Hay investigación educativa, pero…

Tenemos suficientes investigaciones educativas que demuestran ciertas cosas. Quizás no en la amplitud que debieran pero, al menos en la actualidad, se puede acudir a múltiples investigaciones, realizadas por diferentes equipos de forma independiente, que ofrecen ciertos parámetros acerca de cuál es, con sus múltiples matices, lo que más afección tiene sobre el aprendizaje, la eficacia (o ineficacia) de las pantallas para ciertos procesos de aprendizaje o, el análisis de ciertos proyectos educativos que ya se han llevado a cabo previamente.

A pesar de lo anterior hay docentes que siguen esperando la investigación que diga lo que ellos quieren oír. Están buscando el resquicio en el que agarrarse para que puedan decir… “tú me puedes enseñar esto, pero como yo no lo doy ningún valor, quiero que la investigación sea más seria”. Ya, lo sé, no van a añadir… “es que quiero que la investigación diga lo que yo quiero oír porque mi amimefuncionismo subjetivo seguro que es más válido que lo que digan cuatro o cien investigaciones”.

Seguro que a muchos os sonará ese argumento con la comparación que están haciendo actualmente la minoría que defiende un estudio, sin ningún sistema de validación ni verificación, sin ningún tipo de ciego o comparación con la alternativa de una doble dosis de la vacuna que ya se ha puesto, realizada con 600 usuarios que, por ética, no podían estar sometidos a una investigación sin haber realizado una fase previa de análisis en laboratorio, etc. con investigaciones que demuestran que es mucho más segura la puesta de una segunda dosis del mismo tipo de vacuna. Y aún así hay gente que lo defiende. Y, al igual que sucede en el ámbito educativo, va a haber gente que se la va a poner. Porque, vamos a ser sinceros, a algunos no les importa la investigación. Les importa que la investigación diga lo que ellos quieren que diga.

Podemos pedir y desear una mayor transparencia y difusión de las investigaciones educativas. Deberíamos exigir que la investigación se coordinara entre personas que están dentro del aula y personas que están fuera. Deberíamos exigir que no se basara en la realización de encuestas por las redes sociales sin tener en cuenta ningún tipo de verificación de los datos obtenidos ni poder dar por válida la muestra. Podemos pedir mucho más pero, lo que no podemos hacer es estar esperando a que alguien en algún momento publique algo que valide “lo que nosotros ya sabemos porque tenemos razón”.

Es muy cómodo sentarse en una visión educativa única y validada por uno mismo. El problema es cuando todas, salvo alguna investigación aislada, dice lo contrario de lo que nosotros queremos que suceda. Entonces tenemos dos opciones: cambiar nuestro planteamiento o enrocarnos en el mismo, esperando que en algún momento podamos soltar a la cara de aquel que nos muestra múltiples investigaciones diciendo lo contrario de lo que pensamos o queremos que sea, esa investigación única que dice lo que queremos oír.

Por cierto, como he dicho antes, lo anterior no pasa solo en el ámbito educativo.

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