El Xokas de la pedagogía… a diario en vuestra red social favorita
Hay una escena que se repite con una regularidad casi científica. Siempre hay alguien en redes se indigna porque un streamer, un youtuber o un personaje mediático opine de cualquier cosa. Se lleva las manos a la cabeza, escribe un hilo inflamado, invoca la ética profesional, la responsabilidad social y, si hace falta, en caso de ser un pedagogo 2.0, a Dewey, Freire y la UNESCO en el mismo párrafo. Luego cierras el hilo, miras el perfil del indignado y descubres que no pisa, como alumno (¡ya que como docente, normalmente no lo ha hecho nunca!), un aula de etapas obligatorias desde que había pizarrines o los proyectores hacían ruido de tractor.
Pero claro, eso no cuenta. Porque él o ella tiene bibliografía. Y eso, al parecer, purifica cualquier forma de cuñadismo.
El Xokas opina de todo. Sin filtros. Sin bibliografía. Sin pedir permiso. Y eso es escandaloso. El pedagogo de torre de marfil opina de todo también, pero lo hace con un PDF, un gráfico con colores pastel y un DOI. Y eso, mágicamente, se convierte en sabiduría revelada.
Lo divertido es que el mecanismo es exactamente el mismo. Mismas certezas absolutas. Mismo desprecio por la complejidad real. Mismo gusto por la frase contundente que cabe en un tuit. Mismo subidón de dopamina cuando el hilo se viraliza. La única diferencia es que uno lo hace desde Twitch y el otro desde el sofá de casa o ese lugar de trabajo que pisa más bien poco.
Ellos simplifican décadas de práctica docente en tres viñetas y una infografía. Critican la polarización. Ellos dividen el mundo entre iluminados innovadores y cavernícolas resistentes al cambio. Critican el espectáculo. Ellos convierten cada moda pedagógica en un show con merchandising intelectual y fotos con fondo degradado.
Lo mejor, lo verdaderamente delicioso, es que esta misma gente se escandaliza cuando un streamer como El Xokas opina de cualquier cosa. «¿Quién es este para hablar de política?», «qué irresponsable», «esto es cuñadismo digital», «qué superficialidad». Mientras tanto, ellos tuitean a las once de la mañana en horario laboral, con un hilo kilométrico sobre cómo deberías enseñar, evaluar, motivar y respirar en clase. Sin haber estado en una en años. O nunca.
Te hablan de motivación sin haber mirado a los ojos a un grupo que te odia a primera hora de lunes. Te hablan de evaluación auténtica sin haber corregido 150 trabajos con plazos imposibles. Te hablan de inclusión sin haber tenido que equilibrar en tiempo real 25 realidades incompatibles. Pero lo cuentan tan bien, con tanto anglicismo y tanta cita, que casi te sientes culpable por haber pasado la mañana dando clase en lugar de escribir un hilo brillante o hacer un vídeo para TikTok.
Y luego se permiten el lujo de mirar por encima del hombro a El Xokas. Como si la diferencia entre ambos no fuera solo estética. Como si uno no fuera un opinador de masas con cámara y el otro un opinador de masas con PowerPoint. Como si uno no buscara engagement y el otro estuviera en un monasterio contemplativo ajeno a los likes. La realidad es que ambos miran las métricas.
La pedagogía contemporánea tiene mucho de la cultura streamer. Personajes, bandos, guerras de narrativas, frases lapidarias, dogmas de temporada, cancelaciones suaves. Solo que aquí se disfraza de seriedad académica, lo cual le da una pátina de superioridad moral que resulta deliciosamente hipócrita.
Opinar sin vivir la experiencia es humano. Opinar sin vivirla y presentarlo como verdad incontestable es otra cosa. El streamer no finge ser el oráculo de Delfos de la educación. El opinador de biblioteca, muchas veces, sí. Y cuando alguien que pisa aula le dice que la realidad es más sucia, más caótica y menos inspiradora que sus gráficos, se ofende. Porque la realidad es muy poco sexy para LinkedIn.
Así que la próxima vez que alguien se rasgue las vestiduras porque un influencer habla de cualquier cosa, hazle una pregunta simple… ¿cuándo fue la última vez que tuviste un grupo real durante un curso entero, con tutorías, conflictos, familias, claustros y lunes eternos? Si la respuesta es vaga, remota o inexistente, no estás ante un sabio. Estás ante el Xokas académico.
Solo que sin cámara, con despacho, con café con leche sin lactosa y con la firme convicción de que su cuñadismo es epistemológicamente superior.
Hipocresía premium. Cuñadismo indexado. Y miles de docentes haciendo su trabajo al margen de estos cuñados.
Como corolario al artículo de hoy me gustaría deciros que sí que podemos y debemos criticar ciertas cosas que dicen ciertos personajes. Otro tema, insisto, es negarles lo mismo que, en realidad hacemos todos en alguna ocasión… opinar sobre temas que desconocemos. La política de la cancelación no está, por suerte y a diferencia de otros, en mi ADN.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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