Al César lo que es del César

Me parece fantástico lo que ha montado César Bona a su alrededor. No todo el mundo, situado en un determinado lugar en un determinado momento, ha sabido aprovechar tan bien las oportunidades que se le han brindado. Siempre me ha gustado hacer el símil de César Bona con Belén Esteban. Dos modelos de mercadotecnia muy similares que han conseguido, gracias a su esfuerzo y tesón, hayan llegado como hayan llegado a ser conocidos, conseguir mantenerse en el candelero. Uno en el candelero educativo y otra en el candelero del corazón.

Algunos hemos oído las primeras charlas de C.B. (si me permitís, voy a ahorrar tiempo con las siglas -las siglas, en la escuela del siglo XXI molan-) y alguna de las últimas. No tienen nada que ver. Tiene mucha mejor dicción, se hace más con la cámara y tiene una manera de estar muchísimo más relajada. Y eso es algo que no se logra solo con la práctica. También hay mucho esfuerzo detrás. Esfuerzo que, seguramente, hace que deba de prepararse mucho tiempo qué va a decir y cómo hacerlo. Su trabajo es venderse y lo hace muy bien. Yo tengo una charla el lunes ante un centenar de docentes y, a estas alturas, todavía no sé cómo saldrá. Voy a ir un poco improvisando porque mi trabajo no es dar charlas. Mi trabajo, por cierto, ahora tampoco es dar clase y por ello me estoy formando en lo que sí que estoy trabajando. En una parte mucho más técnica. Otra cuestión es lo que haga en mi tiempo libre, lo que lea o me interese (de)formarme.

No se puede atacar a C.B. por sus postulados educativos, como si vinieran de un experto o gran conocedor de la educación, porque no lo es. Es otra cosa. Es un producto de marketing fantástico. Es alguien que debería sacarse de ejemplo en todas las Facultades relacionadas con la mercadotecnia y el marketing. No alguien que debería sacarse en las Facultades de Educación. Su opinión es tan válida o poco válida como la de cualquiera. Pero su visibilidad hace que se tome, por parte de algunos, como algo más potente. Y no. No es eso. Él no vende saber de educación. Él se vende. Y si os fijáis en sus charlas poco se le puede cuestionar. Al igual que poco podemos cuestionar de alguno de esos que se venden como oradores de algo.

Yo no puedo menos que aplaudirle. No me da envidia, porque a mí me preocuparía estar tan expuesto. Como me preocuparía estar tan expuesto como otros en otros ámbitos. Ha sabido encontrar un trabajo en el que, además, lo está haciendo bien. Cuenta cuentos para personas que quieran escuchar esos cuentos. Además, en ningún momento obliga a comprar sus libros u oír sus charlas. Eres libre para escucharle o no. Nadie te pone una pistola en la cabeza y te dice… ve a la librería y cómprate el libro de C.B. Esto no funciona así.

No sé si fue un buen docente en su aula en el tiempo que estuvo en ellas. Si hubiera seguido ahí por no haber sabido aprovechar el momento (o lo que él consideró aprovechar el momento) quizás nadie hablaría de él. Y sería como tantos que intentan hacer lo que pueden con lo que tienen. A veces saliendo las cosas bien. A veces saliendo las cosas mal. Pero, en su caso concreto, ha conseguido ser feliz haciendo lo que hace (si no fuera así volvería al aula porque siendo funcionario puede volver). Y si le gusta lo que hace mientras no haga mal a nadie (y no hace mal a nadie porque, si uno se cree ciertas cosas es porque quiere creérselas), ni su discurso incentive a nada ilegal, me parece fantástico.

Por cierto, podría haber puesto otro ejemplo porque tenemos unos cuantos de estos. Personas que saben mucho de lo suyo pero, en este caso, lo suyo poco tiene que ver con lo que sucede en el aula. O con el sistema educativo en general.

Finalmente, volviendo a lo personal, al igual que yo tampoco puedo saber de primera mano cómo están funcionando las cosas durante la pandemia en las aulas (salvo por mi mujer, hermana y cuñado/a), es arriesgado hacerme caso sobre cosas que no sé. Ahora estoy en una faceta mucho más tecnológica y, lo que sí que tengo claro es cuál es mi trabajo y para qué me pagan. Eso sí, en mi tiempo libre puedo hablar con gente que sí que sabe cosas que están pasando o leer sobre educación. Lo puedo hacer gracias a que es mi hobby y no debo dedicar tanto tiempo a venderme como otros. Tampoco sabría hacerlo tan bien, aunque la materia prima, sin despreciar ni al del leitmotiv del artículo ni a ese youtuber que aparece en todas partes, sea muchísimo mejor a nivel de lorzas. 🙂

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