En defensa de la edumosca cojonera

En el vasto y, a veces, tedioso mundo de la educación, surgen de vez en cuando esas almas valientes, esos espíritus indomables que se atreven a ser la mosca cojonera en el festín de la mediocridad. Oh, sí, esos seres molestos que, con su zumbido constante y su persistencia irritante, nos recuerdan que hay desmanes educativos que no deben pasarse por alto.

¡Qué noble es la labor de la edumosca cojonera! Con su vuelo errático y su visión panorámica, detecta la podredumbre oculta bajo la superficie de la complacencia. No se casa con nadie. No tiene miedo de posarse en la sopa del más encumbrado pedagogo para señalar que, en efecto, el emperador está desnudo. Y que la sopa, salvo por esa mosca que se ha posado, no tiene ningún valor nutritivo ni de sabor.

En una era donde las redes sociales se han convertido en el patio de recreo de los fantoches educativos, aquellos que se dedican a inflar sus egos con retuits (ahora reposteos) y me gustas, la mosca cojonera no busca medrar. No aspira a convertirse en un influencer más, con sus frases hechas y sus citas de Paulo Freire sacadas de contexto. Su misión es más noble, más pura: exponer sus ideas educativas, aunque tenga que hacerlo de forma más o menos insistente, sarcástica o barriobajera, enfrentándose a la corriente de trivialidades y banalidades que inundan nuestros feeds. Unos feeds plagados de personajes y personajillos cuya máxima es la de enardecer su mediocridad y vender, desde su calvicie profunda, ese crecepelo que por lo visto debe tener efecto para todos menos para ellos. Panza, caballo y burpee. Y nada de lo anterior en sentido figurado.

Así que, queridos sufridores de este blog, la próxima vez que veáis a una de estas moscas cojoneras revoloteando en el ciberespacio educativo, no la espantéis. Quizás, solo quizás, esté tratando de salvarnos de nosotros mismos, de nuestra propia ignorancia. Y en ese esfuerzo, merece no solo nuestro respeto, sino también nuestra atención. Porque al final del día, si no somos parte de la solución, estamos definitivamente contribuyendo al problema. Y nadie quiere ser esa mosca muerta en la ventana, ¿verdad?

Me voy a por la paella dominical. Huyo antes de que reaccionéis.

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Un comentario

  1. Hola Jordi, no soy asiduo de Twitter, es que no logro encontrar a “edumosca”, para echarle un vistazo. Si me puedes ayudar, te lo agradezco. Un saludo.

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