Soy muy crítico con determinadas cuestiones relacionadas, directa o indirectamente, con mi profesión como docente. Me encantaría que la educación funcionara tal y como la tengo estructurada en mi cabeza. Me putofliparía saber que mañana acaba la segregación escolar, el alumnado no tiene techos de cristal, no hay ningún tipo de disrupción en clase, hay dotaciones y ratios más que adecuadas o, simplemente, que la mayoría de familias tienen tiempo para poder dedicar a sus hijos en condiciones. Me encantaría también que todas las pseudociencias desaparecieran del mapa, se invirtiera como toca y se hiciera un diseño a largo plazo de lo que queremos (o más bien necesitamos) que sea nuestro sistema educativo.

Joder, claro que me gustaría todo lo que he dicho en el párrafo anterior. También que hubiera más tiempo para reflexionar en los centros educativos, más debate e, incluso por qué no decirlo también abiertamente, más crítica ante nuestra praxis docente por parte de los compañeros. Puertas abiertas, aprendizaje entre iguales, negociación y planificación, colaboración con las familias, inspección que diera siempre soluciones en lugar de generar a veces problemas. Es que yo compraría tantas cosas que, por desgracia al ver lo que está pasando, no puedo menos que criticar ciertas cosas que estoy viendo que suceden a mi alrededor. No solo en educación, pero este post va sobre este ámbito concreto.

Claro que pasan cosas buenas en educación. Claro que hay medidas educativas que se toman desde despachos que mejoran cosas. Claro que no todo lo que se propone es malo, perverso o inspirado por determinadas organizaciones muy poco educativas. Claro que hay políticos que se preocupan para que las cosas funcionen. Claro que los directores, cuando toman determinadas medidas en sus centros, no lo hacen para joder al personal que trabaja con ellos. Es que todo esto lo tengo claro clarinete. Tengo muy claro que en las aulas, en muchas ocasiones, suceden cosas fantásticas. Tengo muy claro que muchos docentes que comparten cosas lo hacen por el simple hecho de compartir y poder echar una mano. Tengo muy claro que no todo lo que se hace es para perjudicar, ni al alumnado, ni al profesorado, ni a las familias. Es que ya lo sé, pero…

Sí, siempre hay un pero. Quedarnos solo con lo bueno, aislando la crítica de lo que no lo es o de lo que puede ser mejorable, no es positivo para mejorar nada. Quizás tampoco se trate, como hago en muchas ocasiones erráticamente, de convertirse en un Pepito Grillo de lo que está sucediendo. A veces no todo es blanco o negro. Hay muchos tonos de gris. El gris, por cierto, en lugar de anodino como dicen algunos, para mí es un color precioso con una amplia gama cromática. Podemos hablar de grises lo que queráis, pero que hablar de esos grises no nos convierta en personas grises incapaces de ver blancos y negros. También es importante verlos. Y denunciarlos. Si no se habla de algo, ese algo no existe. Si no se estuviera hablando, por activa y por pasiva, acerca de lo de Ucrania o, en su momento, de la pandemia, tampoco existiría para muchos. Especialmente para los que no les afecta directamente.

No todo lo que sucede en educación nos afecta personalmente. A mí no me afecta personalmente que desaparezca la Filosofía de las aulas. Si se sustituyera por asignaturas relacionadas con la vertiente más tecnológica y que, además se asignara al profesorado de Tecnología, me afectaría positivamente si miro solo mi asignatura desde un egoísmo muy personal. No es malo que uno defienda lo suyo. El problema es que «lo nuestro» siempre acaba yendo en contra de «lo vuestro» y hay muy poca gente que, por motivos variopintos (e incluso algunos justificables), va a ser capaz de mirar por el procomún frente a lo individual.

Hay cosas fantásticas en educación. Hay articulado legislativo positivo. Se están construyendo en algunas Comunidades nuevos centros educativos. Se está potenciando la FP como no se había hecho nunca. Se habla de educación por encima de nuestras posibilidades cuando nunca se había hablado tanto de ella. Hay muchos docentes que hacen cosas fantásticas en sus aulas. Hay gente que se curra materiales fantásticos que comparte con terceros. Hay gente que cree en que el uso de una determinada herramienta va a mejorar la educación. No para defender la herramienta. Simplemente, porque lo cree. Es algo que se ve.

Hoy permitidme ser positivo y menos crítico. Hay mucho malo que se está haciendo o vendiendo en educación. También hay cosas buenas. Y conviene no olvidarlo porque, al final, es tan malo vivir en un mundo plagado de unicornios como en uno plagado de demonios.

Disfrutad del finde. Yo, si la lluvia (que era más que necesaria) me deja, también lo haré. Bueno, incluso que la lluvia no me deje.

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