No falta dinero público para destinarlo a temas de mejora educativa. Falta correcta gestión del mismo. Falta que alguien tome la decisión de dejar de financiar con millones de euros viajes con los gastos pagados de docentes a Finlandia (por poner el ejemplo más claro), deje de contratar asesores para no se sabe qué, cierre chiringuitos varios y empiece a controlar a qué «expertos» contrata para dar cursos de formación a su profesorado. Y ya si a lo anterior le añadimos un recorte de campañas de mercadotecnia variada, o en los menús que se enjaretan algunos cargos políticos del ramo a más de 50 euros el comensal, quizás podamos empezar a usar ese dinero para lo que toca.

Seguramente más de uno habréis oído siempre el discurso… «es que no hay dinero», «es que con los limitados recursos que tenemos hacemos lo que podemos», «es que…». Pues va a ser que no. Simplemente pasaos por las plataformas de contratación pública y revisad qué convenios y en qué se gastan el dinero de determinados contratos y podréis ver que lo que sobra es dinero público. No solo para Educación. Sanidad es otro de esos pozos sin fondo que, curiosamente, tiene asignado, al igual que Educación, una partida enorme de gastos que, curiosamente, jamás acaban repercutiendo sobre los usuarios del servicio.

No puede ser que se vayan a gastar ahora cientos de miles de euros europeos contratando mentores digitales en todas las Comunidades Autónomas mientras, por desgracia, hay centros educativos que no tienen ni para poner la calefacción. No es de recibo que haya centros educativos que tengan cientos de miles de euros en remanente y no lo devuelvan a la administración (bueno, mejor no devolvérselo porque, sabiendo cómo lo gestionan, mejor tenerlo por si acaso). No tiene ningún sentido hacer macrocongresos que valen un pastizal cuando, con el dinero de los mismos, podría contratarse personal de apoyo para paliar algunas necesidades de lo dicen en el esos macrocongresos que hay. Que hasta algunos nos acordamos de los regalos de bolígrafos, carpetas serigrafiadas y bolsas que regalaban en algunos de esos congresos a los que, cuando éramos jóvenes, acudíamos.

Estoy convencido de que cerca del 25% del dinero destinado a Educación (y creo que me estoy quedando muy corto) se pierde. O se pierde o se gestiona mal. No tiene ningún sentido que, por ejemplo cuando en Cataluña empezaron a montar las aulas digitales (un proyector, un ordenador, un equipo de sonido y una pantalla de proyección), las mismas costaran a la administración educativa cerca de 20000 euros cuando, en el caso del centro en el que trabajé, se podían sacar por unos 5000. Sí, multiplicado por cuatro su valor. Y no eran casos aislados porque si queréis hablamos también de lo que costaron todas las distribuciones linux autonómicas, de las que quedan solo tres o cuatro, en su creación, gestión y mantenimiento (incluyendo salarios de programadores y asesores). Había equipos de más de veinte personas.

Ya si queréis entramos en todas aquellas iniciativas perecederas que ha montado, tanto el Ministerio de Educación, como las diferentes administraciones educativas. Agrega, Internet en el Aula, licencias para la creación de recursos educativos de FP que nadie sabe dónde están, la plataforma de venta de libros de las editoriales ATRIA,… y así hasta un largo etcétera de fiascos interesados (o son muy inútiles en la administración educativa o lo hicieron solo para colocar a sus amiguetes) en el ámbito educativo. Fiascos que han costado millones de euros. He dicho millones. Mucho más que el salario de un año de muchos docentes, personal especialista en determinadas actuaciones y PAS.

No entiendo muy bien el tema de la gestión de los recursos públicos en educación. Tengo claro que hay gente que lo intenta gestionar bien y otros los dilapidan sin ningún rubor. Y así nos va pero, como sabemos cualquiera que nos hemos pasado por las plataformas de contratación pública y las licitaciones realizadas en la última década, no es que no haya dinero para mejorar la educación. Es que no hay gestores, salvo contadas excepciones, que sepan hacer bien su trabajo y gestionar como toca esa enorme cantidad de recursos públicos.

El discurso de que falta dinero en «educación» es falso. Lo que pasa es que las partidas y los contratos que, de forma demasiado habitual para mi gusto, se realizan, tiene mucho de descontrol y de mala política de gasto.

A ver si algún día alguien decide que el dinero público es de todos y empieza a gestionarlo como el suyo. Extrapolable a muchos ámbitos. Y creo que no hace falta especificar más porque, seguramente y por desgracia, más de uno de los que me leéis conoceréis algún ejemplo.