Siento mucha envidia al ver cómo determinadas organizaciones privadas son capaces de planificar y construir centros educativos en tiempo récord. No entiendo que para construir un centro educativo público sean necesarias décadas de presión, años de licitación y meses interminables de obras que, curiosamente, siempre se acaban ajustando a períodos electorales. Hablo de construcción de centros públicos pero podría hablar de planificación, ordenación y gestión de todo tipo de procesos que se dan en las Consejerías y que acaban, en la mayoría de ocasiones, dilapidando dinero público porque, al final los tiempos se alargan hasta ser totalmente insoportables.

¿Qué eficiencia tiene una administración en la que se encuentran almacenes llenos de equipos informáticos, mesas y sillas o, simplemente, materiales que de estar guardados, han perdido toda su utilidad? ¿Qué sentido tiene plantear un centro educativo (vuelvo al primer ejemplo) hace dos décadas, aprobar su pliego de condiciones hace seis años y ya construirlo en un contexto que nada tiene que ver con el alumnado para el cual estaba planificado? Seguro que algunos dirán que así se puede gestionar mejor el dinero público. Que las formas y las exigencias de control y fiscalización hacen que nadie pueda derivar/se dinero. Pues va a ser que lo único que hace esta gestión tan lenta de determinadas cosas es que acabemos pagando cuatro o cinco veces más por determinados servicios público. Si hasta la propia administración educativa es incapaz de saber cuántos profesores tiene o dónde los tiene. Es que cuando has visto que llegan tres sustitutos para la misma plaza de alguien que, curiosamente, no está de baja, entonces te planteas quién gestiona qué. Y ya no digamos la incapacidad de tomar decisiones de forma coordinada. ¿Cuántas veces habéis visto que dentro de la propia administración educativa se den ruedas de prensa en las que dos responsables de la misma dicen cosas totalmente opuestas? Podría extrapolarlo a toda la administración pública.

La administración pública debe mejorar en eficiencia y eficacia. Y no, que a nadie le chirríen las palabras anteriores. Si hay un buen control y gestión de recursos públicos, con el dinero que tenemos, podemos hacer maravillas. Hay dinero. El problema es que, por desgracia, el procedimiento de gestión de esos fondos es surrealista. ¿Realmente alguien se piensa que no hay personal médico y de enfermería en los centros de salud o los hospitales públicos para atender más rápido que en la sanidad privada? ¿Realmente alguien cree que hay menos recursos invertidos en un instituto público que en uno privado? Por favor, que estemos en contra de la privatización de determinados servicios esenciales no implica que no veamos que se están gestionando muy mal. No hay buenos gestores. Hay políticos gestionando y derivando esa gestión a sus amigos «de carnet». Y eso es un problema. Ojalá gestionaran el dinero público como el suyo. Ojalá hicieran, como hacen la mayoría de centros educativos y docentes de aula, además de las familias del alumnado, las cosas mucho mejor. No rinden igual mil euros de dinero público que mil euros de dinero privado. Y los costes de las cosas son los mismos. Ahí tenemos un gran problema.

Aparte de la gestión tengo envidia al ver cómo determinadas asociaciones, tecnológicas o entidades privadas están consiguiendo difundir lo que hacen. Siempre me gusta sacar el ejemplo de Google for Education que, por cierto, he criticado en muchas ocasiones por tener mis dudas acerca de cuestiones que afectan a la privacidad del alumnado, del profesorado y de las familias. Además de no ver que sea la solución más idónea técnicamente. Pero, más allá de lo anterior, el trabajo brutal que están haciendo de difusión de sus productos, los modelos de «compartir» mediante sus «vendedores de producto» y la difusión que tienen en las redes, hace que no pueda menos que darles un diez en difusión. Están haciendo muy buen trabajo y están consiguiendo, con esas herramientas, encandilar a unos docentes que no tienen ningún tipo de difusión de alternativas públicas salvo, claro está, los cuatro Congresos (que cuestan, por cierto mucho más que cualquier evento -dejadme seguir con el ejemplo- de Google) que no van más allá de los días en los que se hacen.

Si la administración educativa se pusiera las pilas en gestión (cambiando procedimientos, manteniendo la misma seguridad jurídica en los mismos y buscando a buenos gestores -los hay, pero son muy raros-) y en difusión de lo que están haciendo, otro gallo nos cantaría en educación. Estamos llenándonos la boca con pedagogías, metodologías, herramientas,… cuando lo importante es saber gestionar bien los «dineros», tener buenos gestores y herramientas de gestión y hacer una planificación a medio-largo plazo comme il faut. Mientras no hagamos lo anterior, por desgracia para algunos entre los que me encuentro, la privatización de la educación no va a dejar de aumentar. Y con razón porque, al final es un negocio muy rentable. Negocio que surge siempre de oportunidad de mercado al ver que otros están haciendo las cosas muy mal. ¿Cuándo tiene éxito una empresa que ofrece el mismo producto/servicio que otra? Cuando lo hace mejor que la otra. Es que es de cajón.

Por cierto, mi alegato no va de convertir la educación pública en educación privada. Mi alegato hace referencia a ser profesionales en la gestión, mejorarla y, además saber difundir bien qué se está haciendo con el dinero de todos. No, tampoco no hablo de reducir elementos de control del dinero público ni bajar el salario de sus trabajadores (directos o indirectos). Estoy hablando de otra cosa. Creo que lo he dejado bastante claro en el post.