6 cosas que deberían desaparecer hoy mismo de la educación

En educación nos encanta añadir. Añadir leyes, añadir burocracia, añadir «días internacionales» de cualquier chorrada y añadir aplicaciones de colores. Pero nadie se atreve a restar. Nadie se atreve a decir que, para que el sistema respire, hay que prohibir ciertas prácticas que se han convertido en tumores para el aprendizaje.

Si mañana el sentido común tomara el mando del Ministerio, estas serían las 6 cosas que pasarían a la historia. Y no sería por autoritarismo, sería por pura supervivencia civilizatoria.

Prohibido el aprobado por decreto y el regalo de títulos.

Se acabó la estafa. Prohibido por ley que un alumno titule con materias suspensas mediante una decisión colegiada que no es más que presión política para que las estadísticas no chirríen. Regalar un título es el acto más cruel contra un alumno de clase trabajadora. Le haces creer que está preparado cuando le entregas un papel mojado que la realidad le escupirá en la cara. Evaluar debe volver a ser certificar, no maquillar.

Prohibido el uso de pantallas como sustituto del libro.

Basta de un dispositivo por alumno en etapas donde el cerebro aún está aprendiendo a concentrarse. Prohibido sustituir la lectura profunda y la escritura manual por el clic y el corta-pega. La tecnología debe ser una herramienta puntual, no el paisaje permanente del aula. Hemos convertido los colegios en centros de dopamina digital donde los niños no aprenden a pensar, sino a deslizar el dedo. Si queremos ciudadanos críticos, necesitan papel, silencio y lápiz.

Prohibido el docente solo ante ratios de 30.

Debería ser ilegal abrir una clase con 30 alumnos y un solo profesor. Es una negligencia laboral y pedagógica. Si la administración quiere inclusión, que la pague. Prohibido el aula masificada… o se bajan las ratios a la mitad, o todo es mentira. Todo lo que no sea eso es custodia de menores de bajo coste, no enseñanza de calidad.

Prohibido el maquillaje burocrático.

Prohibido obligar al docente a rellenar rúbricas de 40 ítems por alumno y planes de refuerzo que nadie lee y que solo sirven para blindar administrativamente al centro ante posibles reclamaciones. Cada hora que un profesor pasa rellenando un documento burocrático -e inútil- es una hora que le roba a la preparación de su clase o a la corrección de sus alumnos. La burocracia no es calidad; es el refugio de los que no saben qué pasa en el aula.

Prohibido el cuestionamiento del criterio profesional por parte del usuario del servicio.

Se acabó tratar la educación como un servicio de hostelería. Prohibido que una familia o un alumno puedan tumbar un criterio académico basándose en «mi hijo se ha sentido frustrado». El docente es la autoridad intelectual en el aula. Debemos prohibir que la inspección o las direcciones fuercen cambios de notas para evitar conflictos. El respeto al experto no es negociable. Si no hay autoridad académica, no hay escuela, hay un parque infantil con aire acondicionado. Y no, esto no implica que, ante despropósitos de una minoría muy minoritaria de docentes, se deban tomar medidas.

Prohibido el anonimato de la «casta educativa»… evaluación para todos.

Prohibido que los que diseñan las leyes, los que gestionan e inspeccionan los centros y los gurús que cobran por darnos charlas no sean evaluados por los resultados de sus ocurrencias. Si una ley educativa fracasa, el legislador debe rendir cuentas. Si una metodología estrella hunde los niveles de un centro, el gurú debe devolver el dinero. Basta de fiscalizar solo al docente y al alumno mientras los que mandan viven en una burbuja de impunidad técnica. Evaluación 360º real. Si el aula falla por tus órdenes, tú también suspendes.

Mejorar la educación no es cuestión de añadir más purpurina, es cuestión de limpieza. Si prohibimos la mentira estadística, el postureo digital, el maltrato burocrático y la impunidad de los despachos, lo que queda es la esencia. Y la esencia es un profesor que sabe, un alumno que quiere aprender y un entorno que respeta a ambos. Todo lo demás es ruido de fondo que solo beneficia a los que viven del problema.

Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.

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4 comentarios

    1. El último punto debe ser el primero. Basta ya de teorias absurdas, que cualquiera con dos dedos de frente y algo de experiéncia ya ve que no funcionará. Basta ya de que las consecuéncias de tales teorias no solo no pasen ningún control efectivo, sinó que cuando no se puede tapar el fracaso, la solución sea doblar la apuesta.

  1. Añadiría alguna más:

    Educación obligatoria hasta los 14 años. A partir de ahí, el que no se comporte a trabajar y a aprender un oficio.
    Prohibido abusar del profesorado interino. El 100% de las plantillas estables. Basta ya de profesores pata negra e interinos esclavos.
    Basta ya de que tus compañeros durante 9 meses se conviertan en tu verdugo en el mes décimo con capacidad para decidir cosas tan vitales de tu vida como si vas a poder comprarte un piso o vas a poder tener un hijo con tranquilidad.
    Cambio radical en el sistema anacrónico de oposiciones: exámenes objetivos tipo test.

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