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El melón de los fondos europeos para educación

En ocasiones culpamos a las administraciones educativas por cuestiones ajenas a ellas. En otras, como es lógico, las culpamos por cuestiones que sí que les competen (LOMLOE, evaluación, currículo, ratios, infraestructuras, etc.). Dentro de las primeras, uno de los grandes melones que deberían abrirse, es el tema de los fondos europeos FINALISTAS destinados a la educación. No solo a la española. A la educación de todos los países que están dentro de la UE.

En estos últimos tiempos han llegado millones de euros destinados a la digitalización educativa. Tanto en partidas destinadas a la compra de determinado equipamiento, como en temas de competencia digital (marcado por los fondos europeos Next Generation). Son, aproximadamente 3.600 millones de euros para comprar tecnología y, entre otras cosas, contratar a esos “mentores digitales”, que se supone que van a ayudar a realizar los Planes Digitales de Centro y ayudar a realizar encuestas para conocer el nivel de digitalización de los centros educativos.

Todo ese dinero permitiría disponer de 20.000 docentes más en las aulas a lo largo de una década, construir cerca de 500 centros educativos o reparar todas las infraestructuras de TODOS los centros educativos, además de pagar todos sus gastos energéticos y de mantenimiento por más de 50 años. Lo digo por poner en contexto el dinero invertido.

¿Tiene sentido una adquisición de equipamiento digital millonaria? ¿Se ha diseñado el proyecto pedagógico y de formación para su incorporación? ¿Se ha priorizado esta inversión frente a otras inversiones más necesarias y se ha luchado por ello en el Parlamento Europeo? O, como algunos pensamos, ¿serán estas cantidades algo destinado a pagar ciertos favores como los que hemos conocido hace nada?

Estoy totalmente a favor de la digitalización de la educación en nuestro país. Estoy convencido de que, con dinero finalista, las Consejerías y el Ministerio lo están intentando gestionar lo mejor que pueden. Pero, sinceramente, a mí todo lo que signifique abocar tecnología de forma descontrolada a las aulas, antes de haber analizado o habiéndolo hecho y con resultados negativos, es un error. Un error que, por desgracia, acaba costando al erario público miles de millones de euros porque, no hemos de olvidar nunca que el dinero de Europa procede también de los impuestos que se pagan aquí, mediante el establecimiento de fondos de cooperación.

Creo que el melón del tema de los fondos europeos debería abrirse. También deberíamos abrir el modelo de digitalización por el que se está optando en nuestro país. Y, en caso de que dicho análisis indique que conviene “parar el desembarco de ciertas cosas”, deberíamos hacerlo. No por estar a la última en tecnología vamos a mejorar el aprendizaje del alumnado. No lo digo yo. Lo dicen todos los estudios independientes que existen hasta ahora. Salvo unos pocos que indican que “usar las TIC ni mejora ni empeora el aprendizaje”. Si ni mejora ni empeora, ¿por qué vamos a gastarnos 3.600 millones de euros en tecnología?

Dinamizar el mercado de las tecnológicas no debería hacerse con dinero público. Salvo, claro está, que dicha dinamización mejorara, en nuestro caso, el aprendizaje de nuestro alumnado.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

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