Cuando nos creíamos invencibles

Hoy he aprovechado para comer en el bar Roma. Ese bar, situado al lado de la Universitat de Lleida, en el que recalábamos un grupillo de estudiantes de mi Facultad para tomar algo cualquier día de la semana. He repetido las bravas que comíamos asiduamente. Y, sinceramente, aunque mi memoria pueda fallarme, creo que de gusto eran bastante parecidas a las que tomábamos. Pero bueno, como he dicho siempre, la memoria al pasar los años convierte en reales hechos que jamás tuvieron lugar y exagera o minusvalora determinadas situaciones.

Estar solo me ha dado para pensar. He pensado en esos momentos de bar cuando éramos jóvenes. Cuando creíamos que nada podría acabar con nosotros. Cuando pensábamos que el presente era lo único que existía. Cuando, en definitiva, nos creíamos invencibles. Invencibles ante la sociedad. Invencibles ante el miedo. Invencibles ante la enfermedad. Invencibles ante el tiempo. Invencibles al fin y al cabo.

He visto pasar el tiempo ante mis ojos mientras estaba devorando la tostada y pinchando las bravas. He visto como compañeras y compañeros míos ya no están. He visto como mi hija ha ido creciendo los trece años que va a hacer en breve. He visto como he cambiado de vida, he asumido responsabilidades laborales y he formado parte de un sistema en el que pensaba que jamás actuaría de engranaje. He visto pasar conciertos, películas, besos y caricias. He visto como la vida no ha dado tregua en su devenir. He visto que el tiempo cada vez pasa más rápido y que los sueños ya no están, cumplidos algunos e incumplidos la mayoría.

Ya no hay juventud que nos proteja de todo. Ya no hay nada que hagamos sin planificar o pensar qué pasará si tomamos una u otra decisión. Las locuras se dejan en el pasado. El presente se vive, se sufre, se disfruta y se gestiona en función de lo que tengamos que perder. Quizás es que tenemos demasiado que perder algunos para no hacer ciertas cosas. Quizás hay personas que dependen de nosotros. Quizás ya no toque solo mirar por lo nuestro. Quizás toque hacerse mayor de forma ineludible.

Hubo un tiempo en el que algunos nos creíamos invencibles. Hubo un tiempo… Ahora les toca a otros ser los “invencibles”. La generación invencible. La generación que aprenderá que no lo es. La generación que, en definitiva, se acordará siempre del pasado para recordar aquellos momentos en los que nada importaba porque nada podía hacerte daño. O pondrá esos daños en el rincón de los malos recuerdos porque, al final, los recuerdos no dejan de ser una visión muy subjetiva de lo vivido.

Hoy me he sentido muy vulnerable por muchas cosas.  No me hagáis mucho caso porque, como os he dicho siempre, esto no es nada más que la bitácora personal del que escribe en ella.

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