No vi Eurovisión ayer. Bueno, no es del todo cierto. Me tragué a dos italianos desafinando, a la que representaba a los de la banderita y un poco de una chica que, al menos a mí, me dio la sensación, que no estaba muy alegre por estar ahí. Y ese fue, salvo los múltiples tuits de docentes o personas relacionadas con la educación que sigo, mi experiencia con el bodrio mediático que supone cada año esto que, como todos sabéis, se subvenciona con dinero público. Dinero que, al ir aquí no va a otras cuestiones. Quizás es que sea más importante esto para el ciudadano medio que el poder disponer de unos cuantos médicos más para atenderle o de algún apoyo en las aulas. Será eso.

Intento últimamente encontrar un sentido pedagógico a todo lo que veo. El problema es que, en la mayoría de ocasiones, encuentro cosas que me chirrían profundamente. Y en el día de ayer me chirriaron tres. La primera es que no importa lo bien que lo hagas, vas a ganar igual porque, o bien tus padres o los que mandan, van a manipularlo todo para que ganes. Esto creo que ha pasado con el ganador de la competición de desafinos. Al menos es lo que he podido leer hoy. Bueno, a ver si esto va a ser como el resto de las cosas que suceden en esta sociedad que, salvo excepciones, siempre acaba sobresaliendo en algo el que más apoyo cuenta. Y no el que lo haga mejor o peor.

Otra cuestión que me hizo plantearme muchas cosas es ver, a tuit en grito, a determinados docentes aplaudir la actuación de alguien cuyo único mérito en el escenario era hacer una cosificación de su figura de mujer. Vamos mucho de feministas en el ámbito educativo o social y después, aplaudiendo como morsas al ver culos, tetas y poca ropa. Creo que es algo que hace muchísimo daño a las mujeres. Pero qué voy a saber yo. Seguro que tiene su justificación. Y repito, como hago siempre, cada uno es libre de llevar la ropa que le apetezca (como si no quiere llevar) pero, por favor, después no vayamos vendiendo no sé qué de determinados discursos. Creo que me explico porque no puedo ser más claro. Esto, por cierto, con gran cantidad de nuestro alumnado que ve estas cosas, no incentiva mucho la igualdad ni disminuye determinadas brechas. Al menos según mi opinión.

Y, finalmente, lo de mantener determinadas tradiciones. Con las maravillosas tradiciones que tenemos a base de torreznos, van y ponen en primer lugar la existencia, dentro de algo que no tenía nada que ver, de algo relacionado con el toreo. Que nadie me malinterprete. Yo no soy de toros ni me gustan las corridas. Otra cuestión es que, quizás, tampoco vea tan perverso lo anterior para denominar asesinos en serie a los que van. Hay tradiciones muy rancias que se mantienen porque hay rancios que las avalan. También sucede en educación. Un detalle, cuando hablo de rancio, me estoy refiriendo también al brillibrilli que se pone a ciertas cosas para hacerlas parecer modernas.

Lo de ¡qué cuerpazo!, gritos contra la guerra en Ucrania o, simplemente, lo de considerar que alguien que canta, juega a un determinado deporte o, simplemente tiene un canal de YouTube con muchos suscriptores, le representa en algo, dice muy poco de nuestra evolución como sociedad. Bueno, de los que se toman en serio estas cosas que, como bien sabéis, son muchos y no es exclusivamente en este chiringuito de sol y toros.

Cada vídeo de El Xocas o final de Eurovisión toca hacer el doble de trabajo en las aulas para compensar. A veces ya tiras la toalla porque es imposible luchar contra eso. Mejor plantearse que no hay nada que hacer que intentarlo. Así pues, hasta el próximo Sálvame. Hoy, por cierto, paella dominical. Así pienso en otra cosa y no me enfado intentando luchar contra cuestiones contra las que no puedo hacer nada.

Permitidme haceros publicidad, como estoy haciendo en los últimos posts, de la newsletter que hago llegar a los suscriptores cada lunes con los artículos de la semana a los que añado una breve reflexión. Os podéis suscribir desde aquí. Suscribirse es gratis. 😉