Hay docentes a los que les gusta colgarse medallas y otros que prefieren hacer el trabajo detrás de las bambalina. Están los que les gusta el aplauso mediático y el figurar, mientras que hay otros a los que les gusta que su alumnado aprenda o difundir altruistamente su conocimiento. Hay, en definitiva, un pequeño grupo de personas relacionadas con la educación a las que les gusta que hablen de ellos (para incrementar sus beneficios económicos o su ego) y un gran grupo de personas que hacen. Entiendo que, en ocasiones, hay gente que vive de lo que vende y, es por ello por lo que deben conseguir una buena mediatización de sus productos y/o servicios.

Lo importante, al final, es lo que uno haga en su trabajo y lo profesional que haya sido. Lo relevante no es la cantidad de líneas que uno publique en un blog, la cantidad de seguidores en las redes sociales o, como muestra la imagen que ilustra este post, la cantidad de medallas que uno haya obtenido o haya comprado en el todo a cien de la esquina. Es que, desde el momento en que uno puede comprarse un Óscar de latón o veinte mil seguidores en Twitter o Instagram por poco menos de cincuenta dólares, las apariencias distan mucho de estar relacionadas con lo que uno es, hace o demuestra en su día a día. Eso sí, si uno vive de su imagen, esa imagen y la difusión de la misma va a ser relevantes porque, al final, no es lo mismo vender clases magistrales por internet teniendo cien seguidores que unos cuantos miles. En ese caso el medallero sí que importa porque, al final la medalla te genera patrocinadores y euros para tu negocio.

Lo importante para mí no es quien inaugure un pantano. Lo importante es el sudor de los trabajadores que lo han construido, los planos que ha hecho el ingeniero, los conductores que han traídos los materiales, los que han dado de comer a esos trabajadores en sus bares y restaurantes, etc. Eso sí, no me digáis que no es bonito vivir para cortar la cinta y decir que uno ha construido un pantano. Lo mismo en el ámbito educativo, donde también hay mucho trabajo que no se ve.

Eso sí, inaugurar un pantano tiene su responsabilidad porque, al final, si el pantano se resquebraja al que van a buscar va a ser al que ha cortado la cinta porque, por suerte, salvo que alguien hubiera sido muy chapuzas y no jugara en equipo, habrían hecho bien su trabajo pero, lamentablemente alguien habría comprado hormigón del barato a la empresa del primo del tío segundo de una conocida de su etapa como internado en el colegio inglés de Majadahonda. Y creo que es fácil de extrapolarlo a otros ámbitos.

El pico y la pala no dan medallas. Sin pico y pala no hay educación aunque tampoco la hay sin buenos dirigentes de esos que usan el pico y la pala. Lo de las medallas, ya si eso, para el que viva de ello. Eso sí, medallas de las buenas,… no de esas que se ponen mustias a la primera gota de agua.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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