Cociente Intelectual a la baja y pantallas al alza… por qué digitalizar la escuela ha sido el peor error de nuestra historia
Los datos ya no se pueden ocultar bajo la alfombra del marketing pedagógico. El efecto Flynn se ha invertido. Por primera vez desde que se tienen registros, el Cociente Intelectual (CI) en España ha empezado a retroceder. Tras décadas de crecimiento constante, la curva se ha invertido. Y mientras los responsables de las políticas educativas balbucean excusas sobre la pandemia o el entorno socioeconómico, la realidad es mucho más cruda y analógica… hemos inundado las aulas de dispositivos digitales y, a cambio, hemos obtenido una atrofia cognitiva masiva.
Digitalizar la escuela no ha sido un paso hacia el futuro; ha sido el mayor error estratégico y civilizatorio de nuestra historia reciente. Hemos entregado la arquitectura mental de nuestros hijos a las grandes tecnológicas y el resultado es una generación con la conectividad de un servidor y la profundidad intelectual de un scroll de TikTok.
La tecnología se nos vendió como una herramienta de apoyo, pero ha terminado siendo una prótesis paralizante. Al externalizar la memoria a Google, la lógica a las calculadoras y la redacción a los procesadores (o ahora a la IA), hemos dejado de ejercitar el músculo cerebral. Un cerebro que no almacena datos no puede pensar; un cerebro que no se esfuerza en procesar información compleja no desarrolla las redes neuronales del juicio crítico. Estamos criando ciudadanos que saben buscar (con sus limitaciones), pero que no saben entender.
Entregar un dispositivo individual a cada alumno ha sido el suicidio de la atención. El aula, que debía ser un refugio de silencio y concentración, se ha convertido en una sucursal de la economía de la atención de Silicon Valley. No se puede competir contra un dispositivo diseñado para enganchar. La mochila digital es, en realidad, una mochila de plomo que impide que el alumno desarrolle la plasticidad neuronal necesaria para la abstracción. La caída del CI es el precio que pagamos por haber sustituido la tiza por el píxel.
La universidad ha dejado de ser el lugar de la palabra para ser el lugar de la transcripción mecánica. Ver una hilera de portátiles en una facultad es ver el acta de defunción del debate intelectual. El alumno ya no procesa la clase; la almacena en un documento que nunca volverá a leer, mientras en las pestañas ocultas navega por el aburrimiento digital. Debemos prohibir los portátiles y los móviles en las aulas universitarias. El que quiera aprender, que traiga papel, bolígrafo y los cinco sentidos. Lo demás es figurar en un cibercafé muy caro con ínfulas académicas.
No hay término medio. El experimento ha fallado y los datos del CI son el certificado de ese fracaso.
¿Y qué podemos hacer a estas alturas de la película? Pues la verdad es que, salvo tomar decisiones radicales a las que muchos se van a enfrentar por motivos variopintos y algunos, por desgracia, justificables bajo el mantra de que todo ha sido debido a un mal uso de la tecnología, voy a proponer tres cosas. Lo sé. Son tres cosas que dinamitarían el modelo educativo actual y que me harán recibir el adjetivo, por parte de algunos, de reaccionario o de estar en contra de la modernidad. Pero bueno, de perdidos al río. Como he dicho en más de una ocasión ya estoy muy mayor para que me afecten ciertas cosas…
- Supresión total de dispositivos individuales en Primaria y Secundaria, prohibiendo las pantallas digitales en Infantil. Volvería al libro físico (me da igual que fuera un libro de texto o unos apuntes elaborados por la administración, sin tener que cambiarlos cada cuatro años). Por cierto, el subvencionar libros de texto es una auténtica aberración. Y ojo, no estoy hablando de la calidad de esos manuales realizados por editoriales, estoy hablando del coste en dinero público de materiales que obligan a cambiarse demasiado rápido.
- Recuperación del papel y de la escritura manual, eliminando en ciertas etapas educativas la posibilidad de hacer cualquier tipo de presentación mediante medios informáticos.
- Aulas universitarias libres de pantallas (me refiero a los dispositivos que lleva el alumno).
Los que dirigen las grandes tecnológicas en California -ampliado últimamente a las escuelas de élite de algunos países- no dejan que sus hijos toquen una tablet en el colegio. Saben que la inteligencia del siglo XXI será un bien escaso y que solo pertenecerá a aquellos que conserven la capacidad de concentrarse, memorizar y razonar sin muletas digitales. Si queremos salvar la inteligencia de nuestro país, el primer paso es sencillo… ¡apagar el router y volver a encender las mentes!
Finalmente me gustaría deciros que antes de ponerme con el artículo de hoy he revisado, en una de esas maravillosas tablas de datos que a veces hago, cuál había sido el gasto en tecnología en las aulas de nuestro país en los últimos quince años. De forma resumida, ya os informo que, aproximadamente en cuanto a fondos totales estimados, da un total cercano a los 3000 millones de euros. Una partida distribuida entre fondos europeos, gestionados por el Ministerio y justificados por las Comunidades Autónomas (la parte del león) y el uso de fondos propios de las Comunidades. Os prometo que, cuando tenga tiempo de poner los datos en bonito, os lo desgloso en el futuro.
Y, antes de que se me olvide, deciros que prohibir cierto uso de tecnología en las aulas no implica que no haya espacios, dentro del aula, donde se pueda trabajar en ciertos momentos, con la ayuda adecuada, determinadas actividades apoyadas por elementos tecnológicos. Ni tampoco que no exista la necesidad de formar en el uso de herramientas básicas digitales, imprescindibles para desenvolverse en el siglo XXI. Estoy hablando de otra cosa.
Actualizo el artículo, por petición en las redes sociales, con alguna bibliografía que avala la reducción del CI. Recomiendo, claro está, que por mucho que yo la haya leído, que la leáis íntegramente por si queréis contrastar lo que os he dicho de la reducción. Disculpad no haberlo hecho antes pero, en ocasiones, el tiempo para cada artículo es el que es, aunque sé que, en ocasiones, artículos sin fundamentarlos en evidencias o investigaciones pueden ser tildados de «opinología» o «creencias». Por cierto, la investigación de Colom et al. es muy importante porque no solo habla de la caída en CI en España, matiza en qué cosas estamos bajando (muchas y muy importantes) y cuáles se mantienen o suben ligeramente.
Os añado que son muy importantes las aportaciones de Piatrasik en diferentes medios. Aportaciones que podéis encontrar con vuestro buscador favorito sin demasiados problemas.
Bibliografía
Andrzejewski, D.; Oberleiter, S.; Vetter, M.; Pietschnig, J. Increasing IQ Test Scores and Decreasing g: The Flynn Effect and Decreasing Positive Manifold Strengths in Austria (2005–2018). J. Intell. 2024, 12, 130.
Colom, R., García, L. F., Shih, P. C., & Abad, F. J. (2023). Generational intelligence tests score changes in Spain: Are we asking the right question?. Intelligence, 99, Artículo 101772.
Dutton, E., van der Linden, D., & Lynn, R. (2016). The negative Flynn Effect: A systematic literature review. Intelligence, 59, 163–169.
Pietschnig, J., & Voracek, M. (2015). One Century of Global IQ Gains: A Formal Meta-Analysis of the Flynn Effect (1909–2013). Perspectives on Psychological Science, 10(3), 282–306.
Me podéis encontrar en X (enlace) o en Facebook (enlace). También me podéis encontrar por Telegram (enlace) o por el canal de WhatsApp (enlace). ¿Por qué os cuento dónde me podéis encontrar? Para hacerme un influencer de esos que invitan a todos los restaurantes, claro está. O, a lo mejor, es simplemente, para que tengáis más a mano por dónde meteros conmigo y no tengáis que buscar mucho.
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Solo escribo para decirte GRACIAS. Gracias por usar ¡por fin! el término Cociente intelectual. A ver si la gente empieza a enterase que no es coeficiente, que no es un coeficiente de nada, que es una división, por eso se llama COCIENTE
Gracias¡¡¡¡