Cada nueva ley educativa me piden que evalúe cosas más abstractas

Cuando empecé en esto de dar clase de Tecnología pensaba que mi función era la de impartir lo que sabía (los conocimientos y la praxis relacionada con la asignatura). Iluso de mí. Nada más lejos que la realidad. Cada nueva ley educativa que he sufrido, y he sufrido unas cuantas desde 1998, que es cuando entré en mi primera clase, tengo que evaluar cosas más surrealistas.

Me piden evaluar competencias de salida, idoneidades, competencias en no se sabe qué y que no tienen que ver con nada de lo que, supuestamente, se debería dar en Tecnología. Es que, sinceramente, me veo muy perdido y estoy evaluando, al igual que todos mis compañeros, salvo los convencidos que creen que saben evaluarlo todo, por intuición en muchas cosas. Yo puedo saber si un alumno sabe pasar de binario a decimal o a octal. Puedo evaluar si sabe hacer un circuito con Arduino o generar un objeto en 3D con TinkerCAD. Lo que no puedo evaluar es conceptos tan etéreos como la motivación, la felicidad o el ser buen ciudadano. Y ya no digamos puntuar dentro de mi asignatura si se relaciona en igualdad de condiciones con chicos y chicas. Lo del espíritu democrático, ya si eso lo dejamos para  otro día.

¿Por qué se empeñan en obligarme a evaluar lo que no sé evaluar? ¿Por qué algunos se empecinan en que haga un screening o cribado psicológico a mi alumnado? Y que, además, lo evalúe. Nos hemos vuelto locos o qué. Si ya me cuesta saber cuánto han aprendido de lo mío, usando diferentes herramientas, imaginaos evaluar cosas que no pueden evaluarse y que van a depender de criterios muy personales. Yo no soy un profesional del género, ni de la democracia, ni de la motivación, ni de la felicidad. Y ya no digamos en futurología. Qué demonios voy a saber yo el futuro de un alumno. En ocasiones algunos me sorprenden favorablemente pasados los años y otros lo hacen en sentido contrario. Es que como futurólogo soy un desastre. Y eso es lo que me piden, a cada ley que elaboran, que evalúe.

Esta semana tengo evaluaciones y, como me sucede cada curso, tengo tal maremágnum de modelos mentales acerca de cómo debo evaluar a mi alumnado que, al final, al igual que los jueces, aplicaré el criterio más beneficioso para ellos. Sí, al igual que hacen la mayoría de mis compañeros. Y, aunque algunos saquen en las redes sociales esos maravillosos gráficos que dicen que hay mucho alumnado que suspende porque, según dicen los que los cuelgan, los docentes tenemos orgasmos cada vez que suspendemos, tan solo voy a recordarles, desde un aula real con alumnado real, que para suspender una asignatura en la ESO solo puede hacerse de las siguientes maneras: no haciendo NADA en clase, no VINIENDO a clase o, simplemente, JODIENDO a todos sus compañeros en clase. Bueno, en este último caso, a veces se les va aprobando para que no repitan y generen problemas con el alumnado más pequeño. Es que yo sí que estoy en Juntas de Evaluación reales y veo lo que hay. Así que, por favor, las excepciones excepcionales que, al menos en mi caso no he visto casi nunca, os las guardáis o las exponéis en las redes sociales para sustentar vuestra mentira.

He puesto unas notas que no son solo de mi materia (sí, cambiar el nombre de materia y asignatura, es algo que trae cada nueva ley). Unas notas que son las mejores para mi alumnado en las que sumo puntos tan solo haber venido a clase y pensar en que su futuro será maravilloso. Y que, en ocasiones, solo están teniendo una mala adolescencia. A pesar de ello no puedo aprobarlos a todos porque, como he dicho antes, hay algunos que no vienen, que no entregan nada y que no hacen absolutamente nada. Ya es que para aprobar ni tan solo les pido que sepan en qué consiste mi asignatura. A esos extremos he llegado. Pero no desde la LOMLOE. Desde hace mucho tiempo.

Disfrutad del lunes después de una semana rara. Yo vengo de un puente, con las pilas cargadas y, como docente vacacional, con muchas ganas de volver a estar de vacaciones. Que sean ilógicas y perjudiquen el aprendizaje del alumnado, no implica que no las disfrute igual.

Como estoy haciendo en los últimos artículos, os recomiendo mi nuevo libro sobre educación para mayores de dieciocho, “Educación 6.9: fábrica de gurús”. Lo podéis adquirir aquí (en versión digital o papel) o en ese pop-up tan molesto que os sale. Y sí, me haría mucha ilusión que fuera uno de los diez libros más vendidos sobre educación este curso. 😉

  • No podría estar más de acuerdo. En mi vida me he sentido tan mal y poco honesta poniendo unas notas. Otros años se ceñían a la realidad, cada cosa evaluable con su nota y su porcentaje de la nota final ( siempre con ese margen que puedes ajustar un poco con el niño que lo intenta y no llega, pero con su trabajo y esfuerzo lo va sacando). Este curso con las notas intento que se asemejen a la realidad ( más que algo cierto y matemático), y las pongo en el criterio ( abstracto en muchos casos ) que me parece que puedo meterlas. Pero es un sin sentido, porque cada criterio tiene un porcentaje que nos hicieron poner a principio de curso, sin saber qué íbamos a hacer en cada momento y cómo lo evaluaríamos y que no podemos ajustar y cambiar según las necesidades de cada trimestre o actividad. No he dado ni la mitad del temario que habría dado en otros cursos en el primer trimestre, pero mis alumnos no han aprendido más con las dichosas situaciones de aprendizaje. Una pérdida de tiempo monumental. Los criterios para evaluar la parte de gramática son básicamente tres, y son un trabalenguas que no entiendo ni yo, ya no te digo los niños… DESESPERANTE

  • No estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices, pero suscribo lo de que “cada vez hay que evaluar cosas mas abstractas” y añadiré que “mas subjetivas”.

  • Totalmente de acuerdo contigo, Lo que más me alucina es los compañeros que lo defienden y según dicen entienden y ven lógico ( yo lo dudo, pero son los típicos que todo lo que venga de ese perfil le parece bien)

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