Consejos para docentes (no tan) noveles para el nuevo curso

Último domingo antes de que miles de docentes nos reincorporemos a nuestro trabajo. Algunos será la primera vez que den clase. Otros será de las primeras veces. Algunos cambiaremos de destino y, otros muchos, darán materias y cursos que jamás habían dado antes. Y sí, aunque la experiencia para mí es un grado, no es suficiente. Ni para dar ni para recibir consejos acerca de cómo se puede funcionar mejor en el aula. Eso sí, a veces algunos cometemos la osadía de dar consejos. Consejos que también nos intentaremos aplicar, como no podría ser de otra manera. No entiendo eso de dar consejos a terceros de cosas que uno no hace ni piensa hacer. Así pues, permitidme este artículo. Un artículo que, más que para los que os pasáis por aquí, también va para mí.

Mi primer consejo sería intentar no preparar nada hasta conocer al alumnado que tengamos delante. Cuando hablo de “no preparar nada” no me estoy refiriendo a no disponer de recursos. Me estoy refiriendo a no dejar nada tan cerrado que impida adaptarnos a la tipología de alumnado que vamos a tener. Alumnado que, especialmente en caso de llegar a un nuevo centro o dar cursos en los que anteriormente no has dado clase a ese alumnado, desconoces. Por cierto, incluso que los hayas tenido en cursos anteriores, con un verano de por medio te pueden sorprender. Tanto en positivo como en negativo.

Otro consejo importantísimo es, especialmente si se llega a un nuevo centro, escuchar mucho, intentar aprender lo máximo de los compañeros con experiencia ahí y, poco a poco, ir comprendiendo cómo funciona. Claro que seguramente habrá cosas que no os gusten pero, para eso, por favor, antes de entrar opinando de todo y diciendo que todo está mal (o muy bien), ved cómo funciona. Es básico.

Ser conservador en la práctica docente. Lo siento. La práctica docente del día a día no tiene espacio para grandes cambios. Las revoluciones que, seguramente algunos alientan con toda la buena fe, especialmente desde las redes sociales, es algo muchísimo más complicado y complejo que usar un determinado material, abrazar una determinada metodología que vendan como innovadora o hacer experimentos. Ser conservador no es malo. Nunca lo ha sido. Por cierto, ser conservador no implica, conforme vayamos conociendo al alumnado o vayamos teniendo experiencia en el centro y veamos el contexto del mismo, no ir introduciendo cosas. Lo que os recomiendo es que no cojáis la primera cosa “guay” que veáis por las redes o que os digan e intentéis aplicarla en un contexto que no controléis.

No pongáis en peligro la privacidad ni los datos del alumnado. Sienta muy bien, especialmente para los que sois asiduos a las redes sociales, ir publicando imágenes de vuestro alumnado y las cosas maravillosas que hacéis con ellos. Si las publicáis y las compartís, anonimizadlas. Y anonimizar no es tapar la cara del alumnado del centro que mencionáis continuamente en el que trabajáis. Un detalle, compartir cosas (los materiales que habéis creado o las estrategias que habéis seguido en el aula) es muy sano. Lo que no lo es tanto es publicar lo que estáis haciendo.

Las redes sociales no son vuestro claustro. Vuestro claustro no es la red. Vuestro claustro son los compañeros y compañeras que, un día sí y al otro también, están trabajando en el aula de al lado, con los que os tomáis el café y con los que habláis de cómo os sentís o qué os está pasando. Intentad, aunque sé que es difícil, entender a todos vuestros compañeros. No todos van a hacer las cosas en sus aulas como creéis que se deben hacer según vuestro punto de vista. Seguro que el equipo directivo toma decisiones que no os gustan. Habladlo y debatidlo. Es importante no callarse. Eso sí, aunque las críticas sean más o menos duras, intentad jamás llevarlo a lo personal. Todo el mundo cree que está haciendo lo mejor posible para el alumnado. Llevo veinticinco años en esto y estoy seguro de ello. Y buscad ayuda en vuestro centro si la necesitáis. Es el primer lugar donde debéis buscarla.

Usad el menor número de herramientas posibles. Un libro de texto bien usado puede ser un buen material de apoyo. Un blog de aula puede ser fantástico. Trabajar en algunas materias con proyectos puntuales no está nada mal. No os centréis en una sola metodología en el aula. Ni uséis múltiples herramientas. Acabaréis volviendo loco al alumnado. Sé que mola probarlo todo con ellos, especialmente al principio, pero pensad que menos, en este caso, es más. Haced que escriban en papel. Sí, el papel centra más ideas que escribir en el ordenador. No mandéis tareas en grupo para casa. Intentad reducirlas. Las tareas en grupo hace que algunos lo pasen muy mal. Se tienen que hacer algunas pero, lo que no puede ser, es centrarse solo en esa tipología de tareas. Y si se hacen, repito, en el aula.

No pasa nada por un día no dar el temario y hablar de algún tema de actualidad relacionado con vuestra materia. Es aprendizaje. Y aprendizaje que les interesa. El currículo, por cierto, es inabarcable. Si dais clase en etapas obligatorias, intentad dar el máximo posible pero sin agobiaros. Vosotros con la experiencia iréis viendo qué es necesario y qué no. Cuáles son los aprendizajes básicos y cuáles no.

Sed profesionales. Os puede gustar más o menos vuestro trabajo. Podéis haber caído en él porque era lo que deseabais desde pequeños o, como en mi caso y en el de muchos otros, haber caído por azares de la vida. Da igual. Lo importante es ser profesionales. Y saber que estáis trabajando con personas en formación (en todos los aspectos). Algo que hace que vuestro trabajo sea muy importante. No estoy diciendo que todos los trabajos no lo sean. Estoy diciendo que tiene unas características determinadas.

Formaos para saber más de lo vuestro y saber más acerca de nuevas estrategias para abordarlo. La formación va a depender mucho de la materia que deis, la etapa en la que os encontréis y vuestras necesidades personales. Eso sí, por favor, no caigáis en la formación en pseudociencias. Leed un poco antes de matricularos en ciertas cosas. Estáis más que formados para no caer en ciertas cosas. Y si en alguna formación veis que no se está dando lo que necesitáis (o lo que os estaban diciendo que se haría en la misma) quejaos. Quejarse es sano e imprescindible. En docencia y en cualquier profesión. Quejarse, claro está, con fundamento.

Intentad ayudar/comprender al alumnado más allá de vuestra materia. Son personas y las personas tenemos una mochila que llevamos a cuestas. Una mochila que se va llenando con experiencias y situaciones personales. Tenedlo en cuenta. Ojo, lo anterior no implica que no debáis pensar en la mayoría de vuestro alumnado o que no debáis tomar medidas si algún alumno perjudica el aprendizaje de sus compañeros.

Ved qué se está haciendo en otros centros educativos. Estad al tanto de las novedades pedagógicas que surgen para ver si alguna se os puede adaptar a vuestra aula. Leed investigaciones. Y, por favor, leeros la normativa que os afecta. Es imprescindible. Nos puede gustar más o menos la LOMLOE pero es la ley que tenemos. Es la que tenemos y la que debemos intentar cumplir.

No sé si he patinado mucho en los consejos que me/os he dado. Son los que me hubiera gustado que me dieran a mí y son los que, a estas alturas, todavía creo que son importantes para cualquiera que esté en un aula. Entre por primera vez o lleve años de experiencia a cuestas. Mucha suerte a todos a partir del viernes. Ahora, intentad estrujar los últimos días de vacaciones. Necesitaréis hacerlo porque, como bien sabéis los que dais clase y los que vais a entrar por primera vez este curso en las aulas, es un trabajo muy exigente. Y, por favor, no me critiquéis por mencionaros que volvemos el viernes. Lo he dicho con la boca muy pequeña y sin mala intención. Os lo prometo por Moyano.

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8 comentarios

  1. Me parecen perfectos, de sentido común pero que hay que escribirlos porque a veces no caemos.
    Añadiría (aunque no siempre logro cumplirlo yo mismo) que si hay que amonestar o reconducir a alguien, se haga de la forma más discreta posible; y no hablar nunca mal de otros compañeros, si no se les puede apoyar porque se equivocan, por lo menos intentar calmar los ánimos, o lo que corresponda en cada situación.

      1. La encontré en un libro muy recomendable, The madness of crowds, de Douglas Murray. Tiene cuatro años, pero como las chifladuras americanas tardan unos años en llegarnos a nosotros, está de plena actualidad.

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