Juntas de Evaluación: una visión desde dentro

Estos días, en muchos centros educativos, se está procediendo a dirimir el futuro académico de miles y miles de estudiantes. Esto se realiza en un cónclave, formado por los docentes que han tenido a lo largo del curso escolar, añadiendo al mismo un responsable del equipo directivo y un orientador. Y ahí, entre cánticos salvajes, mientras los miembros de la Junta de Evaluación (denominación oficial de ese cónclave) van desnudándose antes de llegar a la orgía, se va decidiendo, siempre sin criterio, qué vamos a hacer con determinado alumnado.

Lo del párrafo anterior queda muy bien para mentes calenturientas. Seguro que más de uno puede montarse en su imaginario, especialmente si desconoce el funcionamiento de estas Juntas de Evaluación o tiene interés en manipular qué sucede en ellas, algo parecido a lo que he escrito. Eso sí, la realidad, por desgracia, rompe muchos relatos interesados. Relatos que, a lo largo de estos días, veremos en las redes sociales escritos, en ocasiones, por docentes que manipulan a su antojo qué sucede realmente en esos lugares.

Ayer tuve seis Juntas de Evaluación por la tarde. Cuatro primeros de ESO y dos terceros. Hoy tengo tres terceros más, entre los que se encuentra el PMAR. Es lo que tiene dar optativas con alumnado que proviene de varios cursos. Tienes a un par de cada clase y estás en todas partes. Sí, como Dios, pero sin poder convertir las actas en vino o, en mi caso, horchata. Llevo, haciendo números, más de quinientas sesiones de evaluación a lo largo de mi vida profesional. Y esto creo que me permite hablar de ellas con un cierto criterio.

Pues bien, la Junta de Evaluación es un lugar donde los profesionales de las diferentes asignaturas analizamos (no solo) los resultados académicos de cada alumnado y, de forma global, hacemos un repaso a cómo ha ido el grupo. Y, en el caso de las finales, lo que hacemos es decidir determinados cambios de grupo para determinado alumnado, porque consideramos que puede trabajar mejor en otro o, simplemente, hay relaciones tóxicas en su grupo actual y plantearnos cómo debemos organizar las diferentes clases para el curso que viene. Sí, también decidimos qué alumnado supera el curso y cuál repite. Ahora sin julio ni septiembre nuestro alumnado se lo ha jugado a una carta. Mentira. El profesorado vamos perdiendo el culo intentando que, hasta el último segundo nos entreguen algún trabajo para recuperar nuestra asignatura. No conozco a ningún compañero al que le guste suspender a su alumnado. Bueno, uno conocí una vez ya hace años pero, todavía recuerdo que en esa sesión de evaluación que estuve con él, el resto de la Junta de Evaluación le paramos los pies. Porque no tenía ningún tipo de justificación lo que quería hacer con un alumno de segundo de Bachillerato. Los docentes somos así de raros… buscamos lo mejor para nuestro alumnado.

Entre las decisiones que tomamos en la Junta de Evaluación es ver qué alumnado repite. Ya os digo yo que, para hacer repetir a alguien, lo hablamos y volvemos a hablar hasta la extenuación. Ante la duda, siempre acabamos promocionándole. Quizás nos equivoquemos. Quizás no. Es muy complicado saber cuándo va a madurar un alumno. Lo sé. Como siempre digo, a mí no me gustan las repeticiones del alumnado. Eso sí, ante la falta de recursos endémicas de la administración, salvo que podamos colocar a ese alumnado en algún proyecto educativo alternativo (PAC, PMAR, etc.) no nos dejan otra. Ojalá la administración dotara de aulas específicas en cada curso para poder tener a ese alumnado y, con refuerzos intensivos, poder hacer que no tuviéramos que tomar esa medida. Nadie quiere que su alumnado repita. Es que solo hace falta estar dentro de una Junta de Evaluación. Somos más padres y madres caldosos que otra cosa aunque algunos se piensen o digan lo contrario.

Otra decisión que planteamos, tal y como ya he comentado, es realizar determinadas anotaciones para cambiar a determinado alumnado de grupo, porque consideramos que ese cambio va a beneficiar, tanto al alumnado de forma individual como al grupo de forma colectiva. Incluso se plantea grosso modo algo que también se trata posteriormente en las reuniones con los tutores: la orientación para que se seleccionen determinadas optativas por considerar que pueden beneficiarles esa elección.

La verdad es que en las sesiones de evaluación hablamos mal de nuestro alumnado. Les ponemos a parir a ellos y a sus familias. Pues va a ser que, lamento romperos el relato y lo anterior no sucede. Pero bueno, qué mejor que vender ese relato que les va muy bien a algunos para venderse como adalides del alumnado en las redes sociales. Eso sí, ya os digo yo que no es verdad. La realidad es que TODOS los profesionales que están en las sesiones de evaluación se preocupan por el alumnado que están evaluando. Al igual que llevan haciéndolo todo el año. Es que solo querría que hubierais estado en la última sesión de evaluación que tuve y que me hubieran dejado grabarla. Envidia del tutor y de los profesionales que estaban a mi lado. Alucinante el trabajazo hecho por el mismo y por mis compañeros.

Lo que os he contado es lo que pasa en las Juntas de Evaluación. Ya si queréis después hablamos de esos bingos divertidos que dan vueltas por ahí, las anécdotas puntuales de que en clase de alguien se portan bien y en otra no (sí, el alumnado es selectivo y en eso sí que estoy de acuerdo) o, simplemente, la novela que se montan algunos para hablar de algo que se hace siempre pensando en lo mejor para el alumnado. Pero bueno, como yo sé qué es lo que pasa realmente, al menos a mí no me van a contar determinadas trolas. Y si me las cuentan, al menos sabré que lo son.

Ya queda nada. Eso sí, hoy de nuevo con un calor inhumano en muchos centros educativos. Preparando a los malos docentes para su infierno futuro. Es que según algunas personas somos tan malos que nos merecemos en vida la pira y en muerte un piso de 30 metros cuadrados en Zaragoza sin aire acondicionado. Abrazos a los que os los merezcáis. Que sois muchos.

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