Según la RAE, intuir consiste en «percibir íntima e instantáneamente una idea o verdad, tal como si se la tuviera a la vista». Yendo al concepto más usado de intuición, nos encontramos con que, la misma institución académica, nos la define como «la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento». Algo que es lo que sucede en la mayoría de debates educativos en los últimos tiempos. Bueno, desde que existen las redes sociales porque antes, aunque fuera en más pequeño comité, también existía el concepto de intuición bajo premisa básica.

Esta madrugada, por cuestiones de insomnio recurrente, me he leído el artículo titulado «La jornada escolar intensiva se abre paso sin contemplar la evidencia científica«. Otro panfleto que, como siempre sucede, carece de cualquier calidad periodística. Lo sé, estamos acostumbrados a que cuando se habla de educación, quizás porque sea lo que más conozco aunque seguro que sucede en otros ámbitos, haya mucho mediocre tras las teclas. Para hablar de educación uno tiene que, como mínimo, documentarse antes de escribir ciertas cosas. Si ya hay patinazos brutales con docentes que, supuestamente deberían saber de educación, defendiendo inteligencias múltiples, cerebros triunos o la existencia de nativos digitales, para imaginarnos qué sucede con periodistas que son capaces de defender el terraplanismo educativo. O que son incapaces de buscar otro discurso o relato diferente al que les interesa vender como línea editorial.

Voy a establecer una premisa inicial acerca del debate acerca de jornada continua (o intensiva) y partida. Eso sí, aclarando previamente, para los que no conozcan el concepto, que jornada continua implica compactar el horario y partida realizar clases por la mañana y por la tarde. Sí, al igual que en cualquier profesión. Por cierto, ¿sabéis como denominan en ocasiones el concepto de jornada continua en la industria? Jornada antiestrés. Y ya os digo yo que si las empresas lo proponen, al igual que los trabajadores votan mayoritariamente por su existencia, será por algo. A lo mejor quizás sea porque mejora la producción y las condiciones laborales de sus trabajadores. Pero qué sabré yo. Seguro que las empresas lo hacen para perder dinero. Será eso.

Pero vayamos al artículo enlazado. Ya empieza mal porque, curiosamente, no habla de lo que va en beneficio del alumnado. Habla tan solo de temas de conciliación laboral, de comparativa entre centros públicos y privados o, como siempre sucede, echando las culpas a los docentes porque solo quieren mejorar su horario. Solo faltaría que no se acusara a los docentes. Es que no hay nada mejor para mejorar la educación que poner siempre al profesional en la picota. Y el tema de acusar a los docentes de la extinción de los dinosaurios ya es algo que muchos medios, de forma muy interesada, están haciendo. Especialmente, claro está, poner a los que tienen algo de condiciones laborales.

Eliminar las clases vespertinas, comprimirlas de 9 a 14h, que los críos coman más tarde, aunque sean pequeños, que muchos abandonen el comedor escolar, que más mujeres vayan a recogerles para alimentarles en casa, que los docentes mejoren su horario, que los centros privados se mantengan al margen de todos estos cambios, formando islas de conciliación en los municipios, son algunas de las principales consecuencias de esta reconversión impulsada por docentes y afianzada por familias que abogan por la crianza intensiva, en contra de la evidencia científica, alertan los expertos consultados.

No existen estudios del impacto de pasar de jornada partida a jornada continua pero «se intuye que». Esto de las intuiciones ya empieza a ser surrealista. Y que un medio de comunicación pretenda hacer un artículo acerca de un tema tan serio como la jornada escolar basándose en intuiciones…

No existen estudios sobre el impacto de esta conversión, pero la intuición de federaciones de ampas y los sociólogos de la educación consultados es compartida: mantener un horario escolar que favorece la conciliación laboral y familiar y es acorde a las necesidades biológicas de la infancia, desde los más pequeños a los adolescentes, puede ser motivo para que una familia opte por un centro privado con jornada partida, frente a uno público con jornada intensiva.

Pues mira que yo tengo la intuición que, más allá del tema horario, se eligen centros privados porque hay alumnado filtrado y muchas familias consideran que mayor homogeneidad de alumnado de clase media y alta hará que sus hijos tengan mejores posibilidades futuras. O quizás también puede ser debido a que en ciertas ciudades solo haya centros privados en determinados barrios residenciales. Pero repito, mi intuición está al mismo nivel que la del medio de comunicación, con la diferencia, claro está, de que yo publico esta intuición en un blog sin más pretensiones.

Por cierto, sí que hablan de una investigación, la investigación Shastu (aquí podéis encontrar sus resultados), que relaciona ritmos de sueño y de comida con rendimiento escolar. Así que, ni corto ni perezoso uno de los autores de la misma afirma lo siguiente:

El pediatra Gonzalo Pin, coordinador del grupo de trabajo de sueño y cronobiología de la Asociación Española de Pediatría, afirma categóricamente que “toda la evidencia científica indica que la jornada partida produce una mejora del rendimiento y de la calidad de vida de los chavales”. La evidencia se constata en dos sentidos: en los ritmos de la cronopsicología y del cronoaprendizaje, así como en la crononutrición.

El problema es que a poco que uno se haya leído la investigación (algo que hice hace ya un tiempo porque, por desgracia leo investigaciones sobre educación por encima de mis posibilidades), hubiera visto lo siguiente en la misma:

Fuente: https://shastu.org/wp-content/uploads/2016/10/SHASTU_Statistical_Final_Report.compressed.pdf

Ni una sola evidencia de disminución en los resultados académicos en alumnado de 13 a 18 años. En definitiva, un estudio que, además de los varios errores que plantea en su confección, no permite afirmar nada de lo que está diciendo este señor acerca del rendimiento de alumnado de ESO y Bachillerato. Por cierto, las horas de sueño y la influencia en el aprendizaje sí que tiene investigaciones que lo avalan pero, curiosamente no tiene nada que ver con temas de jornada escolar porque dicha relación se establece por horas consecutivas de descanso. Y no aplica solo a alumnado, ya que aplica a todas las actividades. Descansar bien mejora cualquier actividad intelectual y productiva. Y no es una intuición. Hay estudios como los siguientes que lo avalan:

Okano, K., Kaczmarzyk, J.R., Dave, N. et al. Sleep quality, duration, and consistency are associated with better academic performance in college students. npj Sci. Learn. 4, 16 (2019). https://doi.org/10.1038/s41539-019-0055-z

Armand A., Biassoni, F. et al. Sleep, Well-Being and Academic Performance: A Study in a Singapore Residential College. Frontiers in Psychology, 12 (2021). https://www.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyg.2021.672238

En el mismo panfleto que he enlazado al principio aparece lo siguiente:

Además, recuerda que la jornada intensiva implica una “pérdida importante de niños en el comedor escolar, el cual cumple una misión de enseñar hábitos nutricionales y de justicia social, porque todos los niños comen y todos comen lo mismo”.

¿Justicia social por comer lo mismo? La justicia social se da en el momento en el que todos los niños puedan comer lo mismo. Por cierto, jornada continua no implica que no exista comedor escolar. El problema es que hay muchas familias que, por determinados motivos, prefieren que sus hijos e hijas no se queden en el comedor y se los llevan a comer a casa. Y sí, por si os lo preguntáis, todas las familias con problemas económicos graves tienen beca para el comedor escolar.

¡Ojo! Que ahora viene la clave de toda esta crítica a la jornada continua. La cuestión económica. La necesidad de tener los comedores llenos. Nada que ver con el beneficio del alumnado. El problema es que tener jornada partida trae un descenso de comensales y dicho descenso de comensales afecta negativamente al trabajo de cierto personal. A ver si va a ser que los que quieren jornada partida es por temas laborales y nada tiene que ver con el aprendizaje o el bienestar del alumnado. A ver si va a ser eso.

En 2019, la monitora de comedor escolar, y afiliada al sindicato LAB, Itziar Lukanbio, emprendió una recogida de firmas contra la jornada intensiva entre las mil monitoras de los centros escolares de Nafarroa. Consiguió 700. Alertaba que cambiar de jornada traería aparejada un descenso de comensales.

Y el artículo sigue al mismo nivel convirtiendo percepciones interesadas en realidades absolutas.

Los expertos de sueño y contrarios a la jornada continua coinciden en recordar el estudio de autopercepción del cansancio llevado a cabo por M. Morán de Castro en Galicia en 2005, en el que el alumnado dijo encontrarse más cansado en la clase de última hora de la jornada continua que en la de la partida. “Cuando les vas a recoger a la tarde, ¡salen como motos!”, resume una madre.

Por lo visto «expertos del sueño y contrarios a la jornada continua» (algo que implicaría que debe haber expertos en sueño favorables a la jornada continua aunque no salgan en este artículo) ponen a nivel de veracidad una autopercepción, confirmada por una madre. Es que el nivel de esta apología de la jornada partida es paupérrimo.

Sigue el ataque a los docentes, especialmente a los que tienen/tenemos la mala suerte de ser funcionarios, con más afirmaciones lapidarias.

“La jornada continua es el reino de los particularismos y el profesorado ha emponzoñado el debate, que se articula con cierto nivel de agresividad”, advierte el sociólogo Rafael Feito. Por particularismos se refiere a los docentes y a las familias que la jornada continua les va bien, por razones diversas, bien porque ambos sean funcionarios y puedan permitírsela, bien porque uno no trabaja.

Ahora resulta que el profesorado somos los culpables de todos los males del mundo mundial. Y además somos agresivos. Yo es que ya. Tipos como este sociólogo nos insulta y no pasa nada. Debemos callarnos y no chitar porque si le desmontamos el chiringuito ya somos lo peor. Es que…

Para finalizar el artículo se acaba con lo de siempre. Una perversión del concepto de feminismo que, como siempre, acaba yendo en contra de las mujeres. Añadiendo, claro está, que la culpa de todo la tenemos de nuevo los docentes. El patriarcado también se acrecienta con la jornada continua. La verdad es que esto empieza a dar muchas náuseas. Un detalle, ¿os habéis fijado en las pruebas? ¿Echar un ojo para ver quién recoge a los críos? Lo del uso de críos también se las trae.

El retroceso llevado a cabo por los docentes en el Estado español, permitido por la administración y afianzado por las familias de clase media que pueden recoger a sus hijos a las 13.00 h para sacarles del comedor en el que se quedan poco más que niños becado, también tiene consecuencias patriarcales. No hay un solo estudio que diga que socialmente los hombres llevan a cabo más tareas domésticas y de crianza que las mujeres, porque ocurre todo lo contrario. Y no hay que echar más que un ojo en la puerta de cualquier colegio para ver quién recoge a los críos.

Un detalle, yo sí estoy a favor de modificar la jornada escolar, reduciendo el número de horas lectivas y añadiendo extraescolares, de forma gratuita, en los centros educativos. Pero repito, ésta es mi propuesta (enlace). Basada en mi experiencia como docente y como padre. Una experiencia que creo que vale un poco más que el panfleto que os he enlazado al principio y que es cuestionable desde el minuto cero. Pero valiendo un poco más, por desgracia, carece de estudios y planificación seria del modelo. Así pues, como hago siempre, a ver si alguien de los que deciden cosas en educación, deja de hacer caso a gurús y a los (…) que realizan ciertas afirmaciones basadas en humo y empiezan a apoyar a quienes investigan y se pasan por las aulas más allá de cortar las cintas o hacerse la foto.

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