¿Por qué jamás se van a climatizar los centros educativos públicos?
Se acerca el verano, suben las temperaturas y, con una puntualidad matemática que asusta, reaparece en los medios el gran melodrama estacional de la educación pública. Me estoy refiriendo a las aulas convertidas en saunas, alumnos al borde del síncope y docentes intentando explicar el temario a cuarenta grados a la sombra. Lamento arruinarle el titular a los sindicatos y a las asociaciones de familias, pero conviene ser dolorosamente honestos. Jamás se va a solucionar el problema de la climatización en los centros educativos públicos. No es un ataque gratuito; es una certeza estructural. El problema de las infraestructuras educativas en este país es crónico y arrastra décadas de una gestión pública nefasta, lenta y absolutamente ineficaz. Este tema lleva enquistado, exactamente con las mismas promesas vacías, desde que pisé mi primer centro hace casi treinta años.
La estrategia política es siempre la misma y funciona por temporadas. Queda espectacular ante los medios anunciar a bombo y platillo planes de choque térmicos y partidas presupuestarias históricas para la adaptación de los centros. Se propone uno cada año, habitualmente coincidiendo con las primeras olas de calor. Sin embargo, cuando llega el siguiente verano, la cruda realidad demuestra que los papeles se han quedado en los cajones y las aulas siguen siendo exactamente las mismas saunas de siempre. Las infraestructuras no se solucionan con literatura institucional ni con parches de ventilador; se solucionan con una ejecución presupuestaria real que nunca llega. Y lo peor es que el desastre ya no es solo herencia del patrimonio antiguo; la construcción de los nuevos centros educativos se está haciendo soberanamente como el culo.
Cualquiera pensaría que los colegios e institutos inaugurados en los últimos años aplicarían criterios elementales de eficiencia bioclimática o aislamiento térmico. Al fin y al cabo, estamos en pleno 2026. La realidad es un insulto al sentido común. Las nuevas infraestructuras se proyectan con materiales baratos (aunque a coste de palacio real) y diseños que acumulan el calor como invernaderos industriales. Se entregan tarde, fatal y a medio hacer. Es habitual ver centros recién estrenados que abren sus puertas sin la instalación eléctrica definitiva, con goteras en la primera tormenta de otoño y, por supuesto, con sistemas de ventilación que son pura decoración de fachada. Los nuevos centros públicos se convierten rápidamente en ratoneras térmicas entregadas con prisas, casi siempre coincidiendo con alguna campaña electoral.
Además, ya sabéis que en este tema, siempre sale el demagogo de guardia a recordar que existen otros sectores laborales (talleres, naves industriales o la construcción) donde los trabajadores tampoco tienen climatización y sacan el trabajo adelante. Hay que tener una ceguera intelectual severa para equiparar una fábrica con un centro educativo. Conviene recordarles un detalle anatómico… estamos hablando de escuelas e institutos. Estamos hablando de lugares donde la densidad de población por metro cuadrado es altísima y donde quienes están sentados sufriendo esas temperaturas inhumanas son niños y adolescentes. Menores de edad cuya salud, hidratación y desarrollo cognitivo están bajo la tutela y responsabilidad directa de una administración que es incapaz de garantizarles una temperatura digna para aprender.
La climatización de las aulas no va a llegar porque reformar el desastre acumulado durante décadas da pereza burocrática y edificar lo nuevo con decencia cuesta un dinero que, por desgracia, se gestiona mal y cuando se intenta gestionar bien, hay tanta burocracia que hace que acabe construyéndose tarde y mal.
La escuela pública seguirá siendo un infierno a partir de mayo hasta bien avanzado septiembre debido a una negligencia de gestión heredada y cronificada. Toca asumir que la dignidad térmica de los menores es una prioridad secundaria. Y así va a seguir siendo porque, por desgracia, a nadie se le ha pasado por la cabeza en décadas hacer las cosas bien.
Finalmente, permitidme que comente una cosa que no quiero dejar en el tintero. Hay cosas que no entiendo, ni habiendo estado en la zona gris de la administración. No entiendo que, por ejemplo, destinando muchísimo menos dinero, se construyan edificios con una climatización espectacular en un tiempo muy reducido y que, curiosamente, los centros educativos públicos se estén construyendo tarde y mal. Es que en meses se construye un Mercadona, un Lidl o un Roig Arena, entregándose prácticamente sin incidencias en la construcción… y los costes por metro cuadrado, ya os digo yo que no llegan a un porcentaje de lo que se gasta en entregar infraestructuras educativas. Y no lo entiendo porque estoy convencido de que, al menos en la ACTUALIDAD y con los controles que hay, nadie se forra bajo mano con las infraestructuras educativas.
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La respuesta para entender este post y muchos de los que escribes, que son muy acertados, es sencilla: este mundo está gobernado por seres que NO son humanos. Gobiernan contra nosotros, los seres humanos. Por supuesto no dan la cara y gobiernan desde la sombra. Ponen al frente a políticos psicópatas, enfermos mentales y deshumanizados que aceptan hacer el trabajo sucio de generar caos y sufrimiento a la gente a cambio de sexo, poder y dinero.
Esto ha sido así durante siglos, pero ahora se está haciendo más evidente que nunca. Se llama apocalipsis: salir a la luz y a la vista de todo el mundo aquello que estaba oculto.