El impacto del material usado, las herramientas y la metodología, es residual en el aprendizaje del alumnado

Salta la sorpresa. Por lo visto tanto el material usado con nuestro alumnado, las herramientas que usemos en el aula o la propia metodología es algo que no tiene prácticamente ningún efecto en el aprendizaje de nuestro alumnado. Y, como digo siempre. No lo digo yo. Lo dicen las evidencias e investigaciones sobre este tema. Algo que es bastante más serio que lo que pueda decir yo aquí o en la barra del bar, sustituida por las redes sociales que, por desgracia (no solo) en el ámbito educativo, se han convertido en una trituradora humana.

Según Taylor et al. (2015), después de haber analizado el uso de diferentes materiales educativos, entre ellos libros de texto y materiales digitales de diferentes editoriales, se demostró que la influencia de los mismos era mínima. Que, en ningún caso era relevante el uso de un determinado material para el aprendizaje del alumnado y que, tanto el material de las editoriales como el material realizado por los propios docentes o encontrado por internet, no tenía prácticamente influencia en su aprendizaje.

Ese análisis se realizó con posterioridad en algunas asignaturas muy concretas. Por ejemplo, Blazar et al. (2019) encontraron que usar diferentes libros de texto o materiales para matemáticas en un equivalente de nuestro país de cuarto y quinto de Primaria no se observaron diferencias en el rendimiento medio del alumnado. Algo que valida los estudios previos de Polikoff et al. (2018). Y eso es algo que debería llevarnos a reflexionar acerca de cuál es la clave para mejorar la educación porque, si las investigaciones nos dicen que el uso de un determinado material o herramienta, incluso la propia metodología, es irrelevante para el aprendizaje, solo hay dos claves que podrían permitir una mejora en ese aspecto: la profesionalidad del docente (lo mucho que sepa y que sepa cómo llegar al alumnado) y las decisiones curriculares.

Es importante también destacar que, en el caso de Estados Unidos, al igual que en el de otros países, el modelo de control de libros de texto y herramientas, previas a su validación por parte de la administración educativa, ha desaparecido y no hay ningún requisito previo para usar lo que el docente considere en cada momento. Además, en este caso, a diferencia del modelo que existe en la mayoría de nuestro territorio, no hay obligación de mantener esos libros de texto, salvo por decisiones individuales de cada centro, a lo largo de un determinado lapso temporal.

Pero no solo es importante destacar que usar un determinado material o usar un determinado abordaje, de forma descontextualizada al alumnado, no tiene ninguna influencia acerca del aprendizaje que recibe el alumnado. Hay algo todavía más interesante en las investigaciones y es que, según afirma Steiner (2018) dedicar horas a crear materiales por parte de los docentes, da lugar a lecciones de escaso rigor y calidad y es un uso menos valioso del tiempo del docente que analizar el trabajo del alumnado, dar feedback, desarrollar experiencias en el aula y establecer relaciones con el alumnado y sus familias.

Por tanto, ¿qué podemos deducir según las investigaciones? ¿Qué podemos decir, siempre con todas las precauciones posibles, acerca del impacto que tiene el uso de un material u otro, una herramienta u otra o, simplemente, una estrategia de abordaje? Pues que el material usado en el aula es irrelevante, que lo importante es el conocimiento de los docentes en su materia, la experiencia que ayuda a tener más capacidad de adaptación al contexto y que el dedicar tiempo a crear materiales propios es una pérdida de tiempo que, al final, detrae tiempo de lo realmente importante para la mejora educativa: la calidad de la enseñanza, el feedback, la coordinación y el desarrollo de experiencias significativas en el aula.

Lo sé. Seguramente estas investigaciones que os menciono os romperán todos los esquemas a algunos. Yo también he elaborado muchos materiales para mi alumnado y, sinceramente, ahora creo que no volvería a hacerlo porque, al final todo el material ya está, o bien disponible por internet de forma gratuita o bien, mediante pago, en formato analógico o digital. Y tal y como dicen las evidencias, usar A o B no es relevante para el aprendizaje del alumnado. Salvo, claro está, que seas la empresa que elabora A o vende la herramienta B que, seguramente hablarás maravillas de lo tuyo.

Finalmente me gustaría aclarar una cuestión. No es malo que haya empresas que hagan materiales educativos ni que diseñen herramientas para ser usadas con nuestro alumnado. Tener un manual básico o que nuestro alumnado lo tenga es clave, especialmente para el alumnado más vulnerable o el que tiene más problemas (dislexia, discalculia, etc.) pero, hemos de tener en cuenta que es irrelevante la calidad del mismo porque, al final, lo que hace potente y significativo el aprendizaje del alumnado, especialmente en etapas obligatorias, es ese profesional que tiene delante suyo. Un profesional que si lo es de verdad (como la inmensa mayoría de los que hay en las aulas) sabrá cómo abordar su materia delante de su alumnado.

Bibliografía

Blazar, D., Heller, B., Kane, T., Polikoff, M., Staiger, D., Carrell, S.,…y Kurlaender, M. (2019).Learning by the Book: Comparing math achievement growth by textbook in six Common Core states. Research Report. Cambridge, MA: Center for Education Policy Research, Harvard University. Recuperado de https://cepr.harvard.edu/files/cepr/files/cepr-curriculum-report_learning-by-the-book.pdf.

Polikoff, M. S., Campbell, S. E., Koedel, C., Le, Q. T., Haraway, T., y Gasparian, H. (2018). The formalized processes districts use to evaluate textbooks. University of Southern California Working Paper.

Steiner, D. (2018). Materials matter. Learning Professional,39(6), 24–28.

Taylor, J.A., Getty, S.R., Kowalski, S.M., Wilson, C.D., Carlson, J. y Van Scotter, P. (2015).An efficacy trial of research-based curriculum materials with curriculum based professional development. American Educational Research Journal, 52(5), 984-1017.

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Un comentario

  1. Efectivamente, el informe nos documenta que hacer un importante esfuerzo económico en material educativo y en cambios curriculares no se traslada en absoluto a una mejora educativa real. Luego la clave de la mejora educativa tiene que estar en otro lado.

    Cualquiera que sepa de enseñanza entiende que la profesionalidad del docente, junto con su energía, su tiempo y su motivación, son determinantes en cualquier mejora educativa. De aquí que sea inaceptable sobrecargar al profesorado con burocracia y arrastrarlo hacia tareas que lo descentren y que compitan por debilitar los esfuerzos puramente docentes, ya de por sí abrumadores.

    Pero aún así, falta citar la clave más decisiva en educación, la clave por excelencia: el interés y la motivación del propio alumno por querer aprender.

    Da igual que tengamos un aula hipermoderna con libros maravillosos, profesores extraordinarios, etc.: siempre nos encontraremos, desde la primera clase en adelante, con muchos alumnos inteligentes, hábiles y capaces, que parecen como peces fuera fuera del agua. Alumnos que en el mejor de los casos se limitan a simular que atienden, alumnos que reaccionan antes al vuelo de una mosca que a lo que sea que se esté haciendo en la clase, y hasta alumnos que encuentran divertido e interesante interferir con la clase. Detrás de este cuadro siempre se esconde, a la vista de todos, que hay un grave problema de interés y de motivación por parte del alumno. Al alumno (a una parte importante de los mismos) le resbala hacer de alumno.

    Ante eso no hay profesor increíble, libro excelso, medios desaforados, legislación hiperventilada que mejore un ápice la educación. Sin embargo, muchos se obcecan en que el problema se resuelve en el aula: tal vez habría que mirar afuera, en la esfera cultural de la vida, en la diversidad asumida con naturalidad, en el desarrollo personal desde la propia perspectiva. En la individualidad y en la evolución del propio pensamiento, al ritmo que cada uno se permite.

    Y no, no es un problema de las familias. La Cultura es un asunto de todos, y hasta tenemos un ministro de Cultura. No es un asunto exclusivo de la “industria cultural”, velando por su flujo de caja. Aquí si que hay mucha innovación pendiente y provechosa con sinergias en la Educación. La Cultura está actualmente dando la espalda a los más desfavorecidos y vulnerables, ya que no fomenta con suficiente empeño el espíritu crítico y las habilidades básicas para que los estudiantes vayan a la escuela con otra mirada.

    Siempre que muchos “innovadores” hablan de la necesidad de “cambiar la mirada” se refieren a cambiar la mirada de los profesores. No. La mirada clave que hay que permitir que cambie es la de los alumnos. Sólo entonces llegará la felicidad a la enseñanza.

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