Respuesta corta: sí. Respuesta larga… lamentablemente os toca seguir leyendo salvo, claro está, que os queráis quedar con la afirmación y manipularla interesadamente para descontextualizarla. Pero como ya sabemos cómo es esto, ahorro para aquellos que quieren solo una respuesta sin mayores matices y así pueden, o bien adecuarla a «su» realidad o a «su» visión de las cosas.

Tenemos la menor tasa de abandono escolar que nunca y, a pesar de ello, afirmo que se ha bajado el nivel de parte del alumnado. Va, ya he empezado a matizar. Hay alumnado que antes no llegaba a adquirir ningún tipo de aprendizaje y ahora, al menos al estar escolarizado hasta los dieciséis, con ese porcentaje de alumnado absentista por motivos familiares (incluso que sea políticamente incorrecto decirlo, hay familias a las que, siguiéndolas por parte de servicios sociales, debería habérseles quitado la patria potestad de sus hijos), algo van a aprender. Es imposible no aprender nada cuando uno está un porrón de horas sentado en un aula. Se quiera o no se quiera. Es que es de cajón.

Ya veis que no estoy siendo políticamente correcto. No me sale. Menos aún en educación. Además, como ya os he comentado en alguna ocasión, lo de ser políticamente correcto lo único que encubre es, o bien intereses personales (de ego o de cosas que puedo ganar siéndolo), o bien incapacidad de mojarse por tener ganas de agradar a todo el mundo. Y, lamentablemente, cuando se habla de educación no puede agradarse a todo el mundo. Hay demasiadas visiones tópicas y distópicas que impiden dicho buenismo. O deberían impedirlo porque, al final, todo es posible en las redes sociales y los medios de comunicación.

Desde la irrupción de determinados distractores el nivel educativo de nuestro alumnado ha caído en picado. Estoy convencido que la tecnología, ni buena ni mala per se, salvo quizás los intereses que haya tras ciertas cosas, ha disminuido el nivel. Un detalle, no entendáis nivel como cantidad de datos que un alumno asume. Entendedlo como capacidad de poder ir un paso más allá en el aprendizaje y que, simplemente, sepa sin buscar en Google ciertas cuestiones básicas. Estoy convencido de que había más alumnado en segundo de BUP sabiendo que el Ebro pasa por Zaragoza que ahora. El problema es que, a diferencia de lo que dicen algunos, yo sí que creo que esos aprendizajes no es que se hayan sustituido por otros. No estoy debatiendo acerca de memoria sí o no. Ni tampoco estoy entrando en el cómo explicar. Ya veis que me mantengo al margen de esos debates que llenan líneas en los medios y se convierten en debates muy sesudos en Twitter o Facebook. Los de Instagram y TikTok lo tienen más fácil.

Antes se realizaba un filtro a los catorce años. Ahora el filtro es a los dieciséis. Antes nadie se preocupaba por la ausencia de determinado alumnado a partir de los doce. Y, aunque quede mal decirlo porque cada uno va a interpretarlo como le dé la gana, no hemos adaptado el aula a la multiculturalidad ni a su exigencia. No tenemos aulas del siglo XIX, ni docentes del XX, para alumnado del siglo XXI. Lo que sí tenemos un modelo educativo muy poco integrador. Hablo de integración porque lo considero, como mínimo, tanto o más importante que la inclusión. Son cosas diferentes, pero si no sabemos integrar cómo vamos a saber incluir. Lanzo la pregunta al aire porque su respuesta es la clave a uno de los argumentos que refrendan mi opinión.

Tenemos más alumnado disruptivo «dentro» del aula que nunca. Tenemos una sociedad cada vez menos reivindicativa y más lobotomizada por determinados inputs. Ni tan solo el colectivo docente es un colectivo. Ya no digamos la falta de debate en profundidad acerca de modelos educativos, adecuación de normas o, simplemente, diseños de aprendizaje. Proliferan las siglas y los anglicismos, los métodos basados en pseudociencias, los gurús que venden crecepelo y después se van a Turquía a ponerse un matojo de pelo porque saben que lo que están vendiendo no funciona. Y la casa sin barrer.

En mi caso no noto esa bajada de nivel. Bueno, veo mucho más desaguisado en mis clases, pero eso lo asocio a los centros educativos y no a que haya ido pasando el tiempo. Como he dicho siempre, al menos en Tecnología, estamos obligados a replantearnos cada curso qué es lo adecuado y cómo podemos conseguir captar (sí, como si fuera una secta pero sin serlo) a alumnado para que le motive hacer ciertas cosas. Ostras, he hablado de motivación. Sí, yo creo en que se debe de motivar tanto dentro como fuera del aula. Y ahí las familias también tienen un efecto importante. Mucho más que las dos horas semanales que tengo yo a algunos grupos.

Antes había los mismos docentes buenos, malos y mediocres que ahora. El nivel del profesorado no ha cambiado. Tampoco el alumnado globalmente. Lo que sí que ha cambiado es que hay mucho alumnado que se pierde en el aula porque dedicamos ingentes esfuerzos a ese alumnado disruptivo que, por motivos ignotos, no sabes cómo llega a la ESO sin saber leer, escribir, hacer operaciones básicas o, simplemente, saber estar. Claro que hay alumnado bueno académicamente. Seguro que el mismo que había antes. Y una mayoría de alumnado «normal» (sí, sé que nadie es normal, pero es para que se me entienda, aunque ya sé que muchos vais a tergiversarlo) que se nos pierde por el camino.

Al cambiar la conformación del aula, también cambian los resultados esperables de los receptores del servicio educativo. Aunque me duela decirlo estamos creando un modelo en el que estamos bajando el techo de cristal para muchos (especialmente los que no van a poder tener, por determinados motivos, ayuda fuera del aula), manteniéndolo para otros y haciendo una ficción educativa en la que afirmamos con las calificaciones que determinado alumnado tiene unas competencias (sí, hablo de competencias, que provienen de los saberes previos) que no tienen. Y así nos va.

Creo que tocaría empezar a analizar fríamente qué inputs tiene nuestro alumnado, empezar a poner puertas a un campo cada vez más salvaje, reformular todo el sistema, dejarnos de maniqueísmos y buenismos que a los únicos que perjudican es al alumnado, abrir más los centros a la sociedad, considerar a los profesionales de aula como los que saben dejándose ayudar por lo que dicen las investigaciones, radicalizar la administración educativa para que tome medidas radicales para revertir esto y, en definitiva, apostar por una evaluación completa y sistémica de todo el sistema educativo. Pero bueno, todos sabemos que es mucho mejor hablar del sexo de los ángeles que solucionar el déficit de aprendizaje de muchos de nuestros alumnos.

Finalmente deciros que si alguno de los que se ha leído el post en toda su longitud cree que digo ciertas cosas, ya os aviso que habéis leído mal. Afirmo que el nivel global de aprendizaje del alumnado ha bajado. Que tenemos una sociedad cada vez más indigente a nivel cultural. Que no se trata de defender lo de antes porque había muchas cosas que se habían de cambiar. Que, en definitiva, esto no son unas líneas perpetradas por alguien trasnochado que añora lo que vivió en su juventud y ahora lo manipula. Mi opinión sesgada no sirve. Lo que sí lo hace son las pruebas y las visiones de todos con los que hablo (compañeros, alumnos de esos que nunca nadie escucha porque tienen la mala suerte de ser del bloque «normal», familias y personas que se dedican en la Universidad a investigar ciertas cosas). Y todos dicen que esto no va. Pues a lo mejor tienen razón…

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