible, del proceso. Una parte que complementa a la práctica docente, forjada por la experiencia y la observación que, aunque a algunos no les guste oírlo, juega un papel crucial en el proceso. Es una mezcla entre lo que sabemos que nos ha funcionado en otras ocasiones, entre lo que está probado y en lo que, simplemente, nos parece “correcto”. Eso sí, recordad siempre que lo “correcto” es algo muy subjetivo y difícilmente extrapolable.

Lo sé. No estoy dando soluciones concretas. No las hay. Cuando oigáis que alguien os dice que tal o cual medida va a funcionar en todos los contextos, con todo el alumnado, dudad. La adaptabilidad es la mayor virtud de los docentes. No hay día en el que no aparezcan nuevos retos y esos retos no los solucionan los gurús. Esos retos se solucionan dentro del aula, con políticas macro valientes (en ocasiones incómodas) y con una investigación basada en evidencias.

Al final del día, de la semana o del curso, habrá alumnado que va a aprender. Habrá otro que no. Habrá algunos que sigan estudiando. Otros que abandonan el sistema. Se trata de un trabajo que no consiste, como dicen algunos pedagogos de salón (que no son todos, pero sí los más mediáticos), en calentar silla y poner la mano a final de cada mes. Se trata de un trabajo en el que cada día es un día diferente para reflexionar cuando las luces se apagan y las aulas quedan en silencio.

Las decisiones educativas no son fáciles, pero deben tomarse. Y alguien debe tomarlas tanto, a nivel macro como micro. Decisiones que jamás son fáciles y que siempre, como es lógico, tienen sus consecuencias. Al igual que cualquier decisión tomada en cualquier ámbito.

Este viernes me gustaría agradecer en este artículo el espectacular trabajo que hacen los que elaboran horchata. Especialmente a aquellos que saben que, combinando ciencia y evidencias con la profesionalidad que tienen, consiguen que algunos disfrutemos de ese oro blanco. Gracias. Nunca me he olvidado de vosotros aunque, por desgracia, la vida me haya obligado a moderarme en la ingesta de vuestro maravilloso producto.

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