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Acerca de Educación 6.9

Hay una máxima que debería aplicarse antes de aporrear un teclado… lee antes de criticar. Parece algo obvio, pero en el ecosistema educativo actual, donde la piel es fina y el sectarismo grueso, algunos prefieren quedarse en el envoltorio para no tener que enfrentarse al espejo que les pone delante el libro “Educación 6.9: Fábrica de gurús”.

Recientemente, se ha publicado una «crítica», en los medios (https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/cargo-perez-llorca-educacion-publica-libro-docentes-les-denigra-banaliza-holocausto_1_13148794.html) que es un monumento a la posverdad y a la manipulación. No es solo que no hayan entendido el libro; es que han decidido inventarse uno nuevo para poder linchar a su autor. Como sé que la comprensión lectora está de capa caída entre ciertos sectores que viven del postureo pedagógico, voy a desmentir, punto por punto y párrafo por párrafo, las falsedades que se están vertiendo.

El falso ataque a la educación pública.

Se dice alegremente que el libro denigra la educación pública. Nada más lejos de la realidad. El libro es una carga de profundidad contra quienes la parasitan.

¿Por qué hablar de los gurús? ¿Por qué escribir un montón de capítulos… plagados de críticas a ciertos relatos sobre temas educativos?

Yo critico el negocio, el mercado y el pastel que se ha montado alrededor de la innovación de escaparate.

Una tríada que, por lo visto, ha venido para quedarse en un modelo educativo plagado de designios económicos.

Atacar a quienes mercadean con la pública no es atacar a la pública; es defenderla de los mercaderes. Para muestra las decenas de artículos en este blog en los que defiendo, de forma clara y tajante, la educación pública desde los primeros artículos publicados en estos lares, los cuales os invito a consultar, si así lo deseáis.

La supuesta «banalización del Holocausto».

Esta es, probablemente, la acusación más ruin y analfabeta de todas. En el capítulo 9 menciono a Goebbels para explicar las estrategias de propaganda y mercadotecnia que usan los gurús actuales. Utilizar una analogía histórica sobre cómo se construye un relato falso y se manipula a las masas no es banalizar nada; es explicar cómo funciona la propaganda. Quienes ven aquí una falta de respeto al Holocausto demuestran no haber pasado de la segunda línea del párrafo o tener una intención personal o política muy oscura.

¿Os suena Goebbels? Pues para aquellos gurús que os pasáis por este libro, buscando nuevas estrategias para seguir trincando pasta de la incauta comunidad educativa, os refrescaré un poco la memoria. Y eso que, según decís, todo está en Google. Hasta la postura de la tortuga folladora. Sí, buscadlo.

Ya me he ido de las ramas. Goebbels fue el Ministro de Propaganda del régimen nazi. Sí, ahí también tenían, al igual que tenemos en nuestro país, ministros para todo y todes. Encargado de difundir las bondades del Tercer Reich entre la población y afirmando que, como todos sabemos en la actualidad, lo de las cámaras de gas era simplemente una práctica sexual masoquista en la que se les fue un poco la mano.

Repito: quién quiera ver ahí cualquier atisbo relacionado con el nazismo y la minimización del sufrimiento, debería plantearse qué es lo que ha entendido -e interpretado- de todos los libros que ha leído a lo largo de su vida.

¿Llamar estúpidos a los docentes?

Se acusa al libro de insultar al profesorado. Lo que el libro hace es denunciar cómo ciertos gurús se aprovechan de la formación para tratar a los docentes como «adeptos» de una secta.

El alumnado no es alumnading ni quiere que le tomen el peling. Son muchísimo más inteligentes que la consideración de los números sexiguarristas quieren otorgarles.

Defiendo en el libro la inteligencia del profesorado frente a las «recetas mágicas» y los «vendedores de humo». Si alguien se siente insultado cuando se critica al gurú que le vende la moto, quizás el problema sea de su propia identidad profesional, no precisamente del libro.

El cuestionamiento de los premios.

Se critica que el libro cuestione premios como «La Tiza de Oro». El libro es cristalino: son eventos organizados o patrocinados, en su mayoría, por entidades con intereses más alineados con el beneficio económico que con el pedagógico.

Son rankings educativos que necesitan, por presiones de terceros, poner en una lista a los más ‘algo’… imagen y semejanza de lo que dicten los de la curia empresarial.

Cuestionar la institucionalidad de premios que son, en esencia, campañas de marketing, no es un ataque al mérito docente, sino una denuncia de la farándula educativa, que no es más que una capa de maquillaje más para ocultar las verdaderas necesidades de la realidad educativa actual.

El uso del lenguaje y el sexo como metáfora.

Criticar el lenguaje soez en un libro que avisa en su portada ser para mayores de 18 años es como ir a ver una película de Tarantino y quejarse de que sale sangre. Lo dejo claro desde la introducción:

Cuesta dar la cara en algo como esto, pero… al final la vergüenza a partir de una cierta edad ya desaparece.

El uso de metáforas sexuales sirve para ilustrar la obscenidad de ciertos comportamientos en el sistema educativo, no para denigrar a nadie personalmente. Como podréis suponer, a mi edad y en pleno siglo XXI, me da incluso apuro tener que justificar el uso de términos sexuales para hablar de cualquier tema.

En definitiva, y si queréis, leed el libro. Pero leedlo de verdad, sin el sesgo del que teme que le quiten el chiringuito. La educación necesita pensamiento crítico, no linchamientos digitales basados en lecturas diagonales de gente que no aguanta una verdad ni aunque se la sirvan en bandeja de plata (o en una cama redonda).

Y, en estos días tan convulsos de un mundo cada vez más polarizado, en el que nos toca revisarnos e, incluso, redefinir qué cabe y qué no en el paraguas de términos tan grandilocuentes como la libertad de prensa, me permito acabar rescatando una de las grandes máximas del periodismo: «Si una persona dice que llueve y otra que no, el trabajo de un periodista debería ser abrir la ventana y comprobarlo».

Pero claro, si abrir una ventana parece costar tanto, imaginaos abrir un libro.

Para aquellos a los que no os cueste, podéis encontrarlo en formato digital (aquí) o en versión papel (aquí).

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