10 verdades incómodas sobre la educación que (casi) nadie se atreve a decir
Junio va agonizando, las actas se van cerrando entre los habituales colapsos de las plataformas informáticas de las Consejerías y el personal ya empieza a oler las vacaciones. Es el momento perfecto, ahora que el cansancio nubla la diplomacia, para dejar atrás los debates sobados de siempre y permitirme arrojar un bidón de gasolina sobre determinadas verdades educativas, esas que se callan por puro pánico al ostracismo digital y al linchamiento.
Hoy no vengo a hacer prisioneros, ni a redactar panfletos de autoayuda para salvar conciencias, ni a mendigar la simpatía del club de los ofendidos selectivos. Vengo a desgranar diez realidades inéditas, incómodas y descarnadas que sacuden nuestro sistema educativo en este 2026. Preparad las piedras para mi lapidación que empiezo ya.
1. El cinismo de muchos docentes y gran parte de los cargos políticos que gestionan la educación.
Es el secreto a voces más vergonzoso de la educación. Una cantidad alarmante de cargos políticos que gestionan la educación pública, combinada con un porcentaje nada despreciable de docentes de la pública, defienden la escuela de todos en las manifestaciones, pero a las nueve de la mañana dejan a sus propios hijos en la puerta de la escuela privada. Exigen inclusión extrema y experimentación pedagógica para los hijos de las familias trabajadoras, mientras compran la paz familiar, la inmunidad frente a las huelgas y el blindaje curricular de toda la vida para los suyos en centros de pago.
2. El tabú de la FP… los docentes de ciclos no quieren a sus hijos en la FP.
Nos han vendido la Formación Profesional como la gran panacea del tejido productivo, el motor de la empleabilidad y una opción moderna equiparable a la universidad. La propaganda de la administración es idílica. Sin embargo, entrad en un departamento de FP e indagad en privado. Ya os digo yo que la inmensa mayoría de los profesores que imparten clase en ciclos formativos no quieren, bajo ningún concepto y salvo que no les quede ninguna otra alternativa, que sus propios hijos estudien una FP. En público repiten el mantra institucional, pero en casa los machacan para que terminen un grado universitario. La FP sigue funcionando, de puertas para dentro, como el contenedor donde el sistema deposita al alumnado que satura los institutos. Y eso, por mucha propaganda que se haga, es una lástima.
3. La infantilización salarial.
Se ha logrado una gesta inaudita en todos los servicios públicos esenciales… desvincular por completo el salario de la productividad, el esfuerzo o el rigor técnico. Hoy en día, un docente excelente que coordina proyectos internacionales, domina la normativa y se deja la salud en el aula cobra exactamente lo mismo que el compañero de al lado que arrastra los pies, falta sistemáticamente los lunes y no ha abierto un libro desde que aprobó la oposición en el siglo pasado. Los sexenios y los complementos se cobran por mero paso del tiempo, por respirar dentro del centro y acumular horas de cursos inútiles de formación en los que se puede dejar el ordenador encendido mientras se hace la compra online. Hemos igualado el reconocimiento laboral por la parte más baja de la tabla. Y ojo, criticar lo anterior no es defender un sistema subjetivo de cobro.
4. El fraude de los sellos de calidad y las acreditaciones cosméticas.
Los centros educativos se han sumado a una carrera desbocada por conseguir sellos de calidad, banderas verdes, certificados Erasmus+ y distinciones de escuela excelente. Todo esto no es más que una maniobra de marketing para maquillar la decadencia del sistema. Los equipos directivos obligan a los claustros a perder cientos de horas rellenando auditorías internas absurdas y redactando memorias de autocomplacencia que nadie lee. Lo importante no es que el alumnado aprenda a redactar o a pensar; lo importante es tener el logo colgado en la fachada del instituto para sacarse la foto institucional. Una privatización mental de la escuela pública que copia las peores taras del corporativismo empresarial.
5. La devaluación del profesorado interino como mano de obra de usar y tirar.
La administración se llena la boca hablando de estabilización y reducción de la temporalidad por imperativo europeo, pero la realidad en los centros es que se sigue tratando al profesorado interino como mano de obra barata, flexible y sin derechos reales de conciliación. Se les envían las adjudicaciones demasiado tarde mediante algoritmos opacos que fallan sistemáticamente, obligándoles a buscar alquileres imposibles en 24 horas y a asumir los grupos más conflictivos que los propietarios de la plaza han esquivado en el reparto de julio. El sistema se sostiene gracias a la precariedad de una infantería docente a la que se le exige la excelencia mientras se le niega la dignidad laboral más básica.
6. El mobbing institucional a los equipos directivos rigurosos.
Cuando un director o directora decide aplicar la ley a rajatabla, abrir un expediente disciplinario justificado a un docente negligente o exigir el cumplimiento estricto de las funciones laborales, la administración le da la espalda de inmediato. La administración detesta los conflictos que puedan saltar a la prensa. Si un equipo directivo intenta poner orden frente al absentismo o la incompetencia de un miembro del claustro, se encuentra con un muro de inspecciones disuasorias, presiones sindicales y un desamparo técnico absoluto. El sistema premia al director que mira hacia otro lado y castiga al que intenta sanear el centro.
7. El timo de la evaluación competencial como trituradora del mérito.
La sustitución de las notas numéricas por descriptores cualitativos y rúbricas infinitas no ha sido un avance pedagógico; ha sido una maniobra de ingeniería burocrática para ocultar el fracaso escolar. Al obligar al docente a evaluar competencias difusas mediante fórmulas complejas y programas informáticos indescifrables, se ha conseguido que poner un suspenso sea un calvario administrativo. Ante el pánico a la burocracia y a las reclamaciones que la administración nunca respalda, la inmensa mayoría de docentes, por higiene y tranquilidad, optan por el aprobado generalizado. Se titula a alumnos con carencias flagrantes de comprensión lectora para engordar las estadísticas que se publican anualmente.
8. El Máster de Secundaria es una estafa recaudatoria universitaria.
Mandamos a los futuros profesores a los institutos tras haber pagado un pastizal por un Máster de Formación del Profesorado que es un absoluto fraude de diseño. Las facultades se han convertido en agencias de colocación de profesorado universitario descolgado que imparte asignaturas teóricas totalmente alejadas de la realidad de los centros. Los futuros docentes aprenden a redactar pomposas situaciones de aprendizaje repletas de jerga burocrática, pero entran al aula sin saber gestionar un conflicto disciplinario, sin herramientas de control de grupo y siendo analfabetos normativos respecto a la responsabilidad civil que asumen al quedarse solos con treinta menores.
9. La turistificación escolar: las extraescolares como negocio y evasión curricular.
Los centros educativos se están transformando en agencias de viajes encubiertas. Bajo el paraguas de la apertura al entorno y los proyectos internacionales, se ha normalizado vaciar las aulas semanas enteras para realizar viajes, intercambios y excursiones de dudoso impacto pedagógico pero de gran atractivo visual para el Instagram del centro. Esta turistificación escolar satura los presupuestos de las familias, sobrecarga de guardias a los profesores que se quedan en el centro intentando avanzar temario y convierte el calendario académico en un queso gruyer donde impartir una materia con continuidad y rigor se ha vuelto una misión imposible.
10. La epidemia de bajas que el sistema prefiere silenciar.
El motivo definitivo de que los docentes estén de baja, el más importante y del que la administración jamás publicará una estadística real por puro terror al escándalo, es el de la salud mental del profesorado. El aula se ha convertido en un entorno de alta toxicidad psicológica donde el docente asume, en absoluta soledad, el papel de psicólogo, asistente social, policía y administrativo, todo ello bajo la amenaza constante de la denuncia de familias hiperprotectoras y el desprecio de las administraciones. Esta presión asfixiante está provocando una epidemia silenciosa de bajas por ansiedad, depresión y burnout que vacía los centros y que el sistema maquilla retrasando las sustituciones durante semanas. El estrés del aula en 2026 no es fatiga laboral; es un veneno que te destruye el estómago y el sueño, recordándote cada mañana que estás pagando con tu salud el coste de sostener un barco que los políticos, de uno y otro signo político, ya han decidido hundir.
Sé perfectamente que tras publicar esto me van a llover hostias como panes por todos los frentes. Me da exactamente igual. La dignidad de la educación no se defiende pidiendo permiso, ni callando ante ciertas cosas. Si a algunos les sienta mal lo que escribo, es muy fácil… podéis bloquearme en las redes y dejar de leer este blog. Nadie os obliga a leerme ni a seguirme. Eso sí, si a alguno le apetece leer alguna verdad incómoda, aunque le afecte, podéis argumentar, cuestionar o matizar lo que escribo.
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Lo peor es que tiene razón en todo.
Soy profe y digo amén a todo! Lo único es que echar la culpa de los aprobados generales a la burocracia o a las competencias es ser demasiado benevolente con el colectivo! 😉
Gracias por poner en palabras lo que muchas y muchos estamos viviendo dia a dia
En primaria añadiría una más: la locura de horarios que ha provocado tanta ínfula de bilingüismo. La primaria se ha convertido en una mini – secundaria sin paliativos, es decir sigues teniendo 25 horas semanales pero ya no con tu grupo clase donde te puedes organizar el tiempo, ahora en sesiones de 45′ minutos en las que das todas las materias gordas en tu clase y la del al lado porque el tiempo de calidad, la artística y, según dónde, las ciencias naturales, se lo han quedado los idiomas, que tampoco pueden plantear grandes proyectos porque tienen 45 minutos y se van. Parecerá una tontería pero ha hecho mucho daño y como ya no quedan en la escuela profeseres con esa experiencia, ni sé detecta ni se lucha.
Gracias.