Hay tres medidas que, en plena pandemia, se han tomado en muchos centros educativos, por cuestión de salvaguardar la salud de alumnado y docentes (poder mantener distancias y grupos controlados) que, por desgracia, son medidas totalmente contraproducentes para la educación. Sí, me estoy refiriendo a los grupos burbuja, a la asistencia alterna y a la aparición de los ámbitos en la ESO. Son tres medidas que, quizás sanitariamente pueden defenderse pero que, a nivel pedagógico, lo único que hacen son aumentar la segregación, disminuir la calidad educativa y sesgar el derecho de parte del alumnado a recibir una educación en condiciones.

Seguramente después del primer párrafo habrá algunos que, de forma totalmente lógica, dudéis de lo que estoy diciendo e, incluso, lleguéis a justificar alguna de las tres medidas anteriores. Es por ello que voy a intentar explicar, con ejemplos reales, por qué esas tres situaciones perjudican al alumnado. No hay suficiente con afirmar. Siempre conviene argumentar las afirmaciones porque, al final, si no se hace así queda una argumentación muy coja. Bueno, más bien no queda ningún tipo de argumentación.

En primer lugar voy a hablar de los “maravillosos” grupos burbuja que han montado en los centros educativos. Grupos que, como característica fundamental, tienen la de ser un grupo con alta trazabilidad y que permite, en caso de haber algún miembro del mismo positivo en COVID-19, poder realizar un aislamiento del grupo que no implica el cierre del centro educativo. Una solución que, a nivel sanitario, parece maravillosa porque otorga una trazabilidad inmediata y la toma de medidas puede ser mucho más moderada en cuanto a ámbito de acción de las mismas pero, ¿alguien ha pensado en qué implica a nivel educativo la toma de esa medida? Va, voy a intentarlo explicar con un ejemplo muy claro. Imaginaos que, en un primero de ESO se ofertan dos optativas: Segunda Lengua Francés y un Refuerzo de Lenguas (pongo dos pero, en muchos centros se están ofreciendo dos refuerzos y una segunda lengua). Los grupos burbuja implican que deben agruparse los alumnos, para estar controlados, en clases según las optativas que realicen. Ergo, en este caso y suponiendo dos grupos burbuja, tendremos un grupo en el que estarán el alumnado “que viene con déficit de aprendizaje” y en otro “el alumnado que no tenía ningún déficit en Primaria”. Ya tenemos la segregación: los buenos y los malos académicamente. Así pues, ya queda claro que los grupos burbuja generan segregación y convierten los grupos heterogéneos, en grupos de aprendizaje homogéneo. Algo que va a impedir que nadie del “grupo refuerzo” pueda nunca tener compañeros que puedan tirar de ellos. Creo que no hace falta desarrollarlo más porque, esta casuística se entiende bastante bien.

En segundo lugar toca hablar de la asistencia alterna. Alumnado que va lunes y miércoles, mientras que a la semana siguiente va martes, jueves y viernes (o cualquier alternativa que se haya montado basándose en las posibilidades que tengan los centros educativos). Si los docentes ya dan todo su horario lectivo al grupo de alumnado presencial, ¿quién va a dar clase al alumnado que no va? Pues nadie. Se les va a dejar, con suerte, con cuatro ejercicios que les habrán enviado sus profesores o, simplemente, se les dejará sin atención educativa de ningún tipo. No, no puede exigirse que un docente duplique su horario laboral. Al igual que no puede exigirse a un responsable de caja de un supermercado que, en lugar de trabajar 8 horas, doble a diario su turno hasta llegar a las 16. Es que es de cajón. Por tanto, y por mucho que haya algunos docentes que intenten hacerse los héroes (algo que va a acabar con su salud porque doblar horario es inhumano), la realidad es que todo el alumnado va a recibir solo la mitad del aprendizaje que les tocaría.

Y, finalmente, toca hablar de los maravillosos ámbitos. Unos ámbitos que consisten en que, el mismo profesor de, por ejemplo Lengua Castellana (caso real) va a dar Lengua Catalana, Lengua Castellana y Ciencias Sociales al alumnado de Primero de ESO. ¿Realmente alguien cree que ese docente está preparado para dar catalán y sociales? Pues va a tener el mismo nivel que el que podrían tener muchos padres. Es decir que, los ámbitos, sin codocencia de expertos en cada asignatura, lo único que hace es que reciban clases muy deficitarias. Un detalle… los docentes que justifican que saben dar asignaturas que nada tiene que ver con lo que saben, tienen muy poco de profesionales. Claro que todos hemos dado, en ocasiones y bajo “el maldito concepto de afines” asignaturas que no eran de nuestra especialidad pero, sinceramente, convertir una excepción en algo habitual no lo veo. Lo que me sorprende es la cantidad de docentes que se han prestado (porque dar ámbitos ha sido voluntario en muchos centros y docentes lo han escogido voluntariamente) y que tan poco respeto tienen al alumnado.

En el último punto voy a comentar un detalle que ya he dejado caer el el párrafo… si los ámbitos se dan entre varios docentes que intervienen a la vez en ese grupo, con diferentes especialidades, no habría ningún problema.

Son tres medidas que no hay por dónde cogerlas ni cómo justificarlas. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que, cualquiera de las tres (y ya no digamos las tres en su conjunto) son perniciosas para el aprendizaje del alumnado.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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