De Wakanda a Star Wars

Para aquellos “muy raros” que no conozcáis Wakanda, se trata de un país ficticio situado en el África subsahariana, creado por Marvel Comics. Es el hogar del superhéroe Pantera Negra. Un país técnicamente muy avanzado cuyo modelo social, curiosamente, está anclado en el pasado. Algo muy parecido, como bien podréis intuir, a lo que está sucediendo en el ámbito educativo. Bueno, o quizás no. Y en ese quizás no está la clave de este post.

¿De verdad alguien cree que la culpa de no avanzar en educación es de las mesas verdes y la pizarra en la que, día sí y al otro también, aparecen penes de diferentes tamaños y formas? Sí, los penes están a la orden del día y tenemos muchos imitadores de Bansky, en su versión testicular, en el aula. No hay pizarra tradicional sin pene. Incluso en las blancas. Además, en este caso, al ser bastante más complicado chorizar un rotu que una tiza, la profusión artística se reduce drásticamente. Pero vayamos a la pregunta, ¿realmente estamos en un Wakanda educativo? ¿Realmente un avance tecnológico consiste en poner ruedines a las sillas? ¿Es avanzar dedicarse a hacer un póster, sustituyendo el plastidecor o los carioca de toda la vida, mediante un Genially? Entre el Satisfyer y el dedo dicen que no hay color, ¿hay color en el tema del póster? ¿O en hacer sumas con una tablet? A ver si alguien se aclara de una vez.

Wakanda es el paraíso de los pedagogos. Y de los antipedagogos con críticas cargadas de pedagogía. La pedagogía es como los culos. Cada uno tiene la suya. Y en Wakanda, una grande, libre y según quién mande, más o menos roja o azul, conviven todo tipo de especímenes. Con gafas, sin gafas, con pene, sin él o, simplemente, con mayor o menor atractivo subjetivo. Incluso hay algunos especímenes que se empecinan en usar libros de texto mientras otros hacen sus “maravillosos” vídeos. Hay flipados y flipantes. Wakanda, tiene tantas taifas como repúblicas independientes en formato alfombra vende Ikea. La diversidad es maravillosa. La clave es que todos sepan cagar por el mismo agujero. Porque el cagar lo iguala todo. El proceso, no el truño. Es que todo se debe aclarar.

La pena es que los jedis hayan invadido Wakanda. Ni Pantera Negra ni la Pantera Rosa (a ver, que donde esté una buena torrija…) impiden que se debata sobre evidencias en educación. Unos creen en ellas, otros se las montan y un tercer grupo, más inteligente que los anteriores, hace lo mismo que hace con su currículum: se lo pasa por el forro. Por la entrepierna. Una entrepierna en la que, es más habitual en docencia, que exista más potorro que porro.

Lo mejor es reírse del contrario o llevar el debate al ataque personal. Eso encubre las limitaciones de uno para ponerse a argumentar. Vamos a ser sinceros, argumentar cansa y, mientras siga habiendo algunos que repartan sables láser en las puertas de los coles o con la nómina de cada mes, es mucho mejor ponerse a usarlas. Aviso para detractores de cosas previas que se tienen que saber o saber hacer… sin pilas o conectarla a las baterías (las de versión 3.0) no funcionan. Es que hay cosas que van antes que otras.

Hoy es de esos días en los que he aporreado el teclado y, sinceramente, me importaba entre poco y nada lo que iba a salir de ahí. Tampoco voy a releerlo. Estoy en modo pereza con un sofá que me está llamando con los mismos gritos que dan las tortugas a la hora de copular. Algo imposible de resistir para todos aquellos aficionados a los programas, de canales muy poco vistos, que garantizan la siesta a media tarde.

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