Son MIS opiniones

No pretendo sentar cátedra con nada de lo que digo en Twitter o escribo en este blog. Cuando escribo acerca de algo, especialmente de cuestiones educativas o políticas, lo hago siempre desde mi perspectiva. Una perspectiva siempre subjetiva que, en función de los años y de la experiencia, puede hacer que varíe en ciertos aspectos. Creo que no es bueno, salvo en cuestiones ideológicas clave muy concretas, empeñarse en una cerrazón absoluta ante ciertas cuestiones. Menos aún considerar que nuestra opinión o la opinión de alguien sea, por el simple hecho de ser diferente a la nuestra, algo a despreciar. O despreciar a las personas que tengan esa opinión.

Esto vale para el ámbito educativo. Siempre he sido muy crítico con determinados premios, con la mediatización de determinados personajes o, simplemente, con determinadas declaraciones o decisiones educativas. Otra cuestión es asociar, salvo que sea un hecho objetivo que alguien perpetra, a la persona con la crítica a determinadas cosas. A mí me preocupan, por ejemplo, la existencia de premios educativos y puedo ver mal, por lo que supone para la educación, que la gente se presente a los mismos. También puedo cuestionar la inteligencia de algunos que acuden a determinados eventos educativos, donde lo que prima es el magufismo. ¿Ello implica que esa persona que acude sea mala persona? ¿Implica que no se preocupe de su profesión? No, lo único que implica es lo que cuestiono. Algo que, por desgracia, algunos siguen sin entender y creen que lo importante es sancionar a una persona de forma global por una opinión concreta o por un hecho determinado. No, debemos y podemos juzgar por lo que uno dice o hace pero, de ahí a expresar que la persona es (…) hay un largo trecho. Vale para el ámbito educativo, pero es totalmente extrapolable a cualquiera.

Me parece perfecto que haya personajes expertos en mercadotecnia educativa. Podré cuestionar la calidad de sus libros, de sus charlas o de sus vídeos pero, salvo que alguno de ellos abra la veda con insultos personales, no tengo ninguna necesidad de acudir a lo anterior. Lo más cómodo es personalizar el ataque pero, como al final todo es cuestión de perspectivas y opiniones subjetivas, lo anterior tiene muy poco sentido. A ver, que todos sabemos que alguno de esos personajes que se gana muy bien la vida vendiendo determinadas cosas con la educación necesita, cada cierto tiempo, lanzar un tuit incendiario. Y después, al cabo de poco lo matiza, una vez haber popularizado el debate (encendiendo a parte de docentes), para llevarlo a un terreno neutral. Incluso algunos jamás se posicionan y mandan abrazos cada mañana, mediante frases misterwonderfulianas a las que, salvo que seas un amargado o tengas ganas de gresca, poco puedes objetar. Cada uno decide cómo se relaciona con los demás. Pero siempre según su punto de vista.

En educación hay hechos objetivos y hechos subjetivos. Hay mucha opinión y poca certeza. Es más fácil saber qué no funciona que saber qué funciona. No hay, por desgracia -o desinterés de los que debieran hacerlo-, ganas de realizar estudios consistentes en un ámbito que, al final acaba siendo algo que funciona por intuición o experticia del docente. Claro que hay premisas básicas (que un docente sepa mucho de lo suyo y sepa transmitirlo), pero el resto son demasiado líquidas. Bueno, salvo algunas aberraciones pedagógicas o brindis al sol que, cualquiera con un poco de sentido común, debería saber detectar.

Es muy complejo vivir -o más bien creer que uno vive- rodeado de verdades absolutas. El problema, como siempre, es creerse que uno va a llevar siempre razón en sus opiniones y que la opinión de los demás está equivocada. No es tan simple porque, al final, lo único ciertos son determinados hechos aunque, por desgracia, por muy objetivos que sean, la interpretación sesgada, fundamentalmente ideológica, siempre va a existir.

Si alguien busca certezas en educación lamento decirle que se equivoca de lugar. Tengo opiniones, más o menos fundamentadas. Y sigo aprendiendo, equivocándome, retractándome o reafirmándome cada día que pasa. Algo que asumo cada vez con más normalidad. Me estoy haciendo mayor 😉

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