Lo reconozco. Tengo un grave problema, tanto de falta de constancia como de falta de evitar determinados «trabajos» que, en principio, ni van ni vienen directamente conmigo. Por suerte «casi siempre» acabo pisando el freno antes de aceptar seguir conduciendo en determinadas carreteras. Me quiero mucho y, especialmente porque me quiero mucho, es por lo que estoy absteniéndome de ciertas cosas.

Como os he contado en más de una ocasión en los últimos tiempos, el centro en el que tengo la plaza definitiva se convierte en un Centro Integrado de FP y a los definitivos (a la mayoría) nos van a recolocar en el nuevo centro al que llevan (o llevarán, al ritmo que van las obras) el curso que viene todo el alumnado de ESO y Bachillerato. Tanto de éste como de otro. Se crea un macrocentro de 1300 alumnos. Y ahí entra el leitmotiv de este post. ¿Quién se va a hacer cargo de pringar en la dirección del nuevo centro? Pero, mucho más importante que la persona es, ¿qué proyecto de dirección va a tener? ¿Qué líneas pedagógicas? ¿Qué modelo de funcionamiento a nivel de gestión de las TIC? ¿Qué distribución de asignaturas? ¿Qué medidas para potenciar el aprendizaje? ¿Qué medidas para atender la diversidad? ¿Qué normas en la realización de los horarios del profesorado? ¿Qué medidas para mejorar la comunicación con las familias? ¿Qué…?

Pues voy a seros sinceros. Me hace mucha ilusión entrar en un centro educativo nuevo. Eso sí, os confieso que, por motivos personales, he pedido que me hagan un hueco en el que estoy ahora y no tener que trasladarme al nuevo. Pero como supongo que voy a ir al nuevo o van a ir compañeros a los que aprecio, alumnado al que creo que se les ha de ofrecer lo mejor y familias muy necesitadas de muchas cosas, me ha pasado por la cabeza el tema de la dirección. No, no me estoy refiriendo a postularme para el cargo. Ya hay una persona de mi centro que quiere ser la directora y, sinceramente, jamás se me pasaría por la cabeza, menos a estas alturas de la película, quitar la ilusión a nadie. Salvo, claro está, que mi situación personal (tanto familiar como médica) cambiara mucho. Es más fácil que volvamos a ver la gasolina a euro el litro. Así que imaginaos.

¿De qué estaba hablando? Ah, sí. De la dirección y gestión del nuevo centro. Y para eso nada mejor que contar con un proyecto de dirección sólido y «cumplible». Voy a ir más lejos, debería ser un proyecto de dirección realizado entre todos los docentes del centro, sometido a la validación del Consejo Escolar, que también podrían/deberían realizar aportaciones y que incluyera, de forma muy exhaustiva qué se pretende, se temporizaran los objetivos y se dijera cómo llegar a ellos. El humo en papel, como el 90% de proyectos de dirección, es algo que nunca me ha gustado. Lo que se escribe debería hacerse. Si no, ¿qué sentido tiene ese proyecto? ¿Cumplir el expediente para que me den el cargo? Creo que entendéis por dónde voy.

Esta semana finiquito dos proyectos que me llevan agobiando desde hace un tiempo. Uno continuará pero, por suerte, el otro me lo he quitado de encima. Estamos a mediados de marzo. Me queda abril y mayo para proponer, mediante un documento colaborativo, unas líneas maestras acerca de qué y cómo se debería trabajar en el nuevo IES. Un documento que regalaré a la persona que quiera enfrentarse con ese reto de asumir la dirección porque, sabéis qué, aunque sea un poco trasnochada mi idea de la educación, sigo creyendo que la democracia en los centros educativos es algo que se debería potenciar mucho más. Y todos tienen/tenemos ideas que pueden aprovecharse. ¿Por qué no usarlas y pinchar a aquellos que prefieren siempre abstenerse de dar su opinión?

Pues sí, ese proyecto de dirección del que usted me habla es un documento que, sin prometerlo ni afirmarlo, pero con intención de poder ponerme a ello si los astros se alinean, voy a compartir con mi Claustro. Aún sigo teniendo ganas de hacer cosas por mi contexto más cercano. Y no todo van a ser cosas frikis.

Por cierto, esto no lo sabe nadie de mi centro. Así que guardadme el secreto.

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