5 papeles que podrían quemar todos los docentes sin que nadie, salvo algún burócrata, llorase

Estamos inmersos en una psicosis colectiva. Me refiero a la creencia de que si algo no está registrado en un PDF con firma digital o subido a alguna de esas plataformas que funcionan dos días de cada siete, no ha ocurrido. La burocracia educativa ha dejado de ser un trámite para convertirse en un mecanismo de extorsión temporal. Nos roban las horas de clase para obligarnos a fabricar pruebas de nuestra propia inocencia.

Es hora de sacar la guillotina en este artículo que, además, y con la que está cayendo en muchas Comunidades, es totalmente constructivo dando indicaciones a las administraciones acerca de qué pueden hacer para mejorar la educación. Aquí van cinco ejemplos de basura burocrática que insultan la inteligencia del docente y que podrían desaparecer mañana mismo sin que el aprendizaje del alumnado sufriera lo más mínimo. Al contrario… por fin tendrían un docente delante y no un administrativo quemado.

Por cierto, ya os informo que solo llevo estos párrafos y ya me han surgido varios ejemplos más de cosas de las que podríamos prescindir a nivel documental o presencial. Algo que me guardo para días en los que esté falto de inspiración.

En primer lugar me cargaría todos los planes individualizados o de refuerzo infinitos para alumnado que no quiere estudiar o tiene dificultades graves, pero con ratios de 30. Si un alumno tiene dificultades graves no necesita papeles, necesita atención educativa por parte de profesionales. Y si un alumno ha suspendido por no haber pegado un palo al agua, no es necesario escribir cinco páginas justificándolo. Ni proponer, en hojas y hojas que nadie se va a leer jamás, algo tan simple como que empiece a trabajar.

Además, el alumno necesita que le expliques la lección, no que rellenes un anexo de la LOMLOE explicando las estrategias de andamiaje emocional (o cualquier otra frase igual de absurda) que has usado. Quememos los informes de refuerzo que nadie lee y usemos ese tiempo para dar el refuerzo de verdad.

Nadie, absolutamente nadie en la historia de la humanidad, se ha leído una programación didáctica o de aula completa. Es un documento de ciencia-ficción jurídica que solo sirve para que el centro esté blindado ante una reclamación. Y ya os digo yo que no blinda una mierda.

Mi propuesta sería prohibir por decreto que una programación ocupe más de tres páginas. Contenidos, criterios y evaluación. Punto. El resto es literatura para alimentar el ego de los diseñadores de currículos. O para que algunos sientan un orgasmo sin precedentes al ver lo que pesan los archivos que envían a la administración en forma de PGA o cosas similares.

Evaluar una redacción mediante una rúbrica de 40 ítems competenciales no es objetividad, es una tortura china. Perder 15 minutos marcando casillas sobre la «conciencia ecosocial en la expresión escrita» en lugar de dedicar dos minutos a explicarle al alumno por qué ha puesto una falta de ortografía o por qué su argumento no tiene sentido.

No cuesta nada volver al comentario cualitativo y al criterio profesional. El ojo de un experto vale más que mil cruces en una rúbrica. Y el experto es el que tiene a ese alumno en su clase.

Ahora no basta con hacer una actividad chula; hay que evidenciarla. Fotos, subida de archivos a la plataforma, justificación de la competencia digital docente… Perder horas y horas haciendo fotos de los chavales trabajando en grupo para subirlas al porfolio de «centro innovador» o para justificar que algunos se han ido de Erasmus a otro país es una pérdida de tiempo. Si la actividad es buena, el resultado está en la cabeza del alumno, no en tu cuenta de Instagram o en el servidor de la Consejería de turno. No digo en el servidor del Ministerio porque si los servidores de las Consejerías son reguleros, ya os digo yo que el del Ministerio algún día va a dar algún susto a más de uno.

Pasamos horas en reuniones de departamento, de ciclo o de coordinación de bienestar para terminar redactando un acta que dice que «se han tratado los temas previstos». Si la reunión se puede resumir en un email de tres líneas, la reunión no debería haber existido. Prohibido levantar actas de reuniones que no tomen decisiones ejecutivas. El tiempo de reunión es tiempo robado a la preparación de clases, a la corrección o a la actualización formativa.

La burocracia no es gestión de la calidad. Es pánico administrativo o simple papeleo recurrente. El sistema trata a los docentes como a presuntos culpables que deben demostrar cada día que han trabajado. Si elimináramos estos cinco tumores burocráticos, cada docente recuperaría entre 5 y 8 horas semanales. Imaginad lo que podríamos hacer con ese tiempo.

Los que os piden un último esfuerzo con el papeleo son los mismos que nunca han tenido que corregir 120 exámenes en un fin de semana mientras rellenan el informe de convivencia de un alumno que les ha insultado en clase.

Reducir la burocracia tiene un coste económico nulo. Por eso no entiendo que sabiendo todo el mundo que la mayoría de los papeles que se hacen en los centros educativos no sirven de nada, nadie tome la decisión de cargarse ciertas cosas. Salvo, claro está, que toda esta burocracia, papeles inútiles y reuniones improductivas, sirva para derivar la vista de lo realmente importante. Y lo importante es que nuestro alumnado aprende cada vez menos.

Finalmente, y no puedo resistirme a ello, voy a decir otra cosa totalmente absurda del sistema educativo muy relacionada con el artículo de hoy. ¿Alguien entiende por qué en pleno siglo XXI con una ley que lo prohíbe, tengamos que volver a entregar (casi) todos los papeles a la administración cada vez que participamos en un proceso administrativo? ¿De verdad la administración necesita que, por ejemplo, cuando haces un cambio de especialidad o de cuerpo siendo ya funcionario, tengas que volverles a enviar el título de funcionario de carrera sin el cual, curiosamente, no podrías estar trabajando antes de aprobar esos procesos? Absurdo. Ilógico. Demencial.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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