El primer verano en muchos años en los que me tomo a rajatabla el concepto de vacaciones, mezclado con el “sudapollismo” de todo lo que algunos, que viven por y para su profesión, publican en sus redes sociales. Sí, debo reconocer que me la suda completamente la cantidad de materiales guays que mediatizan mis compañeros o, simplemente, qué vaya a suceder o no en septiembre en las aulas de nuestro país. Ha llegado un momento de mi vida en la que me importa lo realmente importante. Y eso son las personas que tengo más cerca y el tiempo de calidad que paso, o bien con ellas o disfrutando de mis placeres o vicios más o menos publicitables. Algo que me ha hecho volver a revivir porque, sinceramente, no hay nada más triste en esta vida que convertir el contexto laboral de uno en su vida.

Tengo muy claro que este año se ha producido un punto de inflexión debido a varios motivos. Además, posiblemente, haya muchos cambios relacionados con mi manera de enfocar mi profesión en el tiempo que me quede para ejercerla. Nunca me había planteado abandonarla pero, sinceramente, creo que hay otra vida que empieza cuando uno cierra el grifo de cualquier monoteísmo más o menos sectario. Salir cuesta pero, sinceramente, volver a respirar sin plantearse nada y, aún menos mover un dedo en tu tiempo libre -ganado, merecido y laboralmente legislado- para hacer de salvapatrias mola. Reconocer la prescindibilidad de uno es el primer paso. Joder, la verdad es que ser prescindible en lo laboral es algo que deberíamos tatuarnos en la frente para que, cuando nos despertemos, nos demos cuenta de que el mundo gira a pesar de dedicarle la vida a temas profesionales. Otro tema es usar las vacaciones para hacer caja, pero entonces ya no estamos hablando de vacaciones y estamos hablando de otra cosa.

Dadme una V de “volver a disfrutar”. Dadme una A de “acomplejarse lo justo por cargarse el mito vocacional”. Dadme una C de “cuando estoy en la playa o tomando algo con amigos o familia estoy en la gloria”. Dadme otra A de “acompáñame a tomar algo o a hacer algo que, a lo largo del año no puedo”. Dadme otra C de “carallo, he visto una mosca en la ventana y voy a seguirla con la vista porque yo gestiono mi tiempo”. Dadme una I de “insumiso de todo lo que significa sumisión o sometimiento”. Dadme una O de “ojo, ojete, mira qué hobby más majete”. Dadme una N de “no me importa nada lo que suceda este verano porque, al igual que no puedo hacer nada para que cambie, ya tendré tiempo de preocuparme en septiembre”. Dadme una E de “espalda cariñosa, masaje necesario”. Dadme una S para “superar todos los traumas que he tenido que, hasta ahora, me han impedido disfrutar de las vacaciones”.

¡Estoy de VACACIONES!

(Visited 66 times, 1 visits today)

Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

Ver Artículos